Evelyne no se detuvo hasta que dejó atrás los árboles más espesos mientras avanzaba entre las raíces, levantando con cada paso pequeñas hojas secas que crujían bajo sus botas. No se atrevía a mirar atrás.
Sentía que algo la observaba y por primera vez en su vida, el bosque que tantas veces había contemplado desde lejos ya no le parecía un lugar lleno de historias antiguas.
Le parecía vivo.
—Vamos… —murmuró mientras intentaba recuperar el aliento—. Solo sigue caminando.
Apretó la pequeña piedra contra su pecho la llevaba dentro de la mano, aunque ya no brillaba la superficie de la piedra estaba atravesada por una fina grieta que no existía unas horas antes.
Evelyne se detuvo.
Miró hacia el interior del bosque.
Nada.
Solo árboles, oscuridad, el sonido del viento.
—No debiste pronunciar ese nombre.
Las palabras regresaron a su mente.
Evelyne cerró los ojos.
Había escuchado una voz de eso estaba segura.
No había sido el viento. Tampoco un animal.
Y había pronunciado aquellas palabras justo después de que ella dijera el nombre que había leído en la piedra.
Unseliee.
No sabía quién era la inscripción parecía haber estado esperando que alguien la leyera.
Evelyne abrió los ojos.
—Esto no tiene sentido.
Guardó la piedra dentro del bolsillo de su capa y continuó caminando.
Su intención había sido regresar al castillo sin embargo, después de unos cuantos pasos se dio cuenta de algo no sabía dónde estaba.
Se giró lentamente.
El camino por el que había llegado había desaparecido entre los árboles.
—Perfecto solo esto me faltaba…
Miró a su alrededor.
Intentó reconocer alguna de las montañas, los árboles o las formaciones rocosas que rodeaban Lunareth, nada.
El bosque parecía diferente desde dentro mucho más grande.
Evelyne avanzó con cuidado.
Cada cierto tiempo marcaba los troncos con pequeñas ramas quebradas para recordar por dónde había pasado no quería perderse.
Entonces escuchó un sonido.
Un golpe seco.
Evelyne se quedó inmóvil.
Otro golpe.
Esta vez más cerca.
Su mano fue directamente hacia la piedra que llevaba en el bolsillo.
—¿Hay alguien ahí?
No obtuvo respuesta.
El silencio volvió a apoderarse del bosque.
Evelyne respiró profundamente.
Quizá solo había sido una rama pensó.
Continuó caminando.
Unos metros más adelante encontró algo que hizo que se detuviera el suelo estaba cubierto de una fina capa de polvo plateado eran las mismas partículas azules que había visto alrededor de las huellas.
Se agachó eozó el polvo con los dedos.
La luz apareció nuevamente.
Muy débil.
Pero suficiente para mostrarle una dirección.
Evelyne levantó la mirada.
—¿Me estás mostrando el camino?
No sabía por qué había formulado aquella pregunta tal vez porque una parte de ella ya había dejado de pensar que todo aquello podía explicarse de manera normal.
Siguió las partículas.
El sendero se hizo cada vez más estrecho las ramas de los árboles comenzaron a entrelazarse sobre su cabeza, formando una especie de túnel natural después de varios minutos, el bosque cambió.
Los árboles desaparecieron Evelyne salió a un pequeño claro. Y allí lo vio una pared de piedra no parecía formar parte de unedificación era muy antigua cubierta de musgo, raíces y grietas, apenas se distinguía entre la vegetación.
Evelyne se acercó.
Había símbolos tallados sobre la superficie.
Los mismos que había visto en las ruinas.
—No puede ser…
Pasó los dedos sobre uno de ellos la piedra estaba fría.
Entonces escuchó un pequeño sonido.
Clic.
Evelyne apartó la mano.
Una línea de luz azul recorrió la pared.
Retrocedió inmediatamente.
La tierra comenzó a vibrar bajo sus pies las raíces que cubrían la piedra se movieron lentamente, como si algo debajo de ellas estuviera despertando. Evelyne observó horrorizada cómo una parte de la pared comenzaba a desplazarse.
Detrás apareció una puerta estaba hecha de una piedra oscura, casi negra, y tenía siete círculos grabados en el centro seis permanecían apagados.
El séptimo emitía una tenue luz azul.
Evelyne se acercó.
—Siete…
Recordó las historias que había escuchado desde niña.
Los siete reinos, siete coronas y siete lunas.
Pero nadie hablaba de puertas escondidas en el bosque.
Extendió la mano.
Se detuvo antes de tocarla una parte de ella quería regresar volver al castillo contarle todo a su madre buscar a alguien que pudiera explicar aquello pero otra parte necesitaba saber qué había detrás.
Evelyne sacó la piedra de su bolsillo.
La grieta que la atravesaba brillaba nuevamente la acercó a la puerta.
Los siete círculos comenzaron a iluminarse el séptimo brilló con mayor intensidad.
Evelyne dio un paso atrás.
—¿Qué eres?
La puerta permaneció inmóvil entonces apareció una inscripción sobre ella las letras surgieron lentamente, como si fueran dibujadas por una mano invisible.
Evelyne leyó:
Solo quien recuerde podrá cruzar.
Frunció el ceño.
—¿Recordar qué?
Durante unos segundos permaneció frente a la puerta finalmente tomó aire y colocó la mano sobre la superficie la piedra estaba helada.
La puerta se abrió del otro lado no había oscuridad había luz una luz dorada y azul que iluminaba un paisaje imposible.
Evelyne se quedó sin palabras.
Frente a ella se extendía un valle cubierto de flores luminosas ríos suspendidos en el aire descendían desde enormes montañas flotantes a lo lejos podían verse torres blancas que atravesaban las nubes.
Y en aquel paisaje no había una sola luna.
Habian siete siete lunas brillaban sobre el horizonte.
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Editado: 03.10.2026