No éramos dos desconocidos.
Eso habría sido más fácil.
Nos conocíamos demasiado bien Compartíamos rutinas pequeñas, silencios cómodos,la clase de confianza que no se construye rápido, yo sabía como le gustaba el café, y el sabía cuando mentía sin necesidad de verme a los ojos, éramos expertos en leer lo que el otro omitia. Tal vez por eso el pacto fue tan inmediato.
Después de aquella noche mo pasó nada y eso ero lo más inquietante.
Seguíamos encontrándonos el los mismos lugares, hablando de las mismas cosas triviales,como si no lleváramos un cadáver entre frase y fase.A veces nuestra manos se robaban por accidente y el recuerdo del cuchillo regresaba.
Nunca hablamos de lo ocurrido no fue necesario.
Pero el crimen comenzó a filtrarse en los detalles. En la forma en la sue el empezó a detenerse un segundo al cerrar la puerta, en como yo evitaba los espejos cuando estaba sola.
No éramos cómplices por elección lo éramos por conocimiento.
Y lo más perturbador no era lo que sabíamos del crimen sino lo que sabíamos el uno del otro Porque antes de la sangre ya existía algo entre nosotros, algo que no se nombraba,pero que ahora tenía el peso de una condena.
Me pregunto si aquella noche sello el pacto...o si dolor reveló que llevábamos años preparándonos para el.