El Padre De mi Amiga

Capítulo 1

Capítulo 1

La espina

Sobre la mesa de juntas de Grupo Andrade había más invitaciones de boda que informes trimestrales, y eso, para la gerente de finanzas, ya era una falta grave. Valeria Ríos llevaba cinco años en esa empresa cuadrando los números de otros, desde que llegó recién salida de la universidad con el título todavía tibio en la mano, y jamás había visto esa mesa tan llena de papel que no servía para nada. Tenía catorce muestras distintas frente a ella y, por más que las miraba, todas le parecían la misma.

—Esta no —dijo Camila, y le quitó de los dedos la que Valeria estaba a punto de escoger—. Parece la invitación a un velorio elegante.

—Es una boda, Cami. No hay mucha diferencia.

Camila Andrade se rio tan fuerte que la secretaria del piso asomó la cabeza por la puerta de vidrio. Era la hija del dueño y nadie le decía nada; oficialmente era la secretaria ejecutiva de la presidencia, pero todo el edificio sabía que su padre la estaba preparando para heredar, y que cada café que ella le llevaba a una junta era en realidad una clase. Valeria la había conocido el primer día, perdida entre pasillos, y desde entonces habían sido inseparables. Cinco años de almuerzos, de quejas y de secretos. Una amistad a prueba de todo, ¿verdad?

—Lo digo en serio, ¿qué te pasa? —Camila dejó la invitación sobre la mesa y la miró con la cabeza ladeada—. Llevas toda la semana con esa cara, y no es la cara de una novia feliz. Es la cara que pones cuando un balance no te cuadra.

Valeria acomodó las muestras en una fila perfecta, por tamaño, sin darse cuenta de que lo hacía. Era lo que hacían sus manos cuando no sabía qué hacer con ellas.

—Es Sebastián —soltó al fin—. Está raro. Distante. Le escribo y me contesta horas después, llega a la casa y se queda pegado al celular, y cuando lo toco… no sé, es como si estuviera tocando a un compañero de trabajo. Siento que esto se está enfriando, y faltan seis meses para la boda.

Camila no dijo nada durante un segundo. Un segundo nada más, tan corto que cualquiera lo habría pasado por alto, y Valeria lo pasó por alto.

—Revísale el celular.

—¿Qué?

—Lo que oíste. Un hombre que se pega al celular y se enfría de un día para otro no está estresado por el trabajo, Vale. Lo más seguro es que tenga otra.

A Valeria se le cerró el estómago. Soltó una risa corta, sin ganas, y negó con la cabeza.

—Sebastián no es así. Llevamos juntos desde la universidad.

—Por eso mismo. —Camila tomó una de las invitaciones, una de cartulina perla con letras doradas, y se la puso enfrente—. Esta. Esta es la tuya. Y esta noche le revisas el celular, y si no hay nada, me invitas a almorzar y me dices que soy una amargada.

Valeria tomó la invitación. Tenía los nombres de prueba impresos en el centro, los nombres de una pareja que no existía, y por alguna razón se le quedaron los ojos pegados ahí.

Mientras Valeria se llevaba la muestra a su oficina, Camila se quedó sola en la sala de juntas y sacó su propio celular del bolsillo del saco. Tenía un mensaje sin leer. No lo abrió. Lo miró un buen rato con la boca apretada, como quien mira una cuenta que sabe que tendrá que pagar, y luego guardó el teléfono sin responder. Recogió las trece invitaciones que sobraban y las tiró a la papelera, todas juntas, de un solo golpe.

Esa noche, Sebastián llegó a la casa de Valeria pasadas las nueve, con el saludo de siempre y un beso que le cayó en la mejilla porque ella había movido la cara hacia la boca y él, por lo visto, no.

—Pedí comida tailandesa —le dijo Valeria—. La que te gusta.

—Gracias, amor. Estoy muerto, el día fue eterno.

Se sentó en el comedor y dejó el celular boca abajo junto al plato, como lo hacía desde hacía semanas. Antes lo dejaba boca arriba, encima de cualquier cosa, sonando y vibrando sin importarle. Valeria se dio cuenta de eso por primera vez, ahí parada con los platos en la mano, y no supo si era un detalle o si la espina que Camila le había clavado en la tarde ya estaba haciendo su trabajo.

Comieron hablando de nada. De un cliente de él, de una auditoría de ella, de que su mamá preguntaba por la fecha exacta de la prueba del pastel. Sebastián asentía en los momentos correctos y sonreía en los momentos correctos, y Valeria, que vivía de encontrar el número que no cuadraba en una hoja de cálculo, sintió que lo estaba viendo actuar.

—¿Escogieron las invitaciones? —preguntó él, sin levantar la vista del plato.

—Camila escogió. Yo solo dije que sí.

Sebastián se detuvo con el tenedor a medio camino. Fue un instante. Luego siguió comiendo.

—Esa mujer tiene buen gusto.

—Eso dice ella.

Sebastián terminó, se limpió la boca y se levantó.

—Voy al baño. Necesito una ducha antes de dormir o no sirvo para nada mañana.

El celular se quedó en la mesa.

Sebastián lo pensó en el pasillo, con la mano en la puerta del baño. Lo había dejado en el comedor, boca abajo, y por un segundo tuvo el impulso de volver por él, pero eso habría sido peor que dejarlo; en cinco años, Valeria jamás le había tocado el teléfono. No era ese tipo de mujer. Ella confiaba, ella planeaba, ella hacía listas. Cerró la puerta y abrió la ducha, convencido de que estaba a salvo, y en eso tenía razón solo a medias.

En el comedor, Valeria se quedó mirando el aparato. Oía el agua caer al fondo del pasillo, un ruido parejo, constante, que le daba más o menos diez minutos si él se demoraba como siempre. Tenía las palmas húmedas. Se las secó en el pantalón y se odió un poco por eso, porque una mujer de treinta años, gerente de finanzas, no debería estar sudando frente a un teléfono como una adolescente frente al diario de su hermana.

*Si no hay nada, la invito a almorzar y le digo que es una amargada.*

Tomó el celular. El código era el mismo de siempre, el que Sebastián nunca se había molestado en cambiar porque nunca había tenido nada que esconder, o eso creía ella. La pantalla se encendió. Valeria abrió los mensajes y los fue bajando con el pulgar, despacio, con la garganta tan cerrada que le costaba pasar saliva. Su mamá. Un grupo de amigos. Ella misma, con un "¿vienes a comer?" que él había dejado en visto.




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