El panel

Capítulo 1

Está sonando la música de salsa del autor Joe Arroyo en la radio del panel, aquella música que había escuchado reiteradas veces en los autobuses de ruta en mis días de estudiante universitario. Pronuncio al ritmo de la salsa – no le pegue a la negra – mientras utilizo el timón del panel como un tambor improvisado. Aquella música me recuerda a mi padre, aquel hombre que considere un desastre de ser humano en los días que estaba entre la familia. Mi padre fue mi mentor en el mundo adulto, considero que no fue el mejor; pero, como padre me gustaría creer que él hizo lo posible por darnos tanto a mí, como a mi hermana, un futuro. Mi padre era un personaje, una persona de entre tantos locos que se encuentran en la calle, era alegre en las calles y un rabioso en el hogar, fue infiel, fue un alcohólico, un abusivo; y la lista puede seguir y seguir, creo que nunca acabaría, y a pesar de lo que fue no le guardo rencor, no, hace mucho tiempo hice las paces con todos a mi alrededor y conmigo mismo. Estoy seguro que, si mi hora de morir es hoy, pues, estoy seguro que no tengo miedo de morir, no me da miedo morir y desde pequeño ese fue mi más querido anhelo, he visto la maldad del hombre, y he visto monstruos hechos carne y hueso, en un momento de mi vida he caído tan bajo que las ratas se han vuelto mis mascotas, tan bajo para buscar comida en la basura del Mc Donald y mendigar en las calles para gastarme el dinero en putas y alcohol. Me avergüenzo de aquella etapa de mi vida y gracias a dios no he vuelto a caer en ese foso donde la apatía es la reina del día a día. Soy una persona emocional, o al menos lo era... la vida en las calles me ha enseñado que las emociones no sirven de nada y que lo único que importa en un mundo dominado por humanos es el dinero, el dios del dinero, ¡el dinero!, ¡la plata!, ¡el billuyo!, ¡el chen chen!. No existe nada encima del dinero, el dinero es poder, es status, es felicidad y libertad, el dinero incluso puede comprar la atención de una mujer, puede comprar personas, amigos, curar enfermedades, así es, con dinero puedes comprar privilegios y salud. Dinero aquí, dinero allá, dinero para un techo, dinero para comida, dinero para agua, nunca se acaba, jamás se acabará y ha sido así desde los albores de la humanidad. Está en la sangre del hombre, esta incrustado en una parte de la secuencia genética del ser humano, está en ti y en mí, en todos los que fueron y los que serán. Dios es dinero y puedes convertirte en uno de sus ángeles si acumulas millones y millones para ser bendecido con su atención ¿no te lo has preguntado? Es fácil creer en dios cuando no tienes necesidades, cuando tienes dinero; y lo más importante y gracioso, la soberbia es la dominante cuando eres un ángel, ¿o me equivoco? Es común entre asalariados escuchar el termino inmortal, si, así le dicen al patrón multimillonario, y... ¿referirse al inmortal no es sinónimo de dios? O algo cercano a él.

Se acaba la salsa en la radio e inicia la tanda del ballenato.




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