El parásito de tus sueños

Capitulo 19.5: La última renuncia (POV Dante)

Observé a Elena mientras dormía. Sus párpados temblaban, atrapada en algún sueño que yo ya no podía vigilar. Su cabello negro se extendía sobre la almohada como un derrame de petróleo sobre nieve. Tenía razón. La estaba consumiendo. Mi sola existencia era un parásito que drenaba su luz para mantenerse en este plano.
​La discusión de hace unas horas seguía resonando en mis oídos. "Al menos así estarás vivo, aunque no sepas quién soy". Esas palabras fueron el clavo final en mi ataúd.
​Elena creía que yo era un dios en potencia. Ella creía en la segunda opción de Julian como una forma de salvación. Lo que ella no entendía es que para mí, olvidarla era morir de una forma mucho más cruel que la disolución.
​Pero ella quería vivir. Ella necesitaba recuperar su sol, su cabello rubio, su risa que el Consejo le robó en aquel accidente que ellos mismos provocaron.
​Me puse de pie con una lentitud fantasmal. Mis manos, marcadas por la plata, temblaban. Me acerqué a ella y rozé su frente con mis labios, un beso que ella no sintió, cargado de todo el amor que estaba a punto de sacrificar.
​“Te devolveré tu vida, Elena”, pensé. “Aunque yo ya no esté en ella para verla”.
​No podía dejar que ella eligiera el coma. No podía dejar que se sacrificara por un monstruo como yo. La única forma de romper el estancamiento era que yo tomara la decisión por ambos. Malphas me quería en su trono, quería mi poder para estabilizar su orden. Pues bien, se lo daría. Le daría al Consejo el Dios que deseaban, pero lo haría bajo mis términos.
​Recogí el bastón de plata agrietado. Ya no me quemaba; ahora se sentía como una llave. Una llave hacia mi propia aniquilación personal.
​Caminé hacia la puerta del apartamento sin hacer ruido. Antes de salir, miré una última vez hacia la cama. Elena se movió entre sueños, murmurando mi nombre. El dolor que sentí en ese momento fue superior a cualquier ataque del Limpiador. Era el dolor de saber que la próxima vez que nos viéramos, ella sería una extraña para mí, y yo sería un extraño para mi propio corazón.
​—Adiós, mi pequeña creadora —susurré al vacío.
​Salí del apartamento y cerré la puerta, dejando atrás el único hogar que había conocido en toda mi existencia. Me adentré en la lluvia de la noche, caminando hacia el punto de encuentro que Malphas había dejado grabado en mi mente.
​Iba a convertirme en un Dios. Iba a salvarla de mí mismo. Y mientras caminaba, sentí cómo el recuerdo de nuestro primer beso, de nuestro pacto de sangre y de nuestras noches en el santuario empezaba a enfriarse, preparándose para desaparecer en el abismo del olvido divino.



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En el texto hay: darkromance, detecive, psiquiatra sueños

Editado: 01.05.2026

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