El Pasado Nos Condena

Capítulo 58: Que curiosa situación

Maia
 

"Dios, siento que voy a morir", salí de la reunión hecha un trapo, las piernas me bailaban del temblequeo que tenía y no tengo en claro el causal de que me sintiera tan acalorada, no se si fue la calentura con la que todos los monos juntos metidos en la misma sala me observaban o la mirada de uno de ellos que atravesaba como un láser mis ropas y que buscaba mis ojos en todo momento. Estoy segura que si fuera un arma ya me habría desintegrado. Tuve que hacer un esfuerzo para concentrarme en la presentación. "Al señor Nigel le gusta meterme en problemas", maldije mientras continuaba arreglando el archivero, el cual estaba hecho un desastre después de las vacaciones forzadas que me había tomado. No entendía porque me encargó a mí esta ardua tarea, sin dudas era algo muy importante que renovaría los aires de la empresa. Podrían haberlo hecho ambos herederos, estaban igual de capacitados que yo y tenían mayores razones para pelear por la aprobación. De ello dependía que la empresa continuara avanzando luego de caer en la meseta en bajada por la que había pasado hace ya un mes, cuando ocurrió el problema con la familia del infeliz de Mark.

Aunque no vi con buen semblante a Josh, lo noté desganado, con grandes sombras oscuras bajo sus enormes ojos oscuros y la piel cetrina como si hubiera estado expuesta a altos niveles de estrés. "Quizá sean las mujeres que no lo dejan dormir por las noches", no entendía porque este pensamiento me hizo rabiar. Yo no tengo nada que ver con ese tipo mentiroso. Siempre fue una mierda y así morirá.
Pasó más o menos media hora hasta que escuché el correr de las sillas y el murmullo de los hombres cuando se despedían. Mis uñas estaban más cortas que nunca pues sin darme cuenta las estuve mordisqueando por el estado de nerviosismo extremo que tenía.
Me acerqué para despedirlos y ya estaba Josh saludándolos con la mano o dándoles palmaditas en los hombros. Miré su expresión para tratar de dilucidar como nos había ido. No pude adivinar nada.

—¿Y? —me acerqué preguntándole haciendo un gesto con las manos. Él volteó a mirarme mientras levantaba las cejas. Una sensación de quemazón me recorrió el cuerpo. Era increíble que este hombre con solo mirarme me causara tantas sensaciones. Antes de acostarme con él sentía cosas y pensé que quitándome las ganas todo eso finalmente se esfumaría para mostrarme la realidad pero después de probarlo quería, necesitaba más que antes. Moví la cabeza intentando espantar esos cursis pensamientos.

—¿No qué? —me dijo él arrugando el entrecejo.

—¿No que qué? —le pregunté yo, sorprendida porque no entendía nada.

—Estás negando con la cabeza, ¿en qué piensas?

—Eso no te incumbe. Dime como salió todo. ¿Lo aprobaron?  —sentí como se instalaba el calor en mis mejillas. Menos mal que los pensamientos no se escuchan que sino estoy frita con este pedante.

—Mmm...no voy a decírtelo —dio vuelta la cara para que no pudiera ver su expresión. La furia se apoderaba lentamente de mí.

—¿Qué? No vas a decírmelo? No me pasé días enteros preparando la presentación para que vengas a hacerte el rey del universo. Sólo contesta si lo aprobaron o no. Tengo derecho a saberlo —tenía que mostrarme firme ante tan grande pedante.

—Y yo tengo derecho a contártelo...o no —otra vez su altivez que me reventaba las venas. Ahí estaba el gallo con su cresta parada otra vez. Las palabras no me salían, solo me quedé parada bufando y apretando los puños. Al ver que yo no emitía palabra, continuó:

—Voy a decirte lo que se habló ahí con una condición —revoleaba los ojos para todos lados como quitándole importancia, como si le diera lo mismo la respuesta.

—No estás en condiciones de ponerme condiciones...aunque suene redundante —los nervios de estar parada enfrente y tan cerca de él me estaban jugando una mala pasada, jamás me dirigí así de mal, no podía articular dos palabras en la misma oración. Estaba esperando una reacción burlesca de su parte, ya que siempre lo hacía.

—Bueno, entonces nada. Con permiso —dijo y se dirigió a los ascensores con su nariz parada y sus aires de grandeza.

—Está bien...depende cuales sean las condiciones  —no confiaba en él, debía ir con cuidado. Se dio vuelta rápidamente como si estuviera esperando esa respuesta.

—Sal a cenar conmigo —lo dijo en un tono tan neutral, como si entre nosotros no hubiera pasado nada, como si fuéramos amigos de siempre, que no pude negarme. Puse mis ojos en blanco para mostrarle lo fastidiada que estaba pero al final tuve que cede. El maldito sabía que yo querría saber lo que se habló durante la reunión y había apostado a ello envolviéndome otra vez en una cita a la que desde ya tenía mucho pero mucho miedo por lo que pudiera pasar. Di una gran exhalación y volviendo sobre mis talones, regresé a mi escritorio mientras él se perdía en el ascensor.

Al llegar al escritorio recordé que necesitaba unas firmas, había esperado a que terminara la reunión para llevarle la documentación pero me entretuvo con su charla estúpida y no lo hice. Ahora se iba y volvería vaya uno a saber cuando. Busqué su número en mi celular para llamarlo pero claro, lo había eliminado, bloqueado y tirado por poco al tacho de basura de tan enojada que estaba con él así que no me quedó otra que ir tras él rogando que se hubiera detenido en algún piso o que tardara en sacar su auto del estacionamiento. Desesperada apreté varias las veces el botón llamando al ascensor como si esto hiciera que viniera más rápido.




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