El pasado vuelve

Capitulo 9

El pacto de los condenados

MATEO

El salto desde el furgón me ha dejado el hombro izquierdo gritando de dolor, pero no me detengo. Cargo a la chica —que apenas puede mantener los ojos abiertos— y me interno en el bosque de grúas y maleza que bordea la autopista. Los disparos de los mercenarios golpean el metal a mis espaldas, pero la niebla del puerto, mi vieja amiga, nos envuelve justo a tiempo.

Llego a una cabina telefónica destrozada cerca de una gasolinera abandonada. Solo hay un número que mi cerebro ha memorizado a pesar de los años y el odio.

— ¿Dígame? —la voz de Lucía suena tensa, alerta.

​— Soy yo. Tengo a la chica del contenedor. Me tienen acorralado en la zona de los astilleros viejos. Necesito un lugar donde no me busque ni la policía ni Volkov.

Hay un silencio eterno al otro lado de la línea. Puedo escuchar su respiración acelerada.

​— Estás loco, Mateo. Si Viktor se entera de que te estoy ayudando, no habrá rincón en el mundo donde podamos escondernos.

— Él ya sabe que fui yo. Y sabe que tengo lo único que él quiere. Lucía... es la hija de Miller. Está viva.

Escucho un crujido, como si a Lucía se le hubiera caído el teléfono.

— ¿Qué? Eso es imposible. Ella murió en el incendio.

— No murió. La estaban usando como un disco duro humano. Ven a buscarme. Por favor.

Veinte minutos después, un coche deportivo de color oscuro apaga las luces y se desliza frente a mí. Lucía baja la ventanilla. Su rostro está pálido bajo la luz de la luna.

— Súbela atrás. ¡Rápido!

Arranca antes de que termine de cerrar la puerta. Conduce como una posesa, esquivando las patrullas de Thorne que ya empiezan a cerrar el perímetro del puerto. Nos dirigimos hacia el norte, lejos de la ciudad, a una zona de cabañas de pescadores que el tiempo ha olvidado.

​— ¿A dónde vamos? —pregunto, mirando por el retrovisor. La chica ha vuelto a quedarse dormida

— A un lugar que Volkov cree que quemé hace tres años. Mi antiguo refugio antes de irme a Europa —Lucía me mira de reojo, y su mirada es una mezcla de furia y desesperación—. ¿Tienes idea de lo que has hecho, Mateo? Has robado la llave del reino. Ese brazalete que lleva en la muñeca contiene la "Lista Negra" de Aethelgard. Nombres de jueces, políticos, policías... todos los que cobraban de Sterling.

— Julian tiene que saberlo —digo con firmeza.

​— ¡No! —Lucía frena en seco en un camino de tierra—. Si se lo das a Julian, él intentará hacer las cosas "por el libro". Y en el momento en que ese brazalete entre en un juzgado, la chica morirá y tú con ella. El traidor que Julian ve todos los días... ese hombre no permitirá que la verdad salga a la luz.

​Me acerco a ella, ignorando el dolor del hombro.

— Dime el nombre, Lucía. Deja de jugar con acertijos. ¿Quién es el traidor?

Lucía abre la boca para hablar, pero el sonido de un helicóptero sobre nuestras cabezas nos interrumpe. Un foco potente ilumina el coche, cegándonos por completo.

— ¡Atención! ¡Coche identificado! ¡Apaguen el motor y salgan con las manos arriba! —ruge un megáfono desde el cielo.

No es la policía de Thorne. El helicóptero es negro, sin insignias. Es el ejército privado de Volkov.

— Nos han encontrado —susurra Lucía, sacando su arma—. Mateo, si no salimos de esta, quiero que sepas que la ficha del casino... tiene un compartimento oculto. El nombre que buscas está ahí.

Lucía me mira con una intensidad que me hiela la sangre. Es una mirada de despedida.




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