La noche de los cuchillos largos
MATEO
He dejado a la chica de Aethelgard bajo la protección de Thorne en una casa segura. Ahora, estoy solo frente al muelle privado donde el Faro del Sur descansa como una bestia de acero negro.
Tengo un cinturón de herramientas, mi navaja y un fusible de adrenalina quemándome las venas. Julian me llama al móvil. No puedo ignorarlo más.
— Mateo, ¿dónde estás? —la voz de Julian suena desesperada—. Elena está llorando. Thorne dice que estás involucrado en un tiroteo y... ¡he encontrado algo en los archivos viejos de mi padre! Hay transferencias bancarias que no cuadran. Mateo, dime que no es verdad.
— Julian, escucha con atención —digo, mirando las sombras de los guardias de Volkov patrullando la cubierta del barco—. No vuelvas a casa. Lleva a Elena y a los niños a un hotel. Tu padre no es quien creías. El hombre que enterraste es un desconocido. El verdadero Alberto Vane está frente a mí, y tiene a Lucía.
— ¿Qué? —el grito de Julian es de puro dolor—. ¡Eso es imposible! ¡Mi padre está muerto!
— Ven al muelle 9. Trae todo el apoyo legal que puedas, pero prepárate, cuñado. Porque esta noche vamos a quemar el apellido Vane para que la verdad pueda respirar.
Corto la llamada. Saco la máscara de neopreno y me la ajusto. El tiempo de las palabras se ha acabado. Lucía está ahí dentro, y yo voy a sacarla de ese infierno aunque sea lo último que haga en esta vida.