El pasado vuelve

Capitulo 20

El Caballo de Troya

MATEO

El hospital está en silencio absoluto, ese silencio pesado que sigue a la tormenta. Julian y yo corremos hacia el muelle de carga, pero nos detenemos en seco al ver la furgoneta de Volkov humeando a pocos metros. No ha escapado. La puerta trasera está abierta y los dos mercenarios que debían custodiar a la chica están muertos en el asfalto.

No tienen heridas de bala. Tienen cortes precisos en la yugular. Cortes hechos con un bisturí de cirujano.

​— Mateo, mira esto —dice Julian, señalando el monitor de una tablet que ha quedado tirada en el suelo.

En la pantalla, el brazalete de la chica de Aethelgard no muestra archivos de texto ni fotos de políticos. Muestra una barra de progreso que dice: "PURGA DE ACTIVOS: 92%".

​— No es una base de datos de pruebas —susurro, sintiendo un frío gélido en el estómago—. Es un virus de borrado masivo.

JULIAN

Entiendo la magnitud del desastre en un segundo.

— Mi padre no la mantenía viva para ocultar sus secretos. La mantenía viva porque ella es la única que puede entrar en los servidores centrales de la fiscalía y la alcaldía. El brazalete no es para denunciarlos, es para limpiarlos.

En ese momento, la chica aparece en lo alto de la rampa de carga. Ya no parece sedada ni asustada. Lleva un arma en la mano y la mirada de alguien que ha esperado toda su vida para ver el mundo arder.

— Gracias por el viaje, señores Russo —dice ella, y su voz es cristalina, sin rastro de trauma—. Mi padre, Miller, murió por la ambición del Juez Vane. Pero antes de morir, me enseñó que la mejor forma de vengarse de un sistema podrido no es arreglarlo... es borrarlo.

​— ¡Hicimos todo esto para salvarte! —ruge Mateo, intentando avanzar.

​— No me salvaron a mí. Salvaron el legado de mi padre —ella levanta el brazalete, que emite un pitido final—. En tres minutos, cada registro criminal, cada orden de arresto y cada prueba de corrupción de los últimos treinta años desaparecerá de los servidores del estado. El Juez Vane será recordado como un santo porque no quedará ni un solo papel que diga lo contrario. Y Volkov... Volkov será un hombre libre con una cuenta bancaria llena de dinero limpio.

MATEO

​Miro a Julian. Su cara es la viva imagen de la derrota. Todo por lo que ha luchado, cada caso que ha ganado, está a punto de ser borrado por la chica que rescatamos.

​— No si te detengo ahora —digo, sacando mi navaja.

​— Si me matas, el proceso se vuelve irreversible —sonríe ella—. Solo mi huella dactilar puede detener la purga. Pero, ¿quién querría detenerla? Si esto termina, Julian Vane seguirá siendo el héroe de la ciudad, y tú, Mateo, podrás volver a tu taller sin que nadie te moleste. Es un regalo para todos.

La chica empieza a retroceder hacia la oscuridad del puerto, donde un motor de lancha rápida empieza a rugir.

​— Julian —digo, sin apartar la vista de ella—. Si la dejamos ir, ganamos nuestra vida de vuelta, pero perdemos nuestra alma. Si la detenemos, el nombre de tu padre saldrá a la luz y nos hundiremos todos. ¿Qué prefieres?

​Julian mira hacia el hospital, donde Elena está a salvo, y luego hacia la chica. Toma aire y amartilla su arma.

​— Prefiero la verdad, aunque nos aplaste.




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