El pasado vuelve

Capitulo 21

La Marca del Verdugo

MATEO

​— ¡Viva, Julian! ¡La necesitamos viva! —le grito a mi cuñado mientras nos lanzamos a correr por las pasarelas metálicas del muelle 47.

La chica de Aethelgard se mueve como una sombra entre los contenedores. Ya no es la joven frágil que cargué en brazos; es un arma diseñada por Miller para un propósito final. Salta sobre una pila de palés con una agilidad pasmosa, disparando hacia atrás sin mirar, solo para mantenernos a raya.

​— ¡96%! —grita Julian, mirando la tablet que recuperó—. ¡Mateo, si llega al final de la pasarela, la lancha la sacará del alcance de la señal local y el borrado será definitivo!

​Me lanzo por un atajo, trepando por una grúa pórtico. El metal frío quema mis manos y el costado me late con una agonía rítmica, pero solo puedo ver su silueta. Ella se detiene un segundo para recargar, y es ahí donde me lanzo al vacío.

Caigo sobre ella como una tonelada de ladrillos. Rodamos por el suelo de hormigón, cerca del borde del muelle. Ella es rápida; intenta clavarme el bisturí en el cuello, pero le atrapo la muñeca. Su fuerza es sorprendente, alimentada por un odio que ha fermentado durante años.

​— ¡Déjalo que termine, Russo! —me sisea al oído—. ¡Tu hermana será libre! ¡Tus sobrinos tendrán un futuro! Solo tienes que soltarme.

​— No quiero un futuro construido sobre el silencio de los muertos —le respondo, retorciéndole el brazo para que suelte el arma.

JULIAN

Llego a ellos jadeando. El brazalete emite un pitido frenético: 98%. El resplandor azul de la pantalla parece una cuenta atrás hacia el olvido.

​— ¡La mano! ¡Dame su mano derecha! —le grito a Mateo.

​Él la inmoviliza contra el suelo, usando su peso para anular sus piernas. Yo agarro la mano de la chica. Ella lucha, muerde, grita maldiciones contra mi padre y contra mí. Acerco su dedo pulgar al escáner del brazalete.

​— Acceso denegado —dice una voz sintética.

​— ¿Qué? —mi corazón se detiene—. ¡Es su huella!

​— No es la huella... —ríe ella, con la cara contra el suelo—. ¡Es el pulso! ¡Si mi corazón se acelera por encima de las 150 pulsaciones, el sistema se bloquea como medida de seguridad! ¡Tienen que calmarme para detenerme! ¡Y dudo que puedan hacerlo ahora!

99%.

MATEO

​Miro a Julian. No podemos calmarla. Estamos en medio de un muelle, empapados en sangre y adrenalina. La chica se ríe, una risotada histérica que hace que el sistema detecte aún más estrés.

​— Julian, el brazalete... —me fijo en el cierre—. No es solo un escáner. Tiene un puerto físico en la parte inferior.

​— ¡Necesito una conexión directa con la red de la fiscalía para forzar el bypass! —Julian busca frenéticamente en sus bolsillos—. ¡No tengo el cable!

​— Yo sí —digo, recordando el pequeño dispositivo que Javi me dio para el "incidente" del camión. Saco el conector de mi chaqueta.

​— Mateo, si conectamos esto directamente a la red del puerto, el virus podría saltar a tu propio historial. Podrían rastrear todo lo que has hecho en los últimos diez años. Te expondrás por completo.

​Miro a la chica, que nos observa con ojos desafiantes, y luego a Julian.

​99.9%...

​El progreso se congela. Un círculo rojo empieza a girar en la pantalla.

​— Bypass de emergencia detectado. Introduzca código de anulación del Fiscal de Distrito.

​Julian no duda. Teclea su código personal, el que juró usar para proteger la ley.

​— Proceso abortado. Datos restaurados. Enviando registros de Aethelgard a la nube pública.

​La chica suelta un grito de pura agonía y se desploma sobre el hormigón, vencida. El brazalete se apaga.

En ese instante, a miles de kilómetros de distancia, y en cada redacción de periódico de la ciudad, los archivos del Juez Vane, de Volkov y de Miller empiezan a aparecer. La verdad ha dejado de ser un peso para convertirse en un incendio forestal.




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