Horizonte de sucesos
MATEO
La moto de agua salta sobre las olas, persiguiendo la estela de la lancha de Volkov. La luna se refleja en el agua como un espejo roto. A lo lejos, el faro que mencionaba Sterling barre el mar con su luz cíclica, iluminando la persecución por segundos.
Volkov se da cuenta de que lo sigo. Veo el fogonazo de su arma. Las balas impactan en el agua a mi alrededor, levantando chorros de espuma. Agacho la cabeza y acelero. No tengo un arma de fuego, solo la potencia de este motor y una idea suicida.
— ¡Se acabó, Viktor! —rujo, aunque el viento se traga mis palabras.
Me acerco por el flanco izquierdo, aprovechando el punto ciego de su lancha. Cuando estoy a apenas dos metros, inclino la moto de agua con fuerza, provocando que la estela desestabilice su embarcación. Volkov pierde el equilibrio y su disparo se desvía hacia el motor de su propia lancha.
Un humo negro empieza a salir de su popa. La lancha ratea y se detiene en seco, meciéndose violentamente. Yo apago mi motor y dejo que la inercia me acerque.
Salto a su cubierta. Volkov está en el suelo, tratando de alcanzar su arma, pero le pateo la mano. Sus ojos, antes llenos de arrogancia, ahora solo muestran el terror del animal acorralado.
— Podríamos haber sido socios, Russo —dice, escupiendo sangre—. Tenías el talento. Tenías la calle.
— Tenía algo que tú nunca entenderás, Volkov: una familia que proteger.
Lo levanto por la solapa y lo encadeno a la barandilla de acero de la lancha con las mismas esposas que él usó para Lucía. El barco está empezando a arder por el impacto en el motor.
— ¿Qué haces? ¡Nos vamos a hundir! —grita él.
— Yo sé nadar. Tú vas a esperar a que Julian venga a buscarte. Disfruta de la vista, Viktor. Es la última vez que verás el mar fuera de una celda.
Me lanzo al agua justo antes de que el fuego alcance el tanque de combustible secundario. La explosión ilumina la noche como un segundo sol.