Camino por la ciudad de Tel Aviv. El aire de sentía como algo sangrado, como si dios viera cada una de mis acciones.
Espero que el santo señor me vea y me juzgue por lo que estoy a punto de hacer. No es mi primera vez haciéndolo.
Ya varios cayeron, y ninguna agencia pudo detenerme. A simple vista, solo soy una chica normal de rulos negros con un bolso en la ciudad a la que llaman el pueblo de dios.
Veo a varios hombres y mujeres con gorros particulares. Todos son elegantes, pero yo visto con ropas urbanas largas, como si fuera una vagabunda.
No quería verme rara, pero al lado de esta gente, soy una vaga con un bolso.
Para mí, no hay un pueblo elegido por dios. Todos somos humanos, y somos los favoritos de dios. Pero bueno, no soy quién para juzgar...
De la nada, dos militares de aspecto robusto me detienen en medio de la calle.
Me sorprendo un poco al ver que me detuvieron, ya que no hice nada sospechoso.
A lo mejor ver a una vagabunda con un bolso ya es demasiado sospechoso en un país lleno de políticos y empresarios ricos y poderosos.
El primer hombre me hablo en el idioma israelí, el cual yo traducía con mi mente al instante.
-¿A dónde se dirige, señorita? - Dice el hombre con un rostro endurecido.
Me mantengo calmada. No pienso en nada fuera de lo normal.
-Soy turista, estoy viendo la ciudad.
El segundo hombre robusto pone su mirada en mi bolso. Lo señala diciendo.
-¿Podemos revisarlo?
-Claro- Respondí al instante
Les entregue el bolso con mucho respeto.
Los militares hurgaron entre mis cosas como si yo fuera una criminal. No había nada que me molestara más que se metan en mis cosas, pero aun así debía mantenerme serena.
El primer militar me mira con desconfianza.
-Revísala a ella- Dice.
El segundo se puso en frente de mi. Me pidio que subiera los brazos. Lo hice con calma.
El paso las manos por el costado de mi cuerpo, buscando algo sospechoso, como armas, cuchillos o algún aparato extraño.
Sentía las manos anchas del hombre pasar por mis bolsillos y los costados de mi cuerpo.
No encontró nada...
¿Acaso es tan raro ver a una turista vestida así en Tel Aviv?
¿Porque habían tantos militares en el suelo Israelí?
Ninguna de mis preguntas tenía respuesta.
Mientras yo pensaba, el otro hombre solo encontró documentos, pasaporte, y otras cosas. Nada más.
Como pensé... los israelíes vivían en constante paranoia por amenazas terroristas.
Por suerte, yo no era hezbola, ni ninguna de esas organizaciones armadas. Solo era una chica joven con rulos negros.
Debo admitir que el miedo recorrio por momentos mi cuerpo, pero no lo demostré.
El primer hombre me dio mi bolso.
-Puede irse- Me dijo el.
Agarre mis cosas y me retire de ahí mientras me seguían con la mirada.
La paranoia invadía Tel Aviv, y yo como sicaria estaba parada en ese territorio.
...
Luego de caminar por unos barrios judíos, encontré un edificio en construcción de una empresa farmacéutica.
El viento sacude mi cabello rizado como si dios quisiera impedir mis próximas acciones.
No había nadie en la calle, así que me adentre en este con mi bolso en mano.
¿Estaba lista para lo que iba a hacer?, no lo sabía...
El trabajo es trabajo. Me pagaran muy bien por esto. Viviré toda mi existencia acomodada.
Subí las escaleras sin cansarme. Los militares no pudieron detener mi paso.
Me posicione en el tejado del edificio. Saque mi bolso y saque mis cosas importantes.
El bolso tenía un fondo falso, y cuando lo saque, encontré un rifle de francotirador.
Mi respiración se aceleró, y de la nada apareció una tormenta.
No perdí el tiempo, tenía que hacer un disparo certero.
Apunte a una ventana de la casa del presidente israelí, llamado Issac Agbaria, el cual tenía una reunión con el primer ministro de este país, llamado Noa Friedman.
El viento se volvía más fuerte mientras yo intentaba calcular la trayectoria de la bala.
Sentía cada parte de mi cuerpo tensarse por los nervios. Casi no me podía mover, como si dios intentara pararme.
Lo que voy a hacer no es correcto, pero es la mejor forma de subsistir durante toda mi vida.
Ya tengo mucha experiencia haciendo esto. Solo es un trabajo más.
Finalmente efectué dos disparos...
Me tense al momento de usar el arma, pero todo valdría la pena.
Le di en la cabeza al presidente de Israel, y al primer ministro de este país.
Los guardias de seguridad se volvieron locos y llamaron a refuerzos para intentar buscarme.
Mientras eso pasaba, yo baje por las escaleras del mismo edificio y sali con mi bolso en la mano. El rifle ya estaba debajo del fondo falso otra vez. Solo necesitaba retirarme rápidamente.
Me infiltre entre la multitud, pasando desapercibida. Nadie podía verme y pensar que era una asesina y que había matado a las dos personas más poderosas del país.
Al momento, sonaron sirenas por todos lados. La gente con gorros negros salía a ver qué pasaba.
Mientras tanto, yo compre una botella de agua para calmar mis nervios. Me detuve para beberla apoyada contra una pared mientras el caos ocurría a mi alrededor, como si fuera el apocalipsis.
¿Porque los militares darían su vida por una persona como el primer ministro?
Ahí fue cuando recordé la razón por la que estoy aquí. Dinero...
Matar al primer ministro israelí era algo muy grave. Implicaba ganarse el odio de todos los poderosos del planeta, sin embargo, no me importo. Tenía cosas más importantes por las cuales preocuparme. Tenía que llevar el dinero a mis seres queridos.
Me sentía como la criminal más buscada en el mundo, tomando una botella de agua al frente de las fuerzas militares del país más poderoso.
Me retire con el bolso en mi mano. Sentía que el calor subía hasta mi cabeza. Si era atrapada no volvería a ver jamás a mis seres queridos.
La gente estaba desesperada. Se habían enterado de que su líder había sido eliminado.
¿Como podía ser?, si tenían la mejor seguridad del mundo y militares custodiando cada rincón del país.
Esta gente está muy enfocada en su religión. Yo no podría hacer lo mismo, soy demasiado atea. Me enfoco en la realidad.
Al momento en que todo se calmó un poco. Me fui caminando en dirección al aeropuerto de Tel Aviv.
Antes de eso, una mujer me señalo con el dedo.
-Ella es sospechosa, tiene un bolso con un arma- Dice la mujer.
Me quede congelada. Varios militares se aproximaron a mi dirección. Solo podía quedarme quieta y demostrar mi inocencia de algún modo.
Parecia una gacela rodeada de depredadores, pero igualmente me quede en mi lugar, sin mover un solo musculo.
Una militar mujer me detuvo de un brazo, yo no intente soltarme.
El peligro se sentía en cada dirección, solo quedara esperar.
-Abran su bolso- Dijeron los militares.
Empezaron a sacar mi pasaporte, mis documentos, mi celular, y otras cosas como ropa y abrigos.
Hubo un silencio incomodo...
No encontraron nada, solo cosas de chicas como maquillaje y rubor.
-Déjenla ir- Dicen
La mujer me soltó el brazo, con una expresión dura.
El fondo falso no me había fallado. Lo había preparado bien.
Agarre mi bolso de nuevo, los mire con dureza un momento, y me retire con tranquilidad.
Debo decir que el miedo me invadió, pero lo escondí bien. Acabe dejando el lugar ocultando mi oscuridad.
Me daba bastante igual la vida de todas estas personas. Solo me interesaba ganar dinero para mi familia.
Aprovechando que la gente estaba concentrada en el asesinato del líder, para ir a rentar un bote para navegar el rio.
No iban a dejar salir a nadie del país hasta encontrar al culpable. Así que aproveche a terminar el trabajo.
Hable con el hombre que rentaba botes, que permanecía en su puesto de noche.
Pronuncie un hebreo perfecto.
-Buenas noches, me gustaría rentar un bote. El lugar se ve bonito bajo las estrellas.
El hombre afirmo.
-Es cierto, es una noche hermosa...
-Claro, será solo por una hora.
El hombre me miro serio.
-¿Escucho que asesinaron al primer ministro?
-Si, es una locura. Yo soy turista.
El hombre empezó a sospechar de mí. Mis latidos se sentían más rápidos.
-¿Cuánto costaría un bote?, necesito despejarme.
El hombre finalmente dijo.
-Deme un momento...
El entro a su cabaña al borde del mar. No espere, y escuche a travez de las paredes.
-¿Hola?, ¿hablo con la policía?
Mi paranoia apareció. Inmediatamente patee la puerta, rompiéndola con una gran fuerza.
El hombre estaba al teléfono. Me miro con una expresión de miedo y desesperación.
Me acerque hasta él, con una mirada endurecida. Agarre el teléfono, lo obligue a colgar. Forcejeamos por un momento, pero yo tuve más fuerza, y usé la de el en su contra.
Agarré el cable del teléfono fijo y empecé a ahorcarlo con este.
Forcejeamos un poco durante un minuto entero, hasta que de repente, todo termino...
El hombre cayó muerto. La policía llegaría pronto, así que actúe con rapidez.
Tome un bote, fui hasta una gran distancia, y tire el rifle al mar. Todo estaba listo.
¿Fue necesario matar a ese hombre?
Eso pensé en mi cabeza. No era necesario. Podía demostrar que era una chica inocente. Sin embargo, todo ya estaba hecho.
¿Fue necesario tirar el rifle al mar?
La verdad es que sí. Si no, no pasaría por el escáner del aeropuerto.
Conseguí el arma aquí en Tel Aviv, por parte de un contacto de mi cliente.
El trabajo ya estaba hecho...
...
Llegue al aeropuerto, compre el boleto a Roma para aproximarme luego a Argentina.
Me fui con unos lentes de sol y una capucha.
Pase bien por un detector de metales, pero yo había arrojado el francotirador al mar. No tenía nada raro que puedan investigar.
En los aeropuertos si tenían la tendencia de romper los fondos falsos de los bolsos, así que debía deshacerme del arma antes.
Accedí al avión correspondiente, y desde ese momento todo fue tranquilidad.
...
El aire frio de Argentina se sentía familiar. Era invierno, la cual era mi estación favorita.
Al llegar a Argentina, me dirigí a mi hogar en Buenos Aires. Estaba llena de energía, ya que había descansado en todo el viaje.
Mi casa era un hogar de un barrio común, con rejas negras.
Entre a mi casa y vi a mi mayor tesoro, mi hijo Víctor.