Mireya
Regresando a casa tuve que dar una larga explicación cuando Mica les dijo a mis papás que Ariel y yo andábamos haciendo sexo.
Incluso insistí que su mamá estuvo ahí todo el rato. Me sentí muy mal por mentir pero no tuve opción. Aún no me creía que las primas de Ariel dijeran algo así, ¡incluso una me preguntó si sabía qué era sexo! ¡Por supuesto que sabía! Pero solo me gustaba en la lectura BL y en cómics con hombres 2D.
Afortunadamente, al final me creyeron cuando dije que nunca haría algo así de obsceno.
—Bueno —dijo mi madre no muy convenida—, sé que eres muy recatada, así que te voy a creer, pero para la otra que les toque trabajar juntos, él es el que tendrá que venir a esta casa.
—Sí, mami.
—Ten cuidado, Mireya —me señaló mi papá—. Por favor, no quiero cuidar otro niño aparte de Micaela, a menos que…
–¡Que no, papá!
Mamá se dirigió a mí.
—De cualquier manera, Mireya, creo que es mejor evitar eso…
—¡Que no hice nada de eso! ¡Créanme! —Exclamé, más avergonzada que antes. Ellos asintieron, no sin antes darme otra advertencia.
El domingo, para celebrar la presentación de las nuevas obras de mamá, la tía Eri nos invitó a su casa para celebrar. Su jardín era inmenso y había un área donde estaba la piscina y una palapa que contaba con una parrilla para asar carne. Mientras papá luchaba con la parrilla y se llenaba la cara de carbón —sí, la parrilla iba ganando—, Mica nadaba, y mamá y la tía Eri charlaban.
Mamá no tenía hermanos de sangre, pero la tía Erika y la tía Samy, sus mejores amigas desde la primaria, eran como sus hermanas. Mientras las veía, Oziel, el hijo de Eri, se acercó y me ofreció un vaso de limonada.
—Gracias. —Lo tomé, mostrándole una sonrisa.
Erika era divorciada pero mantenía una relación amigable con su ex, y ambos se desvivían por darle lo mejor a su hijo. En cuanto a Oziel, era muy agradecido con ambos, siempre era atento y estudiaba medicina, siendo uno de los mejores de su carrera, ¡era perfecto! Yo estaba enamorada de él desde hacía mucho tiempo, pero solo me veía como una niña, incluso me decía primita, así que no tenía ninguna oportunidad de ser su novia. Mínimo debía salir con mi vecino Ernesto, ya que no salía conmigo, ¿por qué no salía con él?
Oziel se metió en la piscina y pude admirar su piel bronceada y sus abdominales marcadas. «¿Acaso tendrá defectos?» pensé. «¡Qué buena pareja haría con Ernesto!».
—¡Hola, chicas! —Escuché una voz conocida. Volteé hacia la persona y sonreí.
—¡Tía Samy! —Exclamé, yendo a abrazarla. Llevaba varias bolsas de regalos en las manos, pero aún así me correspondió.
—Hola, mi vida. —Me dio un toquecito en la nariz, justo como cuando era pequeña.
La tía Samy, a diferencia de mamá y Erika, nunca se casó. Ella era dueña de una cadena mediana de restaurantes, que heredó de sus padres, y se la pasaba viajando, yendo al gimnasio y comprando cosas caras. Prácticamente era la tía soltera con dinero que consentía a sus sobrinos con regalos costosos. Yo aspiraba ser como ella cuando fuera adulta.
—Ay, Samy —rio Erika—. ¿Y ese perro muerde?
Samy, que llevaba puesto un crop top y un pantalón pegado, mostrando su cuerpazo esculpido, soltó una risotada.
—Ya casi, amiga.
—¡Tía Samy! —Exclamaron Oziel y Mica, saliendo de la alberca para abrazarla.
—Hola, mis niños, ahorita les doy sus regalos.
—No te preocupes, tía —dijo Oziel mientras la abrazaba.
—¡Estás enorme! Aún recuerdo cuando naciste. Eras un bebé feíto, pero te compusiste.
Oziel rio junto a ella.
—Menos mal.
—Y Mica, tú igual estás enorme y preciosa.
—Muchas gracias, tía Samy. Te voy a contar un chiste. ¿Qué le dice un queso a otro queso? ¡Tuve quesadillas! —Otra vez riendo sola de sus chistes. La tía Samy la miró con cara aburrida—. ¡Ah, qué gracioso! ¿Verdad que sí? Mis abuelitos dicen que…
—Sí, sí, linda, luego hablamos de eso. —Interrumpió a mi hermana, menos mal, si no nunca dejaría de hablar—. Mira, te traje esta muñeca. —Mica en seguida rompió la caja y se puso a jugar con ella.
Después de saludar a todos, Samy dejó las bolsas sobre un camastro y se sentó cerca de sus amigas.
—No pude llegar ayer a tu evento, es que mi vuelo se retrasó —se excusó con un gesto apenado—. ¿Pero qué tal todo?
—Estuvo tranquilo —respondió mamá—. Fue muy agradable.
—Me alegro. ¿Y Diego?
—Está batallando para asar la carne —rio Erika.
—Ay, ese inútil —se quejó Samy. Mamá la vio con molestia—. ¿Qué? No me veas así, es la verdad… ¡Deja eso, Diego! —Gritó, atrayendo la atención de papá—. Ahorita voy yo a asar la carne… ¡Y por ahí te voy a quitar a tu vieja!
—Sam, tan amable como siempre —dijo papá con tono irónico.
—¡Samanta! —Se quejó mamá—. Déjalo en paz.