El perfecto y arrogante Ariel

Capítulo 8.

Mireya

Al siguiente día, me desperté temprano y me alisté para el colegio. Mientras desayunaba, papá, que al igual estaba listo para irse a trabajar, me dio los buenos días.

—¿Y Mica? —Alcé una ceja. A esa hora ya debía estar arreglándose para ir a la primaria.

—Ayer durmió con nosotros. —Típico de Mica, aún era una niña mimada que iba a dormir con nuestros padres en noches de tormentas, cuando tenía pesadillas o simplemente cuando le diera la gana—. Dijo que no irá a la escuela.

—Ya. —Rodé los ojos—. No la consientan tanto.

—Déjala, todavía es una niña. Incluso tú podrías faltar si quisieras, pero eres tan responsable que no puedes permitirte eso.

—Sabes que no, pa —reí un poco—. Tuve que sacar tu personalidad comprometida con sus obligaciones.

—Ay, Cielito. —Papá acarició mi cabeza con ternura—. Aún puedes darte ese lujo de faltar, cuando trabajes no podrás hacerlo aunque quieras.

—Nah, papá, hoy tengo que llevar el adelanto del ensayo que me encargó el director.

—Cierto. Bueno, termina de desayunar, nos vamos en quince.

Al llegar a la escuela, fui con el director Marcos para mostrarle el adelanto del ensayo que encargó. Dio su visto bueno al ver que llevaba la mitad, además, sin alardear, mi letra era muy bonita.

—Ariel también trabajó, ¿cierto? —Me miró con atención.

—Sí, me estuvo dando muchas ideas —mentí. No quería que supiera que no hizo nada salvo poner su casa. De haber sabido, ni siquiera hubiera ido, mejor me quedaba en la mía para evitarme momentos incómodos, sus primas no eran como las imaginé. Al menos Mica sí se divirtió—. Por cierto, ayer salió un nuevo capítulo de los ponis —le comenté.

—En serio, ahorita lo voy a ver

—Sí, véalo, Pastelito hizo…

—Sin spoiler. —Sacó su Tablet y en seguida empezó a sonar el opening de la caricatura—. Me cierras la puerta al salir, niña.

Me despedí de Marcos y fui al salón, donde vi a mis amigas Valentina y Dalia; esta última me preguntó cómo me fue en la casa de Ariel. Sonreí y me limité a decir que todo estuvo bien, que adelantamos la tarea y que no hubo nada fuera de lo normal.

—¡Chicas! —Escuchamos a Natalia, que acababa de llegar. Después de intercambiar saludos, nos miró con aflicción—. ¿Hicieron la tarea de Historia?

—¡¿Qué?! —Preguntó Valentina—. ¡¿Había tarea?!

—La verdad estuve muy ocupada —se excusó Dalia.

—Yo tampoco pude, tuve un fin de semana ajetreado —comentó Natalia.

—¡¿Cómo que había tarea?! —Valentina no salía de su shock inicial.

—Mireya, tú sí la hiciste, ¿verdad? —Natalia me miró con ojitos de cachorrito tierno.

—Sí. —Me limité a responder y las otras dos también me dedicaron una mirada lastimera—. Ah, está bien, se las puedo pasar, pero modifiquen el archivo para que el profe no se dé cuenta que es copia. —Saqué la Tablet de la mochila para enviarles el archivo en el chat que teníamos. Me molestaba un poco porque, a pesar de tener tarea extra, actualizar la historia BL para mis lectoras, ver un capítulo de ponis con Micaela, y haber pasado tiempo con mi familia, aun así me desvelé para cumplir con mis obligaciones, ¿y qué hicieron ellas como para no desempeñarlas? ¿Acaso su tiempo era más valioso que el mío? No obstante, estaban tan felices y eran mis primeras amigas en mucho tiempo, así que no quise desilusionarlas.

Después de algunos minutos, Ariel entró al salón. Creí que me ignoraría pero me hizo un pequeño gesto a modo de saludo que le correspondí. Al notar eso, Valentina comenzó a burlarse.

—Uy, ya te vi de coqueta con el Ariel —rio.

—¿Qué? —Me ruboricé un poco—. No, nada que ver.

—Pasaron el fin de semana juntos. —Me vio con picardía—. Yo creo que pasó algo entre ustedes.

—No pasó nada. —Coloqué la mano en mi cuello, con evidente incomodidad—. Solo estamos haciendo un trabajo juntos y ya, pero tampoco somos amigos ni nada de eso.

—Okey, te creemos. —Valen me dio un codazo—. Pero no mucho.

—¡Valen! —A pesar de estar avergonzada, me reí un poco; no obstante, mi risa paró al sentir la mirada de Natalia sobre mí.

—Natalia, ¿todo bien?

—Claro, ¿por qué no habría de estarlo? —Se encogió de hombros. Hice el mismo gesto que ella.

—Bueno, el profesor no tarda en llegar, así que recomiendo que hagan las modificaciones en el archivo antes de que alguien lo note.

—Ah, sí, voy. Muchas gracias, Mireya, eres la mejor. —Me mostró una sonrisa dulce.

—No hay de qué.

Mientras llegaba el profesor, un compañero, Wilfredo, se acercó a Natalia y le preguntó cómo le fue el fin de semana. Mis amigas eran muy populares con los chicos, siempre se les acercaban para hacerles plática y ellas respondían con naturalidad. Incluso Valentina, que afirmaba odiar a los hombres, era admirada por ellos. Eran muy diferentes a mí, que siempre me daba pena hablar con muchachos; prefería verlos en series y cómics BL.




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