El perfecto y arrogante Ariel

Capítulo 18.

Ariel

Al llegar a la dirección, pasamos directo a la oficina de Marcos y nos miró con resignación.

—Otra vez ustedes dos… ¿Ahora qué hicieron?

—Nada —respondí, pero él frunció el entrecejo. En ese momento entró el prefecto para explicar la situación.

Marcos, al terminar de escuchar, nos miró como si hubiéramos cometido todos los crímenes de guerra.

—¡¿Pero cómo se les ocurre poner una cámara?! —Se quejó, poniéndose las manos en la cabeza. Lo miré con desdén.

—No hubiéramos llegado a eso si los profesores o algún directivo hubiera hecho su trabajo. Mireya ha estado siendo insultada y denigrada de la peor manera y nadie hace nada. —Le enseñé el video para que viera lo que escribieron de Mireya—. Y no es la primera vez que sucede, pero los profesores no hacen nada.

Marcos nos miró conmocionado, no tenía idea de lo que pasaba en nuestro salón. En seguida pidió al prefecto que mandara a Javier a la dirección, pues era el que salía rayando el pizarrón.

A los pocos minutos, Javier entró con cara de pocos amigos y se sentó junto a nosotros.

—Y bien, señor Cortés, ¿por qué escribe esos insultos para su compañera? ¿Cree que eso está bien? Tengo entendido que tiene madre y hermanas, ¿no cree que eso es denigrante?

Javier bajó el rostro, dispuesto a no responder.

—Javier, dinos la verdad, ¿alguien te dijo que escribieras eso? —Pregunté.

—No.

—Javier, por favor, di la verdad —insistió Mireya.

—Nadie me lo dijo, yo lo hice solo —contestó de mala gana. El director lo vio con decepción.

—Te irás suspendido una semana —decretó, firmando un papel para entregárselo—. Espero que después de esto reflexiones acerca de tus actos.

Miré a Javier con recelo, no entendía por qué se echaba la culpa de todo. Cuando el director le dijo que podía salir, me levanté, dispuesto a irme con Mireya, pero nos detuvo.

—¿A dónde creen que van?

—Al salón —respondí con obviedad. Marcos negó con la cabeza.

—Chicos, lamento que hayan tenido que pasar por esas cosas. Antes que nada, en alguna situación similar, vengan a hablar conmigo —pidió—. Yo me encargaré de todo. Lo de la cámara estuvo mal, aunque el entiendo el por qué lo hicieron, pero no se pueden ir sin consecuencias.

—Agh, ahora resulta que también nos van a castigar —me quejé.

—A partir de mañana, tendrán que organizar la biblioteca durante dos semanas.

Volteé hacia Mireya, que lucía resignada, así que aspiré hondo.

—Director, Mireya no tuvo nada que ver con la cámara, fui yo. Castígueme solo a mí. —Comenzaba a entender un poco a Javier, pero no creí que lo hiciera por el amor puro que sentía hacia Natalia, tenía que haber algo más.

—Está bien. Mireya, tú no serás sancionada.

La Rojita me vio con asombro.

—Ariel, no es necesario, yo me puedo quedar contigo para…

—No, está bien, además fue mi idea.

—Pero lo hiciste por mí. —Me miró apenada.

—No te preocupes, aunque si quieres quedarte algún día a hacerme compañía, lo acepto —le sonreí.

Marcos rodó los ojos con fastidio y nos corrió de su oficina.

—Órale, váyanse, a echar novio a otro lado, shu, shuuu… —Movió las manos para indicarnos que saliéramos. Me ruboricé un poco.

—No estamos noviando… —mencionó Mireya.

—Lo que sea, largo de aquí.

Salimos con rapidez de su despacho. En el pasillo, vimos a Javier, que estaba recargado en la pared. Lucía preocupado. Me acerqué a él y Mireya me siguió.

—¿Por qué no delataste a Natalia? —Lancé la pregunta sin rodeos. Él me vio con desdén pero en seguida su mirada se suavizó.

—Admito que ustedes dos no me caen bien, pero hasta yo sentía que escribir eso en el pizarrón era pasarse —musitó—. Sin embargo, no planeo delatar a Natalia.

—¿Con qué te está chantajeando? —Pregunté con curiosidad. Él lanzó un suspiro.

—Mi mamá trabaja en la empresa de su padre. Dice que puede hacer que la despidan en cualquier comento —explicó—. No sé cómo vivan ustedes, pero nosotros necesitamos ese ingreso.

—Ah, ¿por eso? Si quieres tu mamá puede trabajar en la empresa de mi tío…

—¿En serio? —Me vio esperanzado—. ¿Qué tipo de trabajo?

—Pues creo que mi tío necesita una nueva secretaria. —Me miró con decepción.

—Ah. Mi mamá actualmente tiene una gerencia —comentó—. Gracias por el ofrecimiento, pero no voy a hablar en contra de Natalia. Buena suerte desenmascarándola, la van a necesitar.

Sin decir más, se dio la media vuelta para dirigirse al salón. Lo seguimos con paso lento y al entrar, vimos que estaba recogiendo sus cosas para cumplir su castigo. Los demás compañeros nos miraron con hostilidad. Era increíble cómo Natalia lograba poner a todos en nuestra contra en un dos por tres. Y todavía ponía su cara de «yo no rompo ni un plato». No debía volver a subestimarla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.