El perfecto y arrogante Ariel

Capítulo 19.

Ese mismo fin de semana, tendríamos una reunión familiar para celebrar el cumpleaños de Diva Dos. La condenada gata cumplía dieciséis años, estaba vieja pero no como el fósil de Reina, que ya estaba más pa’ allá que pa’ acá.

Karen quería hacer una fiesta más grande pero Adonis la convenció para que fuera algo familiar, puesto que el año anterior habían gastado mucho dinero para celebrar sus quince años.

Como era comida gratis, todos asistieron, incluido el bisabuelo Arquímedes, que al igual que Reina, esperaba la dulce llegada de la liberación. Para mi buena suerte, Artemisa y Afrodita no acudieron, dieron la excusa de estar estudiando para sus exámenes finales. Atenea, siendo siempre una hambreada, fue a tragar como la cerda que era. Envidia tendría Valentina, ya que esa se la pasa engullendo ensaladas como si fuera conejo, pero en fin.

Mientras Karen les tomaba fotos a los gatos, estando Diva Dos en el centro, el tío Aristóteles carraspeó, atrayendo la atención de los demás.

—Bueno, ya que está toda la familia, me gustaría hablar de un tema muy importante: la vida amorosa de Ariel.

O que la chingada. ¿Por qué tenía que sacar a relucir eso? La abuela Jessica, la tía Maricucha y la tía Lira me enfocaron con picardía. Mi abuelita Alina me miró con lástima, incluso la vi persignándose, como si pidiera clemencia para mí.

—¡Ariel, ¿ya tienes novia?! —Exclamó María Susana—. ¡Qué genial! Awww, el romance adolescente me trae muchos recuerdos… —Me rodeó con sus brazos. Parecía más intento de asesinato por asfixia que abrazo. Por suerte Karen le llevó un pedazo de pastel y me soltó.

—Ay, qué bueno, mi niño —mencionó Jessica—. Yo creí que eras gay pero ya vi que no. ¡Estoy muy feliz!

Atenea, que comía un pedazo de pollo, empezó a reír.

—Es que sí pareces, Ariel —le dio la razón a la abuela. Las miré a ambas con una ceja alzada.

—Bueno —Aristóteles tomó la palabra—, yo preferiría que saliera con algún chico antes de que tuviera esa novia.

Aquiles, recordando todo el embrollo, empezó a reír y Lira lo miró con atención.

—¿Por qué te ríes?

—A que no saben quién es la novia de Ariel, ¡se van a sorprender! —Los demás lo miraron con expectativa—. ¡Es la hija de Mindy…! —Anunció como si hubiera ganado un trofeo. En ese momento pensé en regalarle a él uno que dijera: «para mi querido tío, el más mandilón y más pendejo: mi tío favorito».

Nos quedamos sumidos en un silencio incómodo. La tía María Susana incluso tiró el tenedor que estaba a punto de llevarse a la boca. La abuela Jessica se quedó boquiabierta y Lira me miró como muñeca poseída. Me sentí aterrado.

Los únicos que no parecían afectados eran mi bisabuelo Arquímedes, que dormía profundamente, mis dos abuelos, mi abuelita Alina, que seguía en sus oraciones por mí; Aquiles, que seguía burlándose, y Atenea, que comía sin prestar mucha atención a la conversación.

—¿La hija de quién? —Repitió María Susana, viendo a Aquiles.

—De Mindy —contestó Aquiles—. Ay, vamos, sí te acuerdas de ella, ¿no? ¡Si fue la que te madreó! ¿Cómo no te vas a acordar? Es la pelirroja con la que te peleabas en teatro, te ganó el papel de princesa por ser más guapa y talentosa que tú, ¿recuerdas? Pero luego le arruinaste su actuación y te odió, sí la recuerdas, ¿no?

María Susana le sonrió con grima y volteó hacia mí. Tragué grueso, pero la buena noticia es que no fui el único al que le reclamaron.

—Ah, ¿te parecía guapa? —Lira le preguntó a Aquiles—. Eso no lo sabía. ¿Es más guapa que yo?

—No, mi amor —respondió con tono estoico.

—Pero te escuché decir que era guapa. Y de seguro en esa época te gustaba más que yo…

—Ay, pues claro que sí, Lira, no mames, ¿qué preguntas? Si tú en ese entonces eras un gremlin de trece años y no me había hecho efecto el amarre… —En ese momento la cara de Lira se transformó en una endemoniada—. Ya me callo, mi amor…

—¡Nada de mi amor! ¡Aquiles Gold, ¿cómo que gremlin?! A ver, si te gusta más por qué no te vas con esa…

—Nada que ver, Lira, no seas paranoica. —Ya mejor que se callara el hocico.

—¡¿YO PARANOICA?! ¡NO SOY PARANOICA!

—¿Loca?

—¡REPITE ESO Y VAS A VER LO QUE TE HAGO!

En lo que ellos empezaban una acalorada discusión, María Susana dejó de mirarlos para enfocarse en mí.

—Oh, Ariel, vaya… No me esperaba eso.

—Sé lo que te hizo la señora Mildred, tía —dije con el tono más educado que pude imitar del Sabelotodo—. Quiero que sepas que no estoy de acuerdo con la gente que ejerce violencia en vez de hablar de forma civilizada, pero bueno, ya pasó, todos cometemos errores.

—Ah, errores… Claro, como si madrearme entre tres tipas más altas que yo fuera un diminuto error, ¿no? —Me encogí de hombros como respuesta. No podía pensar en lo que sus tres demonios me hicieron pasar—. Ariel, no es por nada, pero lo mejor sería que no te involucraras con esa familia, como que están un poco inestables.

¡¿Con qué cara decía eso?! ¡¿En serio, con qué cara?!

—Sí, tía, pero no te preocupes por mí, Mireya es una buena chica y así.




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