Ariel
Al día siguiente, después de la hora del descanso, antes de que llegara el profesor, el prefecto se presentó en el salón y comentó que en dos semanas habría audiciones para aparecer en los folletos y en la valla publicitaria de la escuela. «Aburrido» pensé. Siempre escogían a los estudiantes más guapos, en general un chico y una chica, aunque a veces salían más alumnos en los panfletos. También explicó que dos semanas después de las audiciones, sería el Open House, donde ayudaríamos a los profesores de distintas materias con sus proyectos e irían padres y alumnos de diferentes primarias y secundarias para verlos; era un evento que pretendía convencer a las familias de que sus hijos estudiaran en nuestra escuela.
—Naty, deberías audicionar —comentó Dalia—. Te verías muy bien en la publicidad.
—Confirmo —dijo Wilfredo—. Eres muy hermosa, te verás genial.
—Sí, Nat, participa, eres más linda que las del otro salón.
—Confirmo, Naty, tú eres la más bonita de la escuela.
—Ya, chicos. —Natalia se ruborizó. Ya no tenía duda de que todo era gracias a sus habilidades de actuación—. Me halagan, pero no creo ser tan guapa.
Se escucharon comentarios de incredulidad.
—Nat, eres tan modesta, pero debes aceptar la verdad.
—Nadie se verá mejor que tú.
—¡Eres tan hermosa como una muñequita!
—Deberíamos audicionar juntos —sugirió Wilfredo, pero algunas chicas hicieron unas muecas de desaprobación.
—No, Naty debería audicionar junto con Edgar, ambos lucen muy bien —propuso Dalia. Varias estuvieron de acuerdo—. ¿Sí o no, Edgar? ¿Audicionarías con Nat? Ambos se verían muy bien juntos.
—Eh, no estoy seguro…
—Vamos, Edgar, tú quedarías perfecto, son los más guapos del salón.
A Mireya y a mí no nos tomaban en cuenta porque éramos los excluidos, pero lo prefería así. Esos dos feos no tendrían oportunidad si la Rojita y yo adicionábamos, pero que soñaran alto; salir en panfletos era una estupidez.
***
Justo como los días anteriores, cuando terminaron las clases, me dirigí a la biblioteca para ayudar a ordenar los libros. Mireya, al igual que en las tardes anteriores, me acompañó. Pero la señorita, en vez de ayudarme, se ponía a leer. A veces hasta se reía ella sola y hacía gestos extraños.
—¿Ahora qué libro leeré? —Preguntó en voz alta—. Me choca no encontrar ningún libro BL.
—A ver qué encuentras.
La señorita bibliotecaria —insistía que era señorita la uva pasa— llamada Ivone, me encargó acomodar los libros de ciencias. Mientras apilaba un montón para ponerlos en los estantes, observé a la Rojita, que devoraba un libro de romance histórico. Se veía tierna, leyendo como si no hubiera un mañana.
De repente los cabellos se le hicieron para adelante, tapando su frente. Sin dejar de leer, sopló para quitárselos de la cara, pero no funcionó. Me acerqué a ella para hacer sus rizos para atrás. No me di cuenta de que me aproximé tanto hasta que Mireya alzó su rostro hacia mí y nuestras narices se rozaron. Nos quedamos viendo los ojos unos segundos, hasta que sentí mi rostro enrojecer y me alejé con rapidez, mirando hacia los estantes.
Volteé para ver de reojo a Mireya, pero seguía en la misma posición de antes. Segundos después, casi enterró la cara en el libro. Nos quedamos en silencio varios minutos, en los que aproveché para seguir ordenando.
De pronto se colocó junto a mí y empezó a ayudarme.
—Lo siento, dije que te ayudaría pero nada más estoy ahí leyendo.
—No te preocupes, si quieres leer está bien, yo puedo con esto.
—Pero quiero ayudar —me sonrió. Le devolví el gesto y empezamos a organizar los libros por categoría.
Como Mireya me apoyó, tardé menos tiempo de lo habitual. Revisé mi reloj y noté que aún faltaban veinte minutos para que nuestros padres nos recogieran, así que nos sentamos a hojear el libro que Mireya había estado leyendo.
—¿Qué opinas de los folletos publicitarios de la escuela? —Preguntó de repente.
—Me da igual. —Acepté.
—Me parece injusto que alguien tan mala como Natalia gane el concurso —mencionó—. Ya ves el pobre Javier, que tendrá que irse… —A la salida dio la noticia de que tendría que salirse de la escuela, puesto que su madre ya no podría pagar las cuotas. Y lo peor fue que nadie se quiso despedir de él por lo sucedido con la pelirrosa—. Al menos nosotros nos tenemos el uno al otro… Ah, y Valentina, que ya nos habla en los recesos.
—Lo de Javier es horrible, pero ya vimos que el salón entero idolatra a Natalia —farfullé—. Literalmente creo que puede asesinar a alguien y esos lamebotas saldrían a protegerla, alegando que fue en defensa propia o algo así.
—Creo que deberíamos dejar de tratar de luchar contra ella. Mientras menos nos involucremos, mejor.
—Eso pensé, pero está incitando a los demás a molestarte —dije enojado—. Se siente ofendida por lo que pasó en el viaje y no da su brazo a torcer.
—No sé por qué se la agarró contra mí, si nunca le hice nada.