Mireya
Gracias a la chismosa de Mica, que escuchó cuando les dije a mis papás que el sábado saldría con Ariel, mis tías terminaron enterándose y no perdieron la oportunidad de ir para ver el acontecimiento en vivo y en directo. Según ellas, era mi primera cita, aunque les insistí que solo saldría con él como su mejor amiga.
Las dos me veían con atención, analizando mi ropa. Llevaba puesto unos jeans, una blusa morada y tenis casuales de color negro. Además, peiné mi cabello en una coleta alta, era lo mejor para controlar mis rizos.
—Te ves bien, cariño —comentó Samy de repente—. Tal vez si te pusieras labial lucirías más linda.
—Se ve bien, su estilo es sencillo —comentó Erika—. Luces muy bonita, Mireya. —Se dirigió a mí—. No le hagas caso a Samanta, en la prepa siempre se pintaba como payaso.
—¿Que yo qué? —Exclamó Samy, indignada—. Si tú eras la que usaba faldas diminutas para que se te vieran los calzones.
—¡Claro que no!
—Que sí, mira. —Samanta sacó su celular y me enseñó una foto de mi madre y ellas de jóvenes. Se veían hermosas, parecía que estaban a una fiesta; mamá llevaba un vestido negro de tirantes, Samy traía jeans rasgados y un crop top negro, y Erika una minifalda negra y una blusa azul de manga larga con brillos—. Mira ese tamaño. —Señaló a Erika. Observé que sí era una falda diminuta—. A Erika se le veían los calzones pero le valía madres, es más, hasta lo hacía a propósito.
—¡Que no! —Reclamó—. Pero bueno, Mireya, me pone tan feliz, yo te vi desde bebé y ahora estás teniendo tu primera cita.
—Ay, sí, yo igual. —Samy fingió limpiarse una lágrima—. Aunque sea con ese niño Gold.
Mamá, que estaba recargada en la pared, viéndolas, lanzó un suspiro.
—Ni siquiera sé qué hacen aquí.
—Mica tuvo la decencia de avisarnos, porque tú no nos dices nada —reclamó Sam.
—Me pidió prestado el celular porque según iba a jugar, no creí que les fuera a mandar mensaje avisándoles que Mireya saldría con ese chamaco.
—Ya ves, Mica es mejor amiga que tú —dijo Erika.
—Mireya, recuerda que al final saldrás con un hombre, y los hombres son todos unos perros traicioneros —aconsejó Samanta.
—No te preocupes, tía, él es solo mi amigo —aseguré.
—Ay, ajá. Está bien que aquí está tu madre, pero ella no te regañará por tener novio —me aseguró—. Aunque no sé qué tan bueno sea que salgas con el hijo de Adonis Gold.
—Hablando de eso, ¿qué problema tuvieron con él? ¿Por qué no se llevan con la familia de Ariel? —Me atreví a preguntar.
Las tres se voltearon a ver entre ellas, sin saber qué decir. Samy abrió la boca para decir algo pero en ese momento sonó el timbre.
—Debe ser Ariel —comenté. Me dirigí a la puerta pero Mica corrió, adelantándose, y abrió.
—¡Mica, qué te dije de abrir la puerta sin asomarte! —La regañó mamá, pero ella señaló a Samy.
—Ella me dijo que abriera cuando llegara Ariel. Además están ustedes aquí.
—Agh. —Volteó a ver feo a Samanta, y esta última le sonrió apenada—. Tengo que comprar una cerradura alta.
—¡Hola, Ariel, pasa! —Mica le dijo a mi amigo y él obedeció. Estaba vestido casual, con pantalón de mezclilla y una chamarra delgada y roja.
—Hola —respondió, dándome un ramo de flores.
—¡Ay, qué lindo! No te hubieras molestado. Las pondré en agua —mencioné, yendo a colocarlas en un florero de mamá.
—Claro, claro —dije, pero de repente se quedó enmudecido cuando notó que mis tías lo escanearon de arriba abajo.
—Vaya, sí que se parece a su padre —comentó Samy, acercándose a él para examinarlo mejor—. ¿No es así, Erika?
—Sí —respondió, imitando a su amiga—. Pero luce muy serio, como Aristóteles.
—Y tiene esa mirada burlona de Aquiles —indicó Samanta—. Vaya, Mindy, qué mala suerte tienes —le dijo a mamá. Ella rodó los ojos y Ariel tragó grueso.
En ese momento papá bajó del cuarto con una cámara y nos pidió a Ariel y a mí posar para tomarnos fotos.
—Mi bebé está teniendo su primera cita —dijo emocionado.
—Papá, no es una cita —le expliqué. No quería incomodar a Ariel. Lo volteé a ver angustiada pero él solo me sonrió, aunque no parecía muy feliz. Mi familia lo estaba irritando—. No durará mucho —le susurré.
—No te preocupes —me respondió.
Mamá se colocó frente a Ariel y lo señaló.
—Hay reglas que debes cumplir. Número uno—alzó su dedo índice—: Mireya tiene que estar en casa antes de las nueve. Dos: No irán a lugares solos. Y tres…
—Señora, sí, señora —dijo Ariel, imitando el comportamiento de un militar. Mamá frunció el ceño.
—¿Te estás burlando de mí? —Alzó una ceja.
—Señora, no, señora… Digo, no. —Alzó las manos en señal de disculpa—. No me estoy burlando —añadió con tono quedito. Samy y Erika empezaron a carcajearse.
—Serás una terrible suegra —rio Samanta.