El perfecto y arrogante Ariel

Capítulo 25.

Mireya

El padre de Ariel llegó pronto por él, así que salí a despedirlo. Papá me escoltó, pues mamá y Samy seguían acompañando a Eri en su crisis existencial. Nos despedimos de ambos y entramos a la casa.

Eri se encontraba en el teléfono, hablando con su exmarido, discutiendo acerca de mandar a Oziel al extranjero. Vaya, era muy rápida en cuanto a su preciado hijo, siempre buscaba lo mejor para él. Me dolería que se tuviera que ir, pero aceptaba todo con tal de que se separara de Artemisa.

Me excusé, indicando que iría a mi habitación para terminar la tarea. En realidad quería actualizar mi novela, mis lectoras exigían un nuevo capítulo y ya lo tenía listo. Entré a mi sesión de Whattbook y me fijé en mi primer escrito «Tuyo por siempre». En ese momento me quedé de piedra, recordando que los protagonistas de ese libro se llamaban Adonis y Ronny. «No inventes, el padre de Ariel» pensé. Recordé que mamá sugirió esos nombres y me di una palmada en la frente. «Bueno, ya no los puedo cambiar porque mis lectoras me fusilarían, además ellos no se tienen por qué enterar de este escrito». Me encogí de hombros.

Después de actualizar, bajé a la sala, donde papá estaba viendo un documental. Mi mamá y sus amigas se encontraban charlando en la cocina y Micaela jugaba en su cuarto. Me senté junto a mi padre y empecé a ver la televisión con él. La persona que narraba empezó a enumerar los errores del asesino que llevaron a la policía a capturarlo.

—Siempre comenten los mismos errores. —Papá suspiró—. Si yo hubiera sido él, no me habrían atrapado. Qué ganas de haberles hecho eso a mis bullys de la secundaria…

Miré a papá y me recargué en su hombro. Él también me vio y acarició mi cabeza. Al igual que él, también fui importunada por mis compañeros; gracias a mis amigos el bullying no llegó a más. Nunca fui de tener muchos amigos, las chicas me encontraban extraña cuando les hablaba de mis novelas y tampoco era atractiva para llamar la atención de los chicos, me costaba encajar. Pero al final las cosas siempre mejoraban, al menos ya tenía a Ariel y a Valentina. Y papá tenía a mamá.

En la noche, con mi pijama puesto, me asomé al cuarto de mis padres. Mamá revisaba su celular y papá estaba en su baño, lavándose los dientes. En cuanto mi madre notó mi presencia, dejó su equipo en la mesita de noche y me invitó a entrar, así que no dudé en sentarme junto a ella.

—Ma, ¿cómo sigue la tía Eri?

—Se pondrá bien —aceptó—. Aunque espero que sí logren mandar a Oziel al extranjero —musitó. Claro, todos lo deseábamos.

—Mami, ¿por qué no te llevas bien con la familia de Ariel? —Me atreví a preguntar. Ella suspiró. Por sus evasivas anteriores, sabía que era un tema que le incomodaba bastante.

—Pasaron muchas cosas, Mireya. —Pasó sus manos por mis rizos con un gesto cariñoso.

—Cuéntame para que pueda entender.

—Claro. —Se quedó callada, no sabía por dónde empezar, así que me atreví a lanzar la primera pregunta.

—¿El papá de Ariel fue tu novio?

—No —respondió con rapidez, haciendo una mueca, como si la idea le desagradara por completo—. Fuimos en el mismo salón durante varios años y estábamos en el club de teatro.

—¿Y siempre se cayeron mal?

—No siempre. No éramos amigos, pero no nos llevábamos mal.

—¿Entonces qué pasó? —No entendía, si no se llevaban mal desde el principio, ¿qué fue lo que causó que su relación terminara así?

—Bueno… —Tragó grueso. Era la primera vez que la veía tan nerviosa frente a mí—. Él me gustaba —aceptó. «Eso lo sabía» pensé. Sin embargo, no la interrumpí—. Creí que era algo mutuo, después de todo, nos besamos en algunas ocasiones.

—¡¿Qué?! —Exclamé. El asunto se volvía cada vez más extraño.

—No fue nada serio, solo era por el club de teatro —explicó—. Siempre obteníamos los papeles protagonistas, y él escribía esas obras de princesas, dragones y esas cursilerías.

—¿Y qué pasó?

—Bueno, en el último año de repente se inscribió una chica nueva en nuestro salón. Era extraña, pero por alguna razón, llamó la atención de Adonis y sus primos. De repente, él comenzó a ser más cercano con ella y, por lo tanto, se alejó de mí.

—Oh. Bueno, en realidad eso no fue culpa de la chica.

—Lo sé, pero en ese momento me sentí tan frustrada, además arruinó una obra de teatro donde yo era la protagonista. Como siempre, quiso ser el centro de atención y me dejó en ridículo. Me esforcé demasiado por ese papel y ella cambió todo el guion sin siquiera preguntar. ¿Por qué no pudo aceptar su papel de pasto? Ahí fue a decir su ridícula frase de ser un pasto mágico. —Frunció el ceño—. Y para colmo tuvo que humillarme, ¡a mí!, ¡la protagonista!

Me quedé pensativa, debía ser frustrante trabajar en algo y que alguien más lo arruinara sin importarle cómo te sintieras al respecto. Pude entender ese descontento.

—Pero bueno, dejando de lado eso, entiendo que estuve mal y ahora me arrepiento mucho de lo que hice. Admito que fui injusta al desquitarme con esa chica, en realidad debí encarar a Adonis en vez de ella —suspiró.

—¿Injusta? ¿Qué le dijiste?




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