El perfecto y arrogante Ariel

Capítulo 28.

Mireya

En las dos semanas que siguieron nos encargamos de terminar los preparativos para El Open House. Cada profesor preparaba sus planes de estudio, proyectos y los alumnos nos dividíamos para ayudar a armar todo. En general elegíamos a nuestros maestros favoritos o la materia que más nos gustaba, pero algunos escogían los cursos en los que peor iban porque los profesores daban puntos extras a quien los apoyara.

Yo elegí ayudar en Literatura, la profesora Berta era muy amable y siempre elogiaba mis ensayos, diciendo que tenía un don en la escritura. Después de clases me quedaba a decorar el salón asignado con frases literarias, poemas y citas de diferentes autores. Estuve a punto de pegar en la pared el fragmento «Te parece bien cuarenta y siete centímetros» pero al final la maestra no me lo permitió, que según teníamos que mostrar literatura de verdad. Eso era un clásico, ella qué sabía. Pero no tenía ganas de discutir, así que me encogí de hombros y obedecí la orden.

Valentina decidió trabajar con el profesor de Educación Física, que haría una demostración deportiva con sus mejores alumnos. No era de extrañar que escogiera esa actividad. Por su parte, Edgar eligió Computación, era bueno para esos temas, decía que en un futuro sería un gran programador.

Ariel también eligió Literatura, indicando que no tenía una materia favorita y sacaba buenas calificaciones en todas. Era excelente en todo y llevaba el mejor promedio del grupo, así que no me extrañó que no se mostrara tan interesado en los puntos extra, además afirmó que no quería trabajar en ninguna otra asignatura donde estuvieran nuestros compañeros de clase, no deseaba involucrarse con ellos más de la cuenta. Por mi parte, apoyaba su pensamiento, no me caían mal pero me parecía mejor estar alejada de gente que creyó rumores falsos y se burló de mí.

Aparte de nosotros, las chicas de primero que admiraban a Ariel también escogieron Literatura. Según ellas les gustaba mucho leer, pero las llegué a escuchar cuchicheando y dijeron que solo se metieron para estar cerca de mi amigo. A pesar de todo, eran divertidas y amables conmigo, así que me agradaban mucho. Era lindo poder convivir con más chicas y tener amigas.

Mientras recortaba un pedazo de cartulina, una de las chicas, cuyo nombre era Rosa, me habló.

—Mireya, he notado que te gusta la lectura BL, ¿tienes algunas recomendaciones? —Se veía cohibida pero a mí hasta me brillaron los ojos de la emoción.

—¡Claro que sí! —Empecé a nombrarle un montón de libros, mangas, manhwas y series. Ella tomó libreta para anotarlos y al final me tomó de las manos.

—Eres genial, Mireya, ahora entiendo por qué eres novia de Ariel.

Vi de reojo que el mencionado se tensó, así que abrí la boca para aclarar que no éramos pareja, pero en seguida las otras chicas empezaron a rodearme y no me dieron chance de hablar.

—¡Hacen una hermosa pareja!

—Ariel tiene buenos gustos.

—Sinceramente me pareces más linda y auténtica que Natalia.

—Ya, chicas, no es para tanto. —Me sentí apenada, no estaba acostumbrada a los halagos que no vinieran de mis padres o de mis tías. Tampoco quería que incomodaran a Ariel haciendo comentarios innecesarios—. Además no estamos saliendo.

—¿Ah no?

—Yo creí que sí.

—Ah, entonces tengo oportunidad con Ariel —bromeó una de las compañeras. Las demás rieron pero a mí no me dio gracia su chistecito. Él pareció notar mi seriedad, porque tomó mi mano y habló.

—Deben disculparme, señoritas, pero yo soy hombre de una sola mujer y esa es Mireya —sonrió con galantería.

—Ariel… —me quejé, sintiendo que se me calentaban las mejillas. Las chicas comenzaron a lanzar chillidos de emoción pero las ignoré, enfocando a mi amigo. No sabía por qué bromeaba con esas cosas, pero no le convenía andar diciendo eso. Era muy admirado entre esas niñas, pero si me seguía usando como excusa, ellas lo tomarían en serio y ya no sería tan popular.

—¿Qué? —Me guiñó el ojo con gesto coqueto y en seguida se alejó, yendo con la profesora para preguntarle dónde acomodaba las decoraciones que acababa de hacer.

Las niñas siguieron emocionadas, jaloneándome el brazo y diciendo que era afortunada de tener un novio como Ariel. La única que notó mi incomodidad fue Rosa, que les pidió a las demás que me soltaran, pues estaban siendo muy rudas. Se disculparon, indicando que estaban contentas, pero les sonreí, restándole importancia a sus movimientos bruscos.

La profesora, al notar que no hacíamos nada, nos regañó e indicó que volviéramos al trabajo. Asentimos varias veces y nos pusimos en marcha. Ariel me hizo una seña con la mano para que me acercara a ayudarle a poner un marco en la puerta. Me acerqué y me indicó que me subiera a la silla para pegar con cinta la parte de arriba.

—Mis papás no me dejan subirme a sillas, dicen que es peligroso.

—Ah, te entiendo —suspiró—. Adonis no me deja hacer la mayoría de las cosas que hacen las personas normales, pero no te preocupes, yo te cuido —afirmó. Alcé una ceja, insegura—. No me veas así, es verdad.

—¿Seguro? —Asintió con la cabeza—. Bueno, pero si me caigo, estará en tu consciencia.

—No voy a dejar que te caigas. —Se colocó detrás de mí y me pasó el marco para que lo colocara.




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