Perspectiva de Sebastián
Se me ocurrió hacer algo que nos ayude a mentalizarnos de a poco. Estuve investigando y, al parecer, luego de que Natalia hablara con Mati, esto podría servir; o al menos eso espero. Le pedí a Nat permiso para pasar un tiempo con Mati, sin problema, él quiso venir. No fuimos muy lejos: lo llevé a un paseo, ahí me habló de un secreto que me congeló el corazón.
—Sebas, mi mami y yo hablamos de un secreto, y me dijo que no se lo diga a mis abuelos porque se asustan. También me dijo que puedo escoger quién me va a cuidar después, y ¿qué crees?
—¿Qué? —le respondo con el mismo ritmo curioso, temiendo lo que viene tras la revelación que me acaba de soltar.
—Yo te escogí a ti.
El resto del día pasó rápido, pero no pude sacarme de la cabeza sus palabras, tengo una gran duda: ¿cómo hizo Natalia para hablar de todo eso con Mati y que él venga a contármelo así? ¿Estaré soñando?
Finalizo el plan con una idea que ya no me parece tan brillante.
—Mati, antes de regresar con tu mamá, ¿podemos hacerle una cartita para expresarle todo lo que sentimos por ella? ¿Qué te parece?
—¿Puedo hacerle un dibujo también?
Me parece que iniciamos con el pie derecho, así que dispongo todos los materiales para que se ponga creativo, mientras yo trato de escribir mis más pulcras palabras.
Después de un largo rato, sostuve la hoja que yo mismo le había entregado, esperando palabras que ayudaran a cerrar su herida; pero Mati solo me devolvió un trazo tembloroso de dos manos unidas. En ese trazo comprendí que mis métodos de adulto no servían de nada. Natalia le ha dado un lenguaje que yo no hablo. Me sentí pequeño, un intruso tratando de traducir un poema que no entiendo. Me di cuenta de que, para ser el padre que ella me pide, primero tengo que aceptar que nunca seré ella.
***
Perspectiva de Natalia
Tengo un Mati alegre frente a mí. Me muestra una sonrisa perfecta con sus mejillas llenas de color y vida. A un lado de él se encuentra Sebas, quien me parece decepcionado con algo que seguramente no salió como esperaba.
Sebas, me gustaría dejarte todo lo que sé y hacer de este reto para ti un viaje liviano, pero la única forma de que lo logres será así: sin saber cómo, solo haciéndolo como hasta ahora, movido por tu amor, puro y sincero.
Ambos me entregan un sobre y sonrío por lo tierno que es: mi amor pequeño y mi amor adulto se han unido para hacer esto juntos, sin saber que es su propia firma de adopción.
Les digo que las veré a solas y que ahora vayan a lavarse para cenar juntos. Ellos aceptan y se van platicando por el pasillo, en voz baja, algunas palabras que no logro distinguir.
Cuando Mati se duerme, aprovecho el momento para revisar mi buzón de cartas, y comienzo por la de Mati. Me encuentro un pequeño dibujo: él y yo tomados de las manos, sin palabras ni adornos, solo eso. Lo cual me parece lo más sincero que he recibido en lo que me parece mucho tiempo.
Luego ansiosa, desesperada y emocionada porque él nunca me había escrito una, paso a leer las palabras de Sebas.
«Te he visto todo el tiempo, Natalia. Creo que temías que te viera perder, día tras día, una parte de ti, la parte que te hace ser quien eres. No soy tonto, ha sido lo más difícil para ti. Te vi perder la paciencia conmigo y con todos los que comenzamos a tratarte diferente por amor; amor y miedo a perderte en cualquier momento. Te vi perder tu cabello, el peso y hasta tu color natural de piel. Vi cómo intentaste ocultar esos hematomas en tu piel que ahora formaban parte de tu diario respirar.
A tu parecer, vi lo peor de la enfermedad, lo que no se debería, lo que nadie quiere, pero Nat, ¿cómo sabrías cuán real era mi amor si no me quedaba a ver todo eso? No era tu culpa.
Pero hubo dos cosas que descubrí: mientras todo cambiaba a tu alrededor y con nosotros, hubo algo que no cambió: tu mirada. Nunca, en ningún momento, ha desaparecido el hermoso brillo de tus ojos. No solo cuando me miras a mí; al contrario, es ante todo y todos, por lo observadora que eres en este mundo. Si en medio de las más grandes dificultades que has pasado nada puede arrebatarte ese brillo, eso te hace la mujer más intrépida que jamás haya conocido. ¿Sabes cuán imponente eres? No tienes una idea.
Y lo segundo, Nat, para ti lo más importante quizás, para mí algo que ya sabía: cuando hablamos por primera vez del cáncer te dije que ya había pensado en todos los escenarios, y era verdad. Cuando te pedí matrimonio meses antes, justo en el momento en que lo planeé, primero me detuve a imaginarnos en todas las posibles formas de pasar el resto de mi vida contigo. Y ahí nos vi, en medio de la tragedia, la enfermedad e incluso la más grande de las crisis que pudiéramos tener. Me vi aferrándome a ti de todas y cada una de las posibles formas, es verdad, imaginarlo no se asemeja ni un poco a lo difícil que es la realidad que estamos viviendo. Pero a menos que tú decidieras algo distinto respecto a tu amor hacia mí, solo entonces te dejaría ir.
Al final me hiciste hacerlo, me haces dejarte ir. Sin embargo, sé la intención detrás de eso. Trágico, ¿no? Nos tocó de esta forma, de todas las existentes, fue esta. ¿Y sabes algo? Está bien, porque eres tú. Solo lo aceptaría si eres tú. Me habría gustado aceptarte en otro lugar y de otra forma; una iglesia habría sido perfecto, para ser exacto. Pero me tocó hacerlo aquí, en un papel, en un intento muy desesperado por aceptar que te voy a perder.
Pero ahora lo sé, Natalia, sé a qué te referías al obligarme y orillarnos a todos a pasar por este duelo, doloroso pero necesario. Y solo por eso, y porque tú pasaste por todo esto primero y completamente sola, me hace sentirme el hombre más orgulloso y afortunado. Ha sido la demostración más grande de amor que hasta ahora he recibido de ti, qué fortuna poder formar parte de esta pequeña parte de ti.