Caro es una prima cercana, de aquellas con las que creces. Llevábamos una relación realmente significativa hasta que nuestros caminos tomaron rumbos distintos; emocionalmente ya no estábamos en el mismo lugar.
No es que yo estuviera más adelante que ella o viceversa, sino que era el tipo de relación que se sitúa en una etapa diferente de la vida e, inevitablemente, la distancia se instala aunque intentáramos conectar.
En casa decidimos que ya era tiempo de hablar de mi situación con todo el que se pudiera, o simplemente con quien tuviera la cortesía de preguntar; era un hecho y ya no había por qué ocultarlo más. Así fue como llegamos a una visita sorpresa de la familia de mamá.
—Mi mamá habló con todos para decirnos sobre tu salud. Fue una noticia que nos dejó a todos preocupados; no lo pensamos más y vinimos a verlos, aunque sea un momento.
—Gracias por la visita —consigo decirle con una sonrisa apretada.
Ella me sigue mirando. Hace tanto tiempo que no veía sus ojos... Que me regale miradas de lástima no es exactamente cómodo.
—Sé que el tiempo pasó y es repentino, pero no lo pude evitar —agrega, intentando profundizar.
—Comprendo —respondo, y justifico con vergüenza—: Todos acordamos no preocupar a la familia, pero luego cada diagnóstico fue empeorando y me di cuenta de que mis papás necesitarían hablarlo con los demás, incluso para descansar con todo lo que han estado cargando durante este tiempo.
—Ha sido ya algo de tiempo el que has estado enferma, no puedo creer no haberme dado cuenta.
Ahí está: esa culpa que no quiero que sienta.
—Lo lamento —justifico de nuevo—. Me he enfocado en Mati, solo quiero dejar todo listo para él. Me envolví tanto en eso y en mi círculo inmediato que no me di el tiempo de hablar con nadie más —la miro buscando aprobación.
Mientras la escuchaba hablar, mi mente viajó a aquella vez que me obligo alejarme en silencio. No es que ella se haya equivocado antes, solo que no comprende. Como cuando se molestó aquella vez que intenté cuidar y alejar a Mati de su mascota porque lo quería morder, o cuando Mati intentaba ser curioso en su casa con objetos misteriosos. No es que yo no lo cuidara. Es que ella solo veía a un niño siendo niño; no estaba acostumbrada a esa convivencia. En cambio, yo solo veía a mi persona favorita descubriendo un mundo nuevo en cada hogar.
Decidí no llenar mi mente de ideas equivocadas y acepté que ya no estábamos en el mismo sitio en el que crecíamos al mismo tiempo.
—Pudimos también hablar con Sebas —comenta Caro—. Él está siendo una pareja increíble; supe que te ha acompañado durante todo el tratamiento.
—A mí me preocupa, ¿sabes? —le respondo—. No estuve tan convencida de que él pasara por todo esto.
—Pero él quiere estar; ha tenido esa oportunidad y es afortunado —insiste ella, intentando consolarme.
Yo niego despacio.—A mi parecer, todos son llamados por la sangre y el ser familia. Sebas no tiene eso. Cuando todo acabe, no le quedará nada, cada parte de él quedará partida en pedazos.
Ambas nos observamos y eso es todo lo que nos podemos ofrecer en ese intercambio. No hay paz ni tampoco tranquilidad detrás de las palabras; no siento la compañía ni tampoco el apoyo. Solo nos quedamos una vez más en un vano intento de conversar. Algunas cosas no mejoran con el tiempo ni con las circunstancias.
—Mi niña, tiene que seguir luchando, sí. No se rinda, todos estaremos apoyándote.
Las sonrisas que no llegan a mis ojos hoy fueron protagonistas, pero en ese mismo momento mi tía agrega algo más que me remueve el estómago un poco:
—Tienes que luchar por todos, nosotros y tu familia que te quiere. Tienes que luchar por tu hijo, no olvides cuánto él te necesita.
Con esto último estiro la sonrisa una vez más, sintiendo entumecidas las mejillas por tanta tensión acumulada en cuestión de segundos. Cuando finalmente se van, mamá se apresura a hablar:
—No sabíamos que vendrían, ellos debieron avisarme, no pensé que vendrían —me lo dijo casi con pena. Observo su mirada buscar la mía y bajarla al suelo después de eso último.
—Tranquila, mamá. Sé que sus intenciones son buenas. No es culpa de ellos no tener las palabras adecuadas; valoro cada gesto, incluso aunque no sea lo que necesito.
Dejamos estar el tema en paz y yo regreso a la habitación. Me acomodo en la cama para intentar descansar mientras escondo los últimos acontecimientos en el fondo de mis pensamientos.
No más mamá, Sebas, Mati, familia, solo dormir. Es todo lo que requiero ahora mismo.