Los días pasan lento, a diferencia de lo que yo creí. He tomado cada minuto como una oportunidad para hacer lo que siempre me ha gustado; así hago valer la vida que me queda.
Pero no he podido alejar la preocupación por mi hermano. Desde la última reunión familiar ha estado particularmente silencioso. ¿Será que lo aceptó sin más? No lo sé, tengo ligeras sospechas.
—Mamá, ¿crees que Lucas esté bien?
—Habló con tu papá ayer. Ellos encuentran la manera de que todo esté bien, ya sabes cómo es tu papá.
Papá sí, pero Lucas, no lo sé. De igual manera, sea lo que sea, no puedo hacer nada hasta que él hable conmigo.
Durante la comida, Lucas le avisa a mamá que no llegará hasta la cena, y que por favor le haga su comida favorita. Sonrío porque seguro está teniendo un buen día para hacer esa petición.
Antes de la cena salí con Sebastián para hacer unas compras y acudir a un compromiso al siguiente día, por lo que la tarde pasó rápido y sin complicaciones. Todos son muy cuidadosos conmigo, casi como si fuera de un cristal fácil de romper.
Durante la cena ayudé a mamá a cocinar. Hoy ha sido un día en el que no he podido comer mucho, así que hago mi ritual de nutrición; de esta manera, mamá no se dará cuenta.
Después de la cena, mi hermano nos pide quedarnos un momento más porque tiene que hablar de algo importante; así que todos prestamos atención.
—Hermana, primero que nada, perdóname por haberme tardado tanto y por no haberte hablado mucho estos días.
Me sorprendo al igual que todos en la mesa. No esperaba tener esta conversación aquí, pero está bien; no siempre debo ser yo la de las iniciativas difíciles. Le sonrío a mi hermano y él asiente, listo para continuar:
—Lo he encontrado.
Me sorprendo por segunda vez debido al cambio de la conversación, pero él continúa con gran ánimo:
—Ya encontré el lugar en el que pueden ofrecerte un tratamiento nuevo. Estuve hablando con los médicos y no tendrás que pagar gran cosa, podemos costearlo. Además, es muy probable que funcione porque llevan mucho tiempo haciendo esta investigación, Nat. Así que todo estará bien.
Oh, no.
No, no, no.
La casa entera se ha paralizado para procesar esta información y, de pronto, las miradas cruzadas comienzan. ¿Acaso lo están considerando? De nuevo, ¿vamos a hacer esto de nuevo? ¿Por qué, Lucas?
—Lucas —comienzo en tono acusador—: Creí que ya habíamos dejado claro este punto.
—Sí, lo sé, sé lo que dijiste, pero te pido solamente que escuches lo que descubrí. Estuve buscando, y no es cualquier ensayo, Nat; es uno de altas probabilidades. Es la única oportunidad que tendremos, además, no tenemos nada que perder.
—Tú, Lucas... querrás decir que tú no tienes nada que perder. Porque de cualquier manera voy a morir, ¿no? ¿Qué más da si muero como ratón de laboratorio?
Nadie en casa mueve un músculo, y es que, vamos, hasta a mí me ha tomado por sorpresa. De todos, no pensé que sería Lucas el más descabellado.
—Nat, por favor —me suplica; además, observo cómo Lily, en silencio, se enciende en esperanza. Ella sabe que, si alguien puede convencerme, ese será Lucas.
—De todas las personas que podían pedírmelo, no pensé que ese serías tú.
—Al menos podemos hablar con los doctores. Tal vez te es difícil creerme, pero si los escuchas, con eso habrás considerado todas las opciones. Solo eso te pido, Nat.
Y todos me miran, no conformes, esperando que haga algo. Seguro todos esperaban a mi hermano el salvador, quien es el único que me puede convencer. ¿Es mucho pedir que se detengan? Solo quiero que paren.
—No volveré a ningún hospital, Lucas —le digo en tono cansado—. No pasaré mis días bajo observaciones agotadoras, porque suficiente he tenido ya. ¿Podemos entender eso, familia? Estoy cansada de esto, de hablarlo una y otra vez.
Todos vuelven la mirada a sus platos vacíos. Lucas se retira enojado de la mesa, olvidando por completo sus modales, se encierra en su habitación con portazo y todo. Somos unos niños mimados, sin duda. Que Dios ayude a Sebastián y a Mati con esta herencia que les voy a dejar.
Entonces lo noto: Mati estuvo ahí todo el tiempo, pasando desapercibido. Golpe bajo, hermano. Antes de que comience el desfile de preguntas, le pido que nos retiremos de la mesa con cuidado y recogiendo nuestros platos.
En el cuarto, como si estuviera aguantando con gran dificultad no preguntar, por fin lo suelta:
—¿Qué es un ratón de laboratorio?
Paso el resto de la noche, explicando todo lo que acaba de pasar hasta que se queda dormido, no sin antes dejarme un recordatorio muy valioso:
—Pero, mamá...
—¿Qué pasa?
—El tío Lucas siempre te ha querido mucho, solo que él no sabe que le tienes mucho miedo a esas inyecciones y medicinas. Díselo, mamá, él lo va a entender.
Así que sí, en mitad de la noche fui a su habitación y toqué con la esperanza de que estuviera profundamente dormido.
—Pasa —escuché en seco desde el otro lado.
Entré y ahí estaba, sentado en su cama, recargado entre la pared y la cabecera, con su teléfono. Me ve y me estira una sonrisa diminuta.
—¿No puedes dormir? —me pregunta.
—Vine a decirte algo —lo miro, y como no sé qué decirle, voy directo a la razón por la que estoy aquí—: Lucas, le tengo miedo a las inyecciones y esas medicinas son horribles.
Nos miramos un par de segundos y al final cedemos a la risa. Él se acerca y me abraza con cuidado.
—¿Te dijo Matías que me dijeras eso? ¿En serio? Estamos cerca de conseguir la paz mundial, entonces.
—Cuando me lo dijo tenía bastante sentido. Lo que siento es muy parecido a eso.
—Si él te lo pidiera, Nat, si fuera Mati quien te dijera que te cures a como dé lugar, ¿qué harías?
—Él ya lo hizo, pero no como tú crees. Él lo intentó y al final lo dejó estar.
—Pienso que es muy afortunado de tenerte; incluso estoy realmente celoso de él. Haces todo esto, y él está ahí existiendo como si nada.