el peso de la ley

capitulo 2: Ocho pisos

Lara rápidamente cuelga el teléfono. Se levanta con violencia; la vieja silla emite un ruido áspero. Derrama su café sobre la mesa, pero no hay tiempo para mirar atrás. Toma las llaves con desesperación y se dirige hacia su auto.

Lo malo es que la velocidad está en su contra.

Tiene que bajar ocho pisos. El edificio era viejo, demasiado silencioso para esa hora, con luces que parpadeaban y paredes que parecían guardar secretos. Cada escalón crujía bajo sus pies, como si el lugar entero respirara con dificultad. Ella lo hace lo más rápido posible. Ya había bajado uno… dos… tres… cuatro… y estaba por mencionar el cinco, pero ahí se cae, doblándose el tobillo.

Mientras se estremece del dolor, su teléfono suena una y otra vez. Lo mira sin prestar mucha atención, pero algo le huele extraño. Es raro que perciba un aroma nuevo entre el olor a cigarrillo que lleva encima, como si alguien hubiera estado allí segundos antes.

En fin.

Observa que le llega una llamada de un número desconocido. Atiende pensando que es un número equivocado o una llamada de spam, pero escucha una voz perturbadora.

—Hola, Lara.

Ella responde, aún agitada:

—Hola… sí, ¿quién habla?

—¿Acaso no me recuerdas?

Lara, un poco agobiada —no sabe si por el dolor o por la llamada— responde:

—¿Debería recordarte?

—Claro que sí. Soy la razón de tu único fallo en tu carrera. Nunca pudiste encontrarme ni siquiera saber quién soy. Eso debe ser humillante.

Lara al segundo sabe de quién está hablando, pero intenta convencerse de que es solo una broma de mal gusto. Ahí mismo responde:

—¿Sabés qué? Este tipo de bromas les puede salir muy caro, señor.

—¿SEÑOR? —responde la voz misteriosa.

—Sí, señor —dice Lara—. Puede ser arrestado por esto.

—Si esto fuera una broma, Larita… ¿cómo sabría que ahora mismo te lastimaste el tobillo y que ibas directo a ver a la nueva víctima que asesiné?

Antes de que pudiera terminar la frase, la llamada se ve interrumpida por su compañero Paul. Como se encontraba en otra llamada, entra el buzón de voz.

La grabación tarda unos segundos en arrancar. Primero se escucha respiración agitada. Luego pasos. Algo metálico cayendo al suelo.

Y recién entonces, la voz de Paul, baja, tensa, casi susurrando:

“Lara… Lara… ¿me escuchás? Algo no está bien acá.”

Silencio.

Después un ruido húmedo, como si alguien hubiera pisado algo blando.

“LARA, ¿DÓNDE MIERDAS ESTÁS? Acabo de encontrar una foto tuya dentro del cadáver de esta mujer… y no entiendo cómo llegó ahí. Las puertas estaban cerradas desde adentro. No hay señales de entrada forzada. Es como si alguien nos hubiera estado esperando.”

Se oye un golpe seco a lo lejos.

“Vení rápido… por favor. Tengo la sensación de que no estamos solos.”

La grabación se corta abruptamente.

Al escuchar eso, Lara se congela con el frío, con la humedad y, en especial, con el terror que le recorre todo el cuerpo. Sabe que la llamada fue real… y que, lo peor de todo, se encuentra encerrada en ese edificio con este maldito asesino.




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