el peso de la ley

capitulo 6: La primera grieta

4 de agosto del año 2004 (Actualidad)

Lara corre fuera del departamento y abre la puerta con ese molesto ruido de siempre. Aunque tenga el pie lastimado y sangre por todos lados, corre hacia abajo. Al fin consigue salir de ese maldito edificio, no sin antes ser juzgada con la mirada por el vecino del 27.

Cuando logra salir afuera, su aliento se mezcla con la ciudad de Detroit: oscura, silenciosa, pesada… interrumpida solo por las sirenas de la policía.

Su amigo Paul llega al edificio para ver si todo está bien. Bastante tarde, se podría decir.

Un ruido fuerte se escucha.

Paul pega un portazo y corre mientras pregunta si Lara está bien. Ella insiste en que sí, pero le explica que asesinó a un impostor del Asesino de Viernes Trece y que el cuerpo se encuentra en el piso 27.

Todo esto mientras tiembla de frío, con una mirada perdida.

Paul la entrega a la ambulancia, y luego él mismo, junto a cuatro agentes, suben a la habitación 28.

La puerta está entreabierta esta vez, y no cruje tanto como antes.

Mientras entran, uno de los agentes se separa para hablar con el vecino del 27. Paul y ahora tres agentes ingresan a un departamento dado vuelta, como si hubiera pasado un terremoto hace apenas unos minutos.

Paul da la orden de que se dispersen por todo el lugar. Algunos van al baño, otros a la cocina.

Lo que importa es hacia dónde se dirige Paul.

Camina un poco por los pasillos, pareciendo por momentos hasta el propio asesino. Sus pasos son pesados, pero a la vez cargados de intriga, en busca de respuestas.

Ve la habitación del propietario al final de la sala.

Se arma de valor.

Da unos últimos pasos.

Toma la manija.

Y, como si fuera costumbre, chilla peor que una silla vieja.

Un olor fuerte recorre todo su cuerpo y se esparce por el piso.

Paul gira lentamente la cabeza.

Ahí ve el cuerpo del que hablaba Lara, tumbado sobre su propia sangre, con el arma homicida a un costado y el teléfono del muerto junto a su mano.

Lo toma y lo guarda en una de esas bolsitas de plástico.

Se retira y encarga a los oficiales que observen el cuerpo.

Paul sale del apartamento para dirigirse hacia Lara.

Al verla, le pregunta cómo sabía que ese asesino era un impostor y no el verdadero.

Ella le cuenta sobre la llamada que recibió.

Paul, extrañado, le dice:

—Ese teléfono no recibió ninguna llamada hoy.

Un silencio incómodo invade el aire, como si toda la ciudad se hubiera detenido.

Lara insiste:

—Fue real… yo hablé con él.

Paul repite lo mismo.

No hay registro.

Lara baja la mirada.

“¿Será que estoy quedando loca?”, se pregunta.

¿O acaso esa llamada nunca quedó marcada en el buzón de voz?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.