el peso de la ley

Capitulo 8: Reflejos Que Mienten

Lara, con más dudas que respuestas y sin saber en qué —o en quién— creer, decide intentar dormir. Está completamente agotada, sin mucho más que decir y con demasiadas cosas girándole en la cabeza.

La doctora Kali acomoda su cama, apaga las luces y sale de la habitación. Camina por los pasillos con la libreta en la mano, repasando los apuntes de la protagonista. Llega hasta recepción.

—Hola, Miranda. ¿Sabés si el doctor Owens vino hoy?

—Sí, doctora. Está en su oficina, en el piso tres.

—Perfecto, muchas gracias.

Responde con un tono amable, pero decidido, y se dirige al ascensor. Está vacío. Presiona el botón del piso tres. Mientras espera, suena una música ambiental suave, casi fuera de lugar.

Al llegar, camina hasta la oficina del doctor Owens.

—Toc, toc. Buenas, doctor… ¿tiene un minuto?

—Kali, pasá. ¿Qué tienes para decirme?

—Estoy preocupada por nuestra nueva paciente, la detective Lara Sánchez.

—¿A qué te referís?

—Creo que podría estar sufriendo algún tipo de secuela… o un brote psicótico. Dice cosas sin sentido, habla sola y afirma hechos que aparentemente no ocurrieron.

Owens cruza las manos.

—Entiendo. ¿Y qué proponés?

—Tal vez lo mejor sería que hable con un psicólogo.

—Me parece bien. tengo un amigo que podria ayudarnos. Traeme su informe.

—Acá lo tiene.

Mientras tanto, dos pisos más abajo, Lara permanecía despierta mirando el techo blanco, sin emitir una sola palabra. Su respiración era irregular. Tenía la garganta seca. Mira hacia la izquierda buscando respuestas. Luego hacia la derecha.

El reflejo del vidrio le devuelve una imagen borrosa.

Y entonces lo ve.

Una silueta detrás de ella.

Un rostro que no debería estar ahí.

Lara abre la boca, pero no le sale la voz. El corazón le golpea el pecho con violencia, como si quisiera escapar. Sus manos empiezan a temblar.

Y de pronto…

Lara suelta un grito desgarrador y cae de la cama.

Paul, que dormía en la sala de espera con la cabeza apoyada en el hombro, se despierta de golpe. Corre hasta la habitación y encuentra a su compañera encogida contra la pared, con los ojos abiertos tratando de decir algo.

—Lo vi… estaba ahí… en el reflejo… estaba atrás mío…

Paul, cada vez más confundido, mira alrededor.

—No hay nadie, Lara. Mirame. Respirá conmigo. Todo va a estar bien.

Ella lo agarra del brazo con fuerza.

—Te juro que era él. Sentí su presencia. No era un sueño.

La doctora Kali llega en ese momento y decide colocarle un suero.

—Está en shock —dice en voz baja.

—¿Qué carajos le pusiste? —pregunta Paul, alterado.

—Un sedante leve. Necesita dormir o esto va a empeorar.

Paul aprieta los dientes.

—Si le pasa algo…

—Estoy haciendo lo posible —responde Kali, mirándolo fijo.

Paul golpea la pared antes de salir.

Justo cuando vuelve a su silla, suena su teléfono.

—Buenas, detective Paul.

—Paul, soy Bucks. Tenemos un testigo del asesinato de Lara Fernández.

—¿Estás seguro? No había nadie cuando llegué a la escena.

—Sí, imbécil. Traé tu trasero para acá.

Paul se dirige de inmediato a la comisaría.

Un portazo seco anuncia su llegada.

—¿Dónde está el mayor Bucks?

—Sala de interrogatorio cuatro.

Camina hacia allí con pasos pesados, todavía mojados por la lluvia. Golpea el vidrio.

—Pasá —dice Bucks—. Se llama Selenco Fraide. Dice que vio al asesino entrar con la mujer al lugar del crimen. Pero solo quiere hablar con vos… y con Lara.

—¿Por qué con Lara?

—No lo sé. Ahora entrá. Quiero respuestas.

Paul se sienta frente al testigo y enciende la grabadora.

—Soy el detective Paul.

—Sé quién sos, imbécil.

Paul mantiene la mirada fija.

—Hablemos de anoche.

Selenco mueve ligeramente la cabeza.

—¿Y Lara cómo está?

—Respondé lo que te pregunto.

—Qué carácter… ella siempre fue así.

Paul siente un nudo en el estómago.

—¿La conocías?

Selenco sonríe apenas.

—Escuché que se está volviendo loca… después de que mi compañero casi la mata.

El cuerpo de Paul se tensa. Su puño se cierra y se abalanza sobre él, golpeándolo una y otra vez.

—¿Qué dijiste?

Selenco se ríe, con la boca llena de sangre.

—Seguro que Lara está bien allá en el hospital…

Bucks irrumpe en la sala.

—¡Paul! ¿Qué carajos hacés?

Paul se separa, temblando.

Pide que se lleven al testigo y sale corriendo hacia su auto.

Intenta llamar a Lara… y recuerda que está inconsciente.

Llama al hospital.

Mientras tanto, el hospital comienza a sufrir fallas eléctricas por la tormenta. La recepcionista envía al guardia a revisar el generador.

Paul maneja a más de noventa kilómetros por hora.

—Mierda… mierda…

Por poco provoca un accidente.

Cuando llega, baja del auto de un salto.

Un portazo. Rayos iluminan el cielo.

Algo hace click en su mente.

Pooom.

Una explosión sacude el hospital.

Paul es lanzado contra el asfalto. Su cabeza golpea uno de los autos estacionados. Trata de aferrarse a la conciencia, pero sus ojos se cierran lentamente mientras ve caer el cartel que dice: HOSPITAL.




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