Capítulo 1
La huida de Sigrid
Runa
La noche se había vuelto más fría de lo habitual, como si el viento presintiera lo que estaba por ocurrir. Runa caminaba apresurada por el jardín trasero de la casa, con los dedos entrelazados y el corazón latiéndole con fuerza. Cada hoja que crujía bajo sus pies parecía un recordatorio de que algo estaba cambiando, que nada volvería a ser igual.
Fue entonces cuando la vio: Sigrid, su hermana mayor, corriendo hacia la puerta del bosque con una determinación que Runa no había visto nunca. Sigrid siempre había sido audaz, confiada, hermosa… todo lo que Runa sentía que nunca sería. Y ahora… estaba huyendo.
—¡Runa! —llamó Sigrid, sin voltear, casi jadeando—. No puedes quedarte aquí… No quiero arruinar nada.
Runa la alcanzó con pasos apresurados, su voz temblando.
—¿Sigrid? ¿Qué estás haciendo? ¿A dónde vas?
Sigrid se detuvo un instante, respirando con dificultad, y la miró de reojo.
—Tengo que irme… —dijo con firmeza—. No quiero casarme con Haldor, no quiero ser parte de esta alianza. Tú… tú podrías ayudarme. Si quieres… podrías tomar mi lugar.
Runa parpadeó, incrédula.
—¿Mi lugar? ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó, intentando procesar las palabras.
Sigrid negó con la cabeza y respiró hondo.
—No tengo tiempo para explicarte todo… Solo hazlo… por mí. Por la familia, por el pacto, por… no sé, por todo.
Runa sintió un nudo en el estómago.
—¡No! —dijo, firme—. No puedo, no quiero reemplazarte. No soy como tú.
Sigrid bajó la mirada, apenas audible.
—Lo sé… —murmuró—. Pero alguien tiene que hacerlo, y pensé que…
Runa la interrumpió, con una mezcla de miedo y frustración.
—¡No voy a ser tu reemplazo! ¡No puedo ser otra persona que no soy!
El viento del bosque se arremolinó a su alrededor, arrastrando hojas y polvo, como si la naturaleza misma quisiera empujarlas hacia lo desconocido. Por un momento, Runa deseó poder desaparecer, mezclarse con la noche y dejar que Sigrid resolviera su problema sola. Pero no podía. Nunca había podido.
Sintió pasos acercándose, crujidos que hacían eco en la oscuridad. Sigrid le dio un último vistazo, con una mezcla de tristeza y determinación.
—Lo siento, Runa… —susurró—. Pero me amo más a mí misma de lo que puedo amar lo que esperan de mí.
Y antes de que Runa pudiera decir algo más, Sigrid desapareció entre los árboles, dejando solo la sensación de vacío y una figura que se desvanecía en la penumbra.
Runa permaneció allí, paralizada, preguntándose qué había ocurrido. ¿Qué tan grave debía ser la situación para que su hermana, siempre vanidosa e interesada en las apariencias, decidiera huir? ¿Qué debía significar todo esto?
De repente, la voz de su padre rompió la noche.
—¡Runa! —gritó, con un tono que mezclaba miedo y furia—. ¡¿Dónde está tu hermana?!
Antes de que pudiera responder, Runa sintió un tirón en su brazo y fue arrastrada hacia la mansión. El miedo, la confusión y la presión de la familia se arremolinaron en su pecho, aplastándola. Por primera vez, entendió que la huida de Sigrid no solo traería problemas para ella, sino que cambiaría para siempre la vida de todos a su alrededor.
#1140 en Fantasía
#644 en Personajes sobrenaturales
amor matrimonio arreglado esposa virgen, hombres lobo alpha y luna, hombres dominantes
Editado: 25.01.2026