La presión de la familia
Runa
La puerta de la mansión se cerró de golpe tras ella, haciendo que el eco del portazo resonara en toda la sala principal. Runa estaba temblando, atrapada entre el miedo y la incredulidad. Su padre, un hombre alto y de voz grave, la miraba con los ojos llenos de furia. Su respiración era rápida y pesada, como si cada palabra que iba a pronunciar fuera un golpe.
—¡¿Dónde está Sigrid?! —exclamó, la voz quebrándose entre la ira y la desesperación—. ¡¿Me vas a decir que desapareció de la nada?!
Runa dio un paso atrás, intentando explicar, pero su garganta se sentía seca.
—Yo… yo no sé, papá… —balbuceó—. No la vi desde que salió…
Su padre golpeó la mesa con fuerza, haciendo que los candelabros temblaran.
—¡No me mientas, Runa! ¡Ella nunca haría algo así sin que alguien lo supiera! —gritó, volviéndose hacia su madre, cuyos ojos evitaban el contacto—. ¡Tú! ¿Por qué no nos dijiste nada? ¿Por qué ocultaste lo que tu hija mayor hizo?
Su madre bajó la cabeza, incapaz de sostener la mirada de su esposo.
—Lo… lo intenté, pero no creí que fuera posible detenerla… —susurró—. Solo quise protegerlas…
—¡Protegerlas! —rugió su padre—. ¡Has permitido que nuestra familia pierda la alianza más importante por tu culpa!
Runa sentía cómo la presión de la situación la aplastaba. Su corazón latía con fuerza, y las lágrimas amenazaban con escapar. No era solo la desaparición de su hermana, ni la ira de su padre; era todo el peso de la expectativa familiar que parecía haber caído sobre ella de golpe.
—Papá… yo no… —intentó protestar, pero la voz le temblaba—. No soy Sigrid. No puedo reemplazarla.
Su padre se acercó a ella, bajando la voz, pero con la misma intensidad.
—No importa lo que tú creas, Runa. La familia necesita mantener esta alianza. No podemos permitirnos el escándalo ni la deshonra. Si Sigrid no regresa… tú serás nuestra segunda opción.
Runa lo miró, atónita.
—¿Yo? —susurró—. ¿Quieres decir que debo…?
—Exactamente —dijo su padre—. Debes ocupar el lugar que tu hermana dejó vacante. No por tu deseo, sino por el bienestar de todos. Y si te niegas… tendrás que asumir las consecuencias de no cumplir con tu deber.
Su madre suspiró, y Runa pudo ver en sus ojos una mezcla de tristeza y resignación. Todo el peso de la decisión de Sigrid había caído sobre ella, y ahora le tocaba soportarlo sola.
Runa cerró los ojos, intentando calmarse, pero en su interior una voz se alzaba con fuerza: “No puedo ser otra persona que no soy. No voy a permitir que decidan por mí.”
Sin embargo, mientras escuchaba a su padre hablar de la “segunda opción de la alianza”, Runa supo que no tenía tiempo para dudas ni miedos. La noche había cambiado todo, y ahora debía enfrentarse a un destino que jamás había imaginado.
El aire en la mansión estaba cargado de tensión, y la luna brillaba a través de las ventanas, iluminando su rostro con una luz fría. Runa comprendió que, aunque no quisiera, su vida acababa de dar un giro que la pondría frente a decisiones imposibles y desafíos que jamás habría esperado.
Y así, la historia de Runa, de la huida de su hermana y de la imposición de un destino que no eligió, apenas comenzaba.
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Editado: 26.01.2026