"No siempre podemos elegir lo que otros dicen de nosotros, pero sí cómo decidimos enfrentar esas palabras."
Las horas fueron pasando y, poco a poco, la conversación cambió de tema.
—¿Y cuándo te entregarán tu título universitario? —preguntó doña Natalia.
—Dentro de unos seis meses, aproximadamente —respondió Elena.
La mujer sonrió con cariño.
—¡Qué buena noticia! Así les demostrarás que sos capaz y que podés llegar mucho más lejos que quienes hoy hablan mal de vos.
Elena solo sonrió con timidez. Agradecía aquellas palabras de aliento.
Después de una hora de conversación, doña Natalia se despidió y regresó a su casa.
Cuando la puerta se cerró, la madre de Elena se acercó a su hija. Había notado su preocupación desde el momento en que escuchó aquellos rumores.
—Hija, llamá a tu madrina Sara. Ella sabrá aconsejarte mejor. Es psicóloga y también abogada. Aunque, si me preguntás a mí, te diría que no les hagas caso. Ellos te tienen envidia porque sos una buena persona.
—Sí, mamá. La voy a llamar mañana. Ahora está en Brasil por cuestiones de trabajo, pero le enviaré un mensaje para avisarle que necesito hablar con ella.
La madre respiró con más tranquilidad.
—Mejor así, hija mía. Sé fuerte. Y también contale a la hermana Lina.
Elena levantó la mirada.
—Está bien, mamá, pero no creo que sea necesario preocuparla.
—Claro que sí. La hermana Lina te acompañó durante tres años de estudio. Te aconsejó cuando más lo necesitabas e incluso estuvo a tu lado el día que defendiste tu tesis. No te dejó sola ni un solo momento. Ella te aprecia mucho, y vos lo sabés.
Elena asintió lentamente.
—Tenés razón, mamá. Hablaré con ella.
Al día siguiente, un frío lunes por la mañana, Elena se despertó a las cinco en punto. El contraste con el calor del domingo era evidente. Encendió el fuego en la cocina de leña y preparó un mate bien caliente para comenzar el día.
Antes de continuar con sus tareas, tomó su teléfono celular y le envió un mensaje a su madrina Sara preguntándole si podía llamarla.
Media hora después llegó la respuesta.
"Estoy un poco ocupada esta mañana, pero alrededor de las once quedaré libre. Yo te llamo."
Elena sonrió con alivio.
Mientras acomodaba la leña, su madre entró a la cocina.
—Buen día, hija mía.
—Buen día, mamá. Ya le envié el mensaje a mi madrina. Me dijo que me llamará alrededor de las once.
—Qué bueno, hija. Ah, ¿vas a ir hoy a la ciudad?
—Sí, mamá. Justamente iba a preguntarte si necesitabas que comprara algo.
—Sí. Comprá algunas semillas de verduras para la huerta. Y llevate a una de tus hermanas.
—Está bien, mamá. No te preocupes. Así lo haré.
Sin imaginarlo, aquel viaje a la ciudad marcaría el inicio de nuevos acontecimientos que cambiarían el rumbo de su historia.