El peso de las mentiras.

Capítulo X

“La verdad siempre encuentra el camino para salir a la luz, aunque antes de hacerlo deba atravesar el peso de la duda.”

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Después de la inesperada visita de Aleksandr Volkov, el ambiente en el apoyo escolar ya no era el mismo. Durante el resto de la jornada, los comentarios no dejaron de circular entre los presentes. Algunos intentaban comprender lo sucedido, mientras otros alimentaban aún más los rumores.

Elena procuró concentrarse en su trabajo con los niños, aunque su mente seguía repasando una y otra vez todo lo ocurrido.

Al finalizar una de las actividades, una de sus compañeras se acercó.

—Elena, la directora del apoyo quiere hablar con vos cuando tengas un momento.

Elena respiró profundamente y asintió.

—Está bien, ya voy.

Con cierta inquietud, caminó hasta la oficina. Al entrar, saludó con respeto.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes, Elena. Sentate, por favor —respondió su jefa con un tono amable.

Elena tomó asiento.

La directora la observó durante unos segundos antes de comenzar la conversación.

—Quiero preguntarte algo con total sinceridad. Hoy pasó una situación muy fuera de lo común y necesito conocer tu versión.

Elena asintió.

—Sí, licenciada.

—Ese hombre extranjero que vino a buscarte... ¿quién es realmente?

Elena bajó la mirada por unos instantes.

—La verdad es que no lo conozco personalmente. Solo sé que se llama Aleksandr Volkov y que conoce a mi madrina.

La directora permaneció en silencio.

—¿Y sabías que iba a venir?

—No, fue una sorpresa para mí también.

La mujer suspiró.

—Entiendo.

Luego apoyó las manos sobre el escritorio.

—También quiero preguntarte por otra cosa.

Elena sintió un nudo en el estómago.

—En los últimos días escuché algunos comentarios sobre vos. Hay personas que hablan de fiestas, de salidas y de otras cosas que, sinceramente, no coinciden con la imagen que tengo de vos.

Elena sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Licenciada... todo eso es mentira.

Su voz tembló.

—No sé por qué comenzaron esos rumores, pero me están haciendo mucho daño. Mi familia también está sufriendo por todo esto.

La directora la escuchó atentamente.

—¿Sabés quiénes iniciaron esos comentarios?

Elena dudó unos segundos.

—No tengo pruebas para acusar a nadie, pero varias personas me dijeron que algunos de esos rumores comenzaron por comentarios del director de la escuela del barrio y de Antonio.

La directora guardó silencio.

—Comprendo.

Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana.

—Durante el tiempo que trabajaste con nosotros siempre fuiste responsable, respetuosa y comprometida con los niños. Por eso preferí escucharte antes de creer cualquier comentario.

Las palabras de su jefa hicieron que Elena sintiera un gran alivio.

—Gracias por confiar en mí.

La directora le sonrió.

—La confianza también se gana con las acciones, y vos lo demostraste desde el primer día.

Después agregó con firmeza:

—Quiero que sigas trabajando con la misma tranquilidad de siempre. Si alguien intenta perjudicarte dentro del apoyo escolar, hablá conmigo inmediatamente. No voy a permitir que los rumores afecten el ambiente de trabajo ni el bienestar de los niños.

Elena sintió que un peso comenzaba a salir de su corazón.

—Muchas gracias, licenciada.

Al salir de la oficina, respiró profundamente.

Por primera vez en varios días sintió que no estaba sola.

Sin embargo, muy cerca de allí, Antonio observaba la escena desde la distancia.

Al verla salir con una expresión más tranquila, comprendió que las cosas no estaban saliendo como él esperaba.

Y, sin que Elena lo supiera, comenzó a pensar en una nueva manera de desacreditarla.

La batalla apenas estaba comenzando.




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