El peso de las mentiras.

Capítulo XI

“Cuando alguien intenta apagar la luz de otra persona, no imagina que esa misma luz puede convertirse en una fuerza imposible de detener.”

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Los días siguientes parecían tranquilos en apariencia, pero Elena sentía que algo estaba por suceder. Aunque en el apoyo escolar había recibido el respaldo de su jefa, sabía que los rumores no desaparecían de un momento a otro.

Continuó con sus actividades habituales, ayudando a los niños, preparando materiales y cumpliendo con sus responsabilidades. Sin embargo, cada vez que caminaba por el barrio, podía sentir algunas miradas diferentes sobre ella.

Una mañana, mientras organizaba unas actividades, Lucía se acercó preocupada.

—Elena, escuché que Antonio y el director estuvieron hablando nuevamente sobre vos.

Elena dejó lo que estaba haciendo y la miró.

—¿Qué dijeron?

—No sé exactamente, pero parece que están molestos por lo que pasó con ese hombre extranjero.

Elena suspiró.

—Yo solo quiero que todo esto termine, Lucía.

—Lo sé, pero parece que ellos no quieren dejarlo así.

Mientras tanto, en otro lugar del barrio, Antonio y el director conversaban en voz baja.

—Desde que apareció ese hombre, todo cambió —dijo Antonio con molestia.

El director permanecía pensativo.

—No podemos actuar sin pensar. Ahora todos están observando.

Antonio golpeó suavemente la mesa con frustración.

—Pero no podemos permitir que Elena quede como una víctima y que nosotros quedemos como los culpables.

El director lo miró seriamente.

—Ten cuidado con lo que haces. Una cosa es hablar y otra es provocar un problema mayor.

Antonio no respondió. En su mente ya buscaba la manera de recuperar el control de la situación.

Ese mismo día, Elena recibió una llamada inesperada.

Era su madrina.

—Hola, hija. ¿Cómo estás?

—Hola, madrina. Estoy bien… aunque han sido días difíciles.

La madrina guardó silencio por unos segundos.

—Me enteré de lo que pasó.

Elena se sorprendió.

—¿Cómo supiste?

—Tengo mis maneras de enterarme. Pero quiero decirte algo: no permitas que las acciones de otras personas cambien la mujer en la que te convertiste.

Elena sonrió levemente.

—A veces siento que es demasiado, madrina.

—Lo sé, hija. Pero recordá algo: las personas que brillan siempre llaman la atención, incluso de quienes no desean verlas avanzar.

Después de la llamada, Elena se quedó unos minutos pensando.

Sabía que no podía controlar lo que otros decían de ella, pero sí podía decidir cómo responder.

Esa tarde, mientras estaba en el apoyo escolar, llegó una noticia que volvió a cambiar el ambiente.

La directora recibió un mensaje informando que alguien había presentado una queja sobre Elena.

Al escuchar su nombre, Elena sintió nuevamente esa presión en el pecho.

—¿Una queja sobre mí? —preguntó sorprendida.

La directora la miró con preocupación.

—Sí, hija. Pero antes de sacar conclusiones, vamos a revisar todo.

Elena asintió, aunque en su interior apareció nuevamente el miedo.

Después de tantos rumores, ahora alguien había dado un paso más.

Ya no eran solo palabras.

Era una acusación.

Y Elena sabía que tendría que enfrentar una nueva prueba.Aunque no estaba presente físicamente, no había dejado de preocuparse por ella. A través de personas de confianza y de los informes que le hacían llegar, estaba al tanto de los comentarios que circulaban, de las dificultades en el apoyo escolar y de la manera en que algunos intentaban afectar la imagen de Elena.
Desde su oficina, revisaba la información que recibía con expresión seria.
—¿Continúan los rumores? —preguntó.
Una de sus personas de confianza asintió.
—Sí. Parece que algunas personas no quieren dejar el tema atrás.
Aleksandr permaneció en silencio durante unos segundos.
—Ella no merece estar pasando por esto.
La persona frente a él lo observó con respeto.
—¿Desea intervenir?
Aleksandr negó lentamente.
—No todavía. Elena debe tener la oportunidad de defenderse por sus propios medios. Pero si alguien intenta destruir su futuro con mentiras, no permitiré que eso ocurra.
Su mirada se volvió más firme.
—Manténganme informado de todo.
Mientras tanto, Elena continuaba enfrentando una nueva etapa de incertidumbre sin imaginar que, desde lejos, alguien seguía atento a su situación y esperaba el momento adecuado para apoyarla.




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