“Hay verdades que, cuanto más se investigan, más preguntas despiertan.”
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Después de varios días sin obtener respuestas, Antonio decidió averiguar quién era realmente Aleksandr Volkov.
La curiosidad ya se había convertido en una obsesión.
Aquella misma mañana viajó hasta la ciudad de Natalio con la intención de hablar con algunas personas que pudieran conocer al misterioso extranjero.
Al principio nadie parecía saber mucho sobre él. Algunos solo recordaban haber visto una camioneta de alta gama estacionada cerca del apoyo escolar en otras ocasiones.
—¿Estás seguro de que era el mismo hombre? —preguntó Antonio.
—Sí. Alto, cabello negro, ojos azules y siempre acompañado por personas de seguridad —respondió uno de los vecinos.
Aquella respuesta despertó aún más su curiosidad.
Continuó investigando durante varios días.
Finalmente, una persona que había trabajado como chofer en un evento benéfico le comentó algo que lo dejó desconcertado.
—Ese extranjero no vino por primera vez hace unos días.
Antonio abrió los ojos.
—¿Cómo que no?
—No. Hace algunos años ya estuvo en Paraguay. Cada vez que venía por cuestiones de trabajo realizaba visitas discretas a distintos proyectos sociales y centros de apoyo educativo.
Antonio permaneció en silencio.
—¿Y el apoyo escolar...?
—Sí. Tengo entendido que en más de una oportunidad pasó por ese lugar sin hacer publicidad.
Antonio sintió un escalofrío.
Aquello significaba que la presencia de Aleksandr no había sido improvisada.
Mientras seguía reuniendo información, descubrió otro dato que terminó de sorprenderlo.
La madrina de Elena no solo era abogada.
También ocupaba un cargo importante dentro del departamento jurídico de una empresa multinacional vinculada a Aleksandr Volkov.
Antonio frunció el ceño.
—Entonces... ellos se conocen desde hace años...
La persona asintió.
—Así es. Ella trabaja en asuntos legales relacionados con la empresa y también participa en proyectos sociales impulsados por la fundación.
Antonio permaneció varios minutos en silencio.
Todo empezaba a tener sentido.
Ahora comprendía por qué Aleksandr había llegado directamente buscando a Elena.
Sin embargo, todavía había algo que no lograba entender.
—Si conocía a la madrina... ¿por qué recién ahora decidió acercarse a Elena?
Esa pregunta quedó sin respuesta.
Al regresar al barrio, Antonio caminó lentamente por la plaza.
Por primera vez comenzó a sentir preocupación.
Hasta ese momento había creído que Aleksandr era simplemente un hombre adinerado interesado en Elena.
Pero la realidad era mucho más compleja.
Estaba frente a una persona con influencia internacional, conexiones empresariales y una fundación que colaboraba con proyectos educativos en distintos países.
Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, Aleksandr terminaba una reunión.
Uno de sus asistentes se acercó discretamente.
—Señor Volkov, parece que alguien en Paraguay está haciendo preguntas sobre usted.
Aleksandr levantó la vista.
—¿Quién?
—Todavía no lo sabemos con certeza, pero varias personas consultaron sobre sus visitas anteriores al país y sobre la relación profesional con la doctora...
Aleksandr guardó silencio durante unos segundos.
Después sonrió levemente.
—Era cuestión de tiempo.
—¿Desea que intervengamos?
Aleksandr negó con tranquilidad.
—No. Que investiguen lo que quieran. No tengo nada que ocultar.
Luego agregó con firmeza:
—Pero continúen atentos a Elena. Lo único que me preocupa es que nadie vuelva a hacerle daño.
Mientras tanto, Antonio ignoraba que cada paso que daba en su investigación lo acercaba cada vez más a una verdad que cambiaría por completo su forma de ver a Elena... y también a Aleksandr Volkov.