El peso de las mentiras.

Capítulo XVI

“A veces, el destino vuelve a cruzar caminos justo cuando creemos que todo comienza a calmarse.”

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Las semanas pasaron con más tranquilidad de la que Elena había imaginado. Los rumores seguían existiendo, pero ya no tenían la misma fuerza de antes. Muchas personas del barrio comenzaban a notar que, a pesar de todo, ella seguía trabajando, ayudando a los niños y manteniendo la misma sencillez de siempre.

En el apoyo escolar, toda la atención estaba puesta en la organización de la fiesta por el Día del Niño.

La directora reunió a los voluntarios y comenzó a repartir tareas.

—Necesitamos organizar juegos, decorar el salón y preparar la merienda. También vamos a recibir donaciones de colaboradores externos, así que debemos dejar todo listo.

Lucía levantó la mano con entusiasmo.

—Yo puedo ayudar con los juegos.

—Y yo con la decoración —agregó Elisabeth.

La directora sonrió.

—Perfecto. Elena, ¿podrías encargarte de coordinar la lista de los niños y los regalos?

—Sí, licenciada.

Elena tomó una libreta y comenzó a organizar cada detalle. Hacía mucho tiempo que una actividad no le devolvía tanta ilusión.

Esa misma tarde, una voluntaria entró apresuradamente.

—¡Licenciada! Acaban de confirmar que representantes de una fundación internacional estarán presentes en la celebración.

—¿Ya dijeron quiénes vendrán? —preguntó la directora.

—Todavía no enviaron la lista completa, pero comentan que uno de los principales colaboradores podría asistir personalmente.

Lucía miró a Elena.

—¿No será...?

Elena sintió un pequeño nudo en el estómago.

—No lo sé.

Mientras tanto, Antonio también recibió la noticia y decidió reunirse con el director de la escuela.

—Parece que el extranjero va a volver.

—Sí, también me llegó ese comentario —respondió el director—. Después de todo lo que averiguaste sobre él, creo que debemos actuar con prudencia.

Antonio asintió, aunque en su interior seguía preguntándose por qué Aleksandr regresaría precisamente a ese lugar.

Los días continuaron con los preparativos.

La noticia de la visita de Aleksandr Volkov comenzó a difundirse rápidamente entre las personas vinculadas al centro de apoyo escolar. La sorpresa fue enorme.

Hacía aproximadamente cuatro años que el empresario ruso no visitaba personalmente el centro. Aunque su fundación había continuado colaborando con distintos proyectos sociales, él nunca había regresado a Paraguay.

Nadie conocía el verdadero motivo de aquella larga ausencia.

Algunos aseguraban que sus compromisos internacionales lo mantenían viajando constantemente. Otros pensaban que simplemente había delegado esas visitas en su equipo.

Sin embargo, un nuevo rumor comenzó a recorrer el barrio.

—Dicen que volvió porque está enamorado... —comentó una voluntaria.

—¿Enamorado? ¿De quién?

—No lo sé. Solo escuché que podría tratarse de una mujer paraguaya.

En cuestión de horas, el comentario se extendió entre los presentes.

Elena permanecía concentrada organizando los regalos para los niños, completamente ajena a aquellas conversaciones.

Finalmente llegó el día de la celebración.

Desde muy temprano, el centro de apoyo escolar se llenó de globos, música y risas infantiles.

Las autoridades locales, benefactores y organizadores esperaban la llegada de los invitados internacionales.

Aunque sabían que la fundación participaría del evento, nadie imaginaba que Aleksandr Volkov asistiría personalmente.

Cuando una elegante camioneta negra ingresó lentamente al predio, el ambiente quedó en silencio por unos instantes.

Los guardaespaldas descendieron primero. Segundos después, Aleksandr bajó del vehículo vestido con un traje azul oscuro.

Su presencia sorprendió incluso a los organizadores del evento, quienes no esperaban recibirlo en persona.

Muchos de los presentes sonrieron emocionados. Algunos llevaban años colaborando con la fundación y jamás habían tenido la oportunidad de conocer al empresario ruso.

Pocos minutos después comenzaron a llegar periodistas locales para cubrir la actividad solidaria.

Una de ellas logró acercarse a Aleksandr.

—Señor Volkov, en los últimos días circulan muchos rumores sobre usted. Se comenta que después de tantos años regresó a Paraguay por una razón muy especial. ¿Es cierto que está enamorado de una mujer paraguaya?

Los presentes guardaron silencio.

Aleksandr sonrió con serenidad antes de responder.

—Sí... es verdad.

La periodista abrió los ojos con sorpresa.

—Entonces, ¿los rumores son ciertos?

—Lo son.

—¿Esa mujer sabe lo que usted siente?

Aleksandr negó suavemente con la cabeza.

—No. Ella todavía no conoce mis sentimientos.

El silencio volvió a apoderarse del lugar.

Las cámaras captaron cada una de sus palabras.

A pocos metros de allí, Elena continuaba ayudando a los niños, sin imaginar que aquella respuesta acabaría convirtiéndose en la noticia más comentada del país y que, sin saberlo, su vida estaba a punto de cambiar para siempre.




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