“A veces, la persona que cambia nuestra vida está más cerca de lo que imaginamos, pero el corazón necesita tiempo para descubrirlo.”
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La noticia sobre las declaraciones de Aleksandr Volkov se había extendido rápidamente.
En las redes sociales y en los medios locales comenzaron a aparecer comentarios sobre el misterioso amor del empresario ruso. Muchas personas se preguntaban quién era aquella mujer paraguaya que había logrado conquistar el corazón de un hombre tan reconocido internacionalmente.
Sin embargo, nadie tenía una respuesta.
En el centro de apoyo escolar, la noticia también había llegado.
Mientras Elena acomodaba algunos materiales para la fiesta del Día del Niño, escuchó a unas voluntarias conversar.
—¿Escuchaste lo que dijo el señor Volkov?
—Sí. Es increíble. Después de tantos años volvió y además confirmó que está enamorado.
—Me da curiosidad saber quién será esa mujer.
Elena continuó organizando sin darle demasiada importancia.
—Seguramente será alguien importante —comentó una de las jóvenes.
Elena sonrió levemente.
—Sea quien sea, espero que sea feliz.
No imaginaba que aquellas palabras hablaban de ella.
Para Elena, Aleksandr seguía siendo un hombre extranjero que había aparecido inesperadamente en su vida, alguien que le había demostrado apoyo en un momento difícil, pero nunca había pensado que sus sentimientos pudieran estar relacionados con ella.
Ese mismo día, la directora del apoyo escolar recibió a los invitados de la fundación.
Todo estaba preparado: los juegos, la merienda, los regalos y las actividades para los niños.
Cuando Aleksandr ingresó al lugar, nuevamente causó sorpresa.
Los niños se acercaron con curiosidad, algunos emocionados por conocer a aquel hombre que había llegado desde otro país para compartir con ellos.
Aleksandr sonrió y saludó a cada uno con paciencia.
Aunque muchas personas esperaban ver a un empresario serio y distante, quedaron sorprendidas al observar su cercanía con los niños.
Elena se encontraba organizando una actividad cuando escuchó una voz conocida.
—Buenos días, Elena.
Al levantar la mirada, quedó sorprendida.
Era Aleksandr.
—Buenos días, señor Volkov. Bienvenido nuevamente.
Él sonrió.
—Me alegra volver a verla.
Elena respondió con respeto.
—Los niños están muy felices por la visita.
—Ellos son la razón principal de estar aquí.
Durante unos segundos ambos quedaron en silencio.
Aleksandr quería decir mucho más, pero decidió esperar.
Sabía que Elena todavía no conocía sus sentimientos y no quería presionarla.
—¿Cómo ha estado? —preguntó finalmente.
Elena sonrió.
—Mejor. Han sido tiempos difíciles, pero estoy tranquila.
Aleksandr la observó con atención.
—Me alegra escuchar eso.
En ese momento, una periodista que estaba cubriendo el evento se acercó nuevamente.
—Señor Volkov, disculpe la interrupción. Muchas personas siguen preguntándose si la mujer paraguaya de la que habló está aquí hoy.
Elena miró sorprendida.
No sabía por qué aquella pregunta le generaba una sensación extraña.
Aleksandr permaneció tranquilo.
—Creo que hay cosas que deben revelarse en el momento adecuado.
La periodista insistió.
—¿Entonces ella está presente?
Aleksandr miró por un instante hacia Elena, pero luego volvió la vista hacia la cámara.
—Sí, está presente.
El corazón de Elena se aceleró, aunque intentó no demostrarlo.
La periodista agradeció y se retiró.
—¿Usted conoce a esa persona? —preguntó Elena con curiosidad.
Aleksandr la miró.
—Sí.
—Debe ser alguien muy especial.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Aleksandr.
—Lo es.
Elena no imaginaba que estaba frente a la persona que había inspirado aquellas palabras.
Mientras tanto, a unos metros de distancia, Antonio observaba la escena en silencio.
Había escuchado la entrevista y también había visto la forma en que Aleksandr miraba a Elena.
Por primera vez, una sospecha comenzó a convertirse en certeza.
—No puede ser... —murmuró.
El director, que estaba a su lado, lo miró.
—¿Qué pasa?
Antonio no respondió.
Porque en ese momento comprendió algo que había estado frente a sus ojos todo el tiempo.
La mujer paraguaya de la que hablaba Aleksandr probablemente era Elena.
Y si eso era cierto, la historia que todos creían conocer estaba a punto de cambiar completamente.
Mientras la fiesta continuaba y los niños disfrutaban del día preparado para ellos, un secreto permanecía guardado.
Un secreto que pronto dejaría de serlo.