El peso de las mentiras.

Capítulo XVIII

"La verdad no necesita ser forzada; cuando llega el momento correcto, encuentra la manera de mostrarse.”

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Después de la celebración del Día del Niño, el centro de apoyo escolar continuó con su alegría habitual. Los niños seguían comentando sobre la visita de Aleksandr y la generosidad de la fundación, mientras los adultos no dejaban de hablar sobre aquella misteriosa mujer paraguaya de la que el empresario había mencionado en la entrevista.

Pero para Elena, todo seguía siendo una gran incógnita.

No entendía por qué Aleksandr parecía tener tanta confianza en ella ni por qué su mirada transmitía algo más que simple admiración por su trabajo.

Esa tarde, al finalizar la actividad, Elena recibió una llamada de su madrina.

—Hola, hija. ¿Cómo estás?

—Hola, madrina. Estoy bien. Hoy fue un día muy especial en el apoyo escolar.

Su madrina sonrió al escucharla.

—Me alegra mucho. Me enteré de la visita de Aleksandr.

Elena quedó en silencio por unos segundos.

—Madrina... justamente quería preguntarte algo.

—Decime, hija.

—¿Por qué él sabe tanto de mí? ¿Cómo conoció mi historia?

Al otro lado del teléfono hubo un breve silencio.

Su madrina sabía que tarde o temprano tendría que hablar con ella.

—Creo que ya es momento de contarte algunas cosas.

Elena escuchó con atención.

—Aleksandr y yo nos conocemos desde hace varios años. Como sabés, trabajo como abogada y colaboro con algunos proyectos relacionados con su empresa y su fundación.

—Sí, eso lo sabía, pero no sabía que él conocía sobre mí.

—Porque nunca fue algo que yo buscara provocar.

Elena quedó sorprendida.

—¿A qué te referís?

Su madrina respiró profundamente antes de continuar.

—Hija, yo nunca intenté unirlos ni crear una historia entre ustedes. Nunca le dije a Aleksandr que debía conocerte ni busqué que se acercara a vos.

Elena permaneció en silencio.

—Lo único que hice fue mostrarle el trabajo solidario que realizabas. Le conté sobre una joven que, a pesar de las dificultades, dedicaba tiempo a ayudar a niños y a su comunidad.

—¿Solo eso?

—Sí, hija. Le mostré fotografías de actividades, proyectos y momentos donde estabas trabajando con los niños. Él quedó impresionado por tu compromiso.

Elena bajó la mirada.

—Entonces todo comenzó por mi trabajo...

—Exactamente. No por interés, no por conveniencia. Aleksandr admiró la persona que eras y la forma en que luchabas por tus sueños.

Aquellas palabras hicieron que Elena reflexionara.

Durante mucho tiempo había pensado que todo era demasiado extraño para ser verdad.

Pero ahora comprendía que su historia había llegado a alguien que valoró sus acciones antes que cualquier otra cosa.

—Madrina... ¿él siente algo por mí?

Su madrina sonrió suavemente.

—Creo que esa respuesta solo puede darte él. Pero sí puedo decirte algo: nunca vi a Aleksandr hablar de alguien con tanta admiración.

Elena sintió nervios.

—No sé qué pensar.

—No tenés que decidir nada ahora, hija. Lo importante es que sigas siendo vos misma.

Mientras tanto, Aleksandr observaba desde su oficina las fotografías del evento del Día del Niño.

Recordaba la sonrisa de Elena al ver felices a los niños.

Su asistente entró con algunos documentos.

—Señor Volkov, la prensa continúa preguntando sobre la mujer paraguaya.

Aleksandr dejó los documentos sobre la mesa.

—La verdad llegará cuando tenga que llegar.

—¿No teme que ella se entere por otras personas?

Aleksandr permaneció en silencio unos segundos.

—Por eso quiero hablar con ella personalmente.

No quería que Elena descubriera sus sentimientos por rumores, entrevistas o comentarios de terceros.

Quería que supiera la verdad de sus propios labios.

Al día siguiente, Elena llegó al apoyo escolar con muchas preguntas en su mente.

Observó a los niños jugando, a sus compañeros trabajando y al lugar donde había vivido tantos momentos importantes.

Sin imaginar que una conversación estaba próxima a cambiarlo todo.

Porque ahora sabía algo que antes desconocía:

Aleksandr no había llegado a su vida por casualidad.

Pero tampoco había sido una historia planeada por alguien más.

Había comenzado con algo mucho más sencillo:

Una persona vio su esfuerzo.

Valoró su corazón.

Y decidió conocerla.Su madrina hizo una pausa antes de continuar, como si recordara algo que pocos conocían.

—Hija, hay algo más sobre Aleksandr que quizás no sabés.

Elena levantó la mirada.

—¿Qué cosa, madrina?

—Hace aproximadamente cuatro años, antes de alejarse de muchas apariciones públicas, Aleksandr estaba comprometido. Incluso ya tenían preparada la boda.

Elena se sorprendió.

—¿En serio?

—Sí. Todo parecía indicar que se iba a casar, pero de un momento a otro anunció que la boda no se realizaría. Nadie explicó completamente los motivos. Simplemente canceló el compromiso y desde entonces no volvió a mostrarse en una relación pública.

Elena permaneció en silencio escuchando cada palabra.

—Después de eso, dedicó gran parte de su tiempo a sus empresas, sus proyectos solidarios y tomó una decisión que sorprendió a muchas personas: se unió al ejército.

—¿Al ejército? —preguntó Elena sorprendida.

—Sí. Fue una etapa muy importante para él. Decía que necesitaba encontrar disciplina, fortaleza y un nuevo propósito después de lo que había vivido.

Su madrina suspiró.

—Desde aquel momento cambió mucho. Se volvió una persona más reservada, más seria. Pero nunca dejó de preocuparse por ayudar a los demás.

Elena bajó la mirada, intentando comprender.

—Entonces... después de todo ese tiempo, volvió a sentir algo por alguien.

—Así parece, hija.

Su madrina sonrió suavemente.




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