El Peso De Las Palabras

Capitulo 1= El inicio de algo nuevo

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—Que...? Donde estoy..? —Dije mientras habria los ojos... Todo estaba totalmente oscuro... Como una cueva...

—Elías..?? Donde estas Elías... —Pregunté para mi mismo con lagrimas en los ojos y me levanté del suelo húmedo..

Caminé un poco dentro de la cueva, todo estaba tan oscuro que a penas podía ver.

Mi cabeza no paraba de dar vueltas... Habián goteras de agua, parecía que estaba lloviznando.

—Mmm.. debe de estar por llover fuerte... Como resulté en este lugar..? Donde esta la academia...

Cuanto más caminaba, más se intensificaba el sonido de la lluvia.

El sueño que hacia que me pesaran más los parpados.. De tanto caminar llegue a un lugar con piedras grandes y algo de luz.. Me senté en una piedra grande y miré a mi alrededor...

—Aún no entiendo como llegué aquí... Esta no es la academia... Quiero saber donde esta Elías..

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⚠cambios

El aire paseaba por la cafetería cada vez que alguien entraba en ella, el olor a café en el lugar, pan horneado y galletas inundaba todo de un aroma inigualable.

—Pásame el frasco del azúcar, cariño —dijo mi mamá con una voz suave y delicada.

No le respondí. Solo asintí y lo puse frente a ella en la mesa con cuidado.

Se sentía una paz enorme en el silencio de la cafeteria.

La cafetería aunque pequeña era linda y acogedora, tenia faroles colgando en la entrada junto a una puerta de madera, y una ventana de cristal junto con plantas y materas decorándola, dándole un toque de naturaleza al lugar.

Mi mamá, victoria, una persona demasiado asombrosa y cariñosa, era muy comprensible conmigo, manteníamos juntos la cafetería.

Las personas entraban con frio, ya que era de los últimos días de la época de invierno, el frio andaba en el ambiente por las calles, la brisa era helada afuera pero cuando entraban en la cafetería se llanaban del calor de la chimenea.

En la cocina estaba victoria quien tenía el cabello recogido en un moño con una flor de Eléboro blanca en el pelo, que le había dado Noah recolectando flores de distintos tipos en un jardín de esa pequeña ciudad, la camisa color café claro y en las manos usaba unos guantes de polietileno mientras amasaba pan con ambas manos, presionando la masa y doblándola con ritmo constante para que la masa quedara perfecta.

—Hoy no tienes clase en la tarde, ¿cierto? —preguntó su madre mientras dejaba la masa a un lado, se quitaba los guantes y se lavaba las manos.

—No mamá, hoy es domingo. —Respondí algo divertido mientras acomodaba las sillas junto a las mesas.

Estudiaba por la tarde, ya que por las mañanas siempre ayudaba a mi madre con lo que necesitaba, o dejar galletas o pan hecho para por la tarde.

Las desventajas de ir por la tarde eran bastantes.. Por la mañana como trabajaba con mi madre en la tarde no me quedaban suficientes energias y las ganas de dormirme en plena clase eran costantes, aparte que para hacer las tareas que dejaban, me quedaba sin suficiente tiempo para dormir correctamente. Por lo que todos los días se repetía y siempre estaba cansado.

Aunque estudiaba siempre cansado, trataba de esforzarme lo más que podía, no prestaba mucha atención en clase, pero tenía unas muy buenas notas, ya que en los examenes siempre me sacaba la puntuación más alta. A pesar de eso nunca estuve tan seguro de si realmente era bueno con las tareas..

En la mañana atendimos clientes, limpiamos las mesas y sillas, y preparamos galletas y panes.

Me encantaban las galletas que mi madre preparaba.

A medio día, la campanita sonó y como costumbre miramos hacia la puerta. Entró un hombre que no pertenecía a ese barrio. Sus zapatos estaban tan limpios que parecían nuevos, y llevaba un abrigo largo azul oscuro llegándole casi hasta los pies. Tenía el cabello peinado hacia atrás y una expresión seria.

Victoria lo miró con algo de incomodidad, pero con una sonrisa abierta y cálida, mientras se secaba las manos en el delantal.

—Desea algo en especial? —preguntó, con una voz tranquila.

El hombre no respondió de inmediato. Observó el lugar, tan organizado y limpió, y luego fijó su vista en Noah, quien se quedó quieto con el trapo en la mano.

—Busco a Noah Clynford—dijo el hombre después de unos cuantos segundos, con una voz profunda pero cortés.

Victoria frunció el ceño, algo sorprendida.

—Él es mi hijo..Sucede algo con el?

El hombre sacó de su bolsillo un sobre sellado con cera roja y un emblema dorado en el centro: una corona y una figura de ramas entrelazadas. Lo colocó sobre el mostrador como si fuera algo muy valioso.

—Es una invitación oficial de la Academia Eleonor —anunció con un tono serio pero algo agradable.

Yo los observé confundido y algo sorprendido —¿Una academia? —susurró sin darse cuenta.

Mi madre lo miró de inmediato, como si temiera haber escuchado mal.

—Debe haber un error.... —murmuró en voz baja, dudando incluso de sus propias palabras.

El hombre negó con la cabeza lentamente, observándolos a ambos con una mirada neutral.

—No hay ningún error. Ha sido seleccionado por rendimiento excepcional. La Academia Eleonor ofrece una beca completa. El carruaje llegará por él mañana a las 5:30 sin retraso.

Hubo un profundo silencio en el lugar, lo único que se escuchaba eran las gotas de agua del grifo casi cerrado cayendo. Sentí una presión en el pecho. No sabía si hablar, reír, esconderse, sorprenderse, llorar, o dormirse. (Tenia sueño por madrugar constantemente)

—Yo... eh.. yo.. —balbuceé— Por qué... ¿Por qué yo..?

El mensajero no sonrió, pero su tono se suavizó apenas lo escuchó.

—Porque alguien ha visto lo que tú aún no sabes que eres.

Dejó una tarjeta pequeña junto al sobre, se inclinó ligeramente a modo de despedida y salió por la puerta de la cafetería sin decir nada más.

Victoria tomó el sobre con manos temblorosas. Lo abrió con cuidado empezó a leer rapidamente.




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