El Peso De Las Palabras

-Capitulo 3- Entrando en un nuevo mundo

El sonido suave de las campanas de la academia me despertó antes de que el sol saliera.. La alarma no era molesta, pero era lo suficientemente ruidosa para despertarnos a todos..

Abrí los ojos lentamente y por un segundo olvidé dónde estaba, miré el techo, las cortinas rojas, el armario tan elegante y el uniforme colgado junto a el. Luego de unos segundos entre en razón y me levante de golpe super emocionado..

-Es verdad!! Esto no es un sueño!!!- Pensé emocionado y di vueltas por la habitación-

Al momento me percaté de que era mi primer día de clases, y que era el único en la habitación, no quería llegar tarde así que entre al baño de la habitación y me quedé impactado, el baño era pequeño pero era hermoso, tenias detalles a madera y unas paredes muy bien detalladas. No tenia tiempo para estar analizando cada detalle. Me metí en la ducha... el agua era tibia, casi perfecta, como si supiera la temperatura exacta que necesitaba.
Cuando salí, me vi al espejo: cabello algo desordenado, sí, pero mis ojos se veían... despiertos.
Tomé mi uniforme.. camisa roja impecable, chaleco negro con detalles plateados, y pantalón negros..
Me vestí despacio, cuidando cada botón. No quería verme como "el chico nuevo perdido", aunque seguramente era justo lo que era..

Caminé hasta la puerta y, justo a un lado, encontré pequeños buzones metálicos y me enfoqué en uno especialmente con mi nombre grabado: NOAH CLYNFORD.

Dentro había un sobre color crema, sellado con el símbolo de la Academia Eleonor: el círculo dorado y la pluma atravesando la corona.
Lo abrí con cuidado.

Mi primer horario oficial:

Sentí un nudo en el estómago, tenia ansias de saber lo que me esperaba, y miedo a la vez

Sentí un nudo en el estómago, tenia ansias de saber lo que me esperaba, y miedo a la vez..
Esto era real, no era para nada un sueño, ya estaba seguro de ello... creo..

Al salir del cuarto, mientras cerraba la puerta, escuché pasos.
Pasos muy muy tranquilos. De hecho eran familiares.

Kenneth apareció doblando la esquina, con su ropa perfectamente acomodada y con su expresión habitual.

—Mhm. A tiempo, perfecto. —dijo, mirándome de arriba abajo sin pena alguna—. No pareces recién llegado... eso es bueno, vas avanzando bien, felicidades.

Me sentí nervioso, no sabia que hacer, tenia millones de pensamientos en mi cabeza.
—Gracias... supongo....

Él inclinó apenas la cabeza, señalando con la mano.

—Vamos. El comedor se llena rápido a esta hora.

Desayuno – 7:00 AM

Entramos al comedor, un salón enorme con mesas largas y lámparas blancas colgando como lunas pequeñas. El aire olía a pan recién horneado, mantequilla, café y frutas dulces.

Los estudiantes conversaban, reían, discutían. Algunos nos miraron, especialmente a mí, con esa curiosidad de que fuera el nuevo. Pero cuando notaban a Kenneth a mi lado, bajaban la mirada o seguían con lo suyo.

Eso me resultó extraño.
Kenneth tomó una bandeja con pan integral, fruta, y un té.
Yo intenté imitarlo, porque quería encajar con los demás..

Fuimos caminando hacia una mesa al fondo y me senté junto a el, ya que era la única persona con la que tenía más confianza y conocía en ese lugar llego de extraños..

—Come —dijo sin mirarme—. La primera clase es larga. Y el profesor de historia odia que alguien se desmaye en su clase... —Dijo el con un tono burlón mientras comía elegantemente.

Casi se me escapa la risa.
—No me desmayaré, tengo buena energía hoy-

—Todos parecen tenerla —Interrumpió con una calma absoluta.

Hablamos poco; él no era de conversaciones largas, pero su silencio no era incómodo. Era... seguro.

Dentro de unos minutos llegó Elías. Se sentó junto a nosotros mientras comíamos, parecía que tenía cierto vinculo o amistad con Kenneth y me pareció super asombroso.

—Buenos días, Kenneth— Saludó, me miró y sonrió levemente—Buenos días nuevito, cómo van?

Lo miré con los ojos entrecerrados.

— Dentro de un tiempo ya no seré el nuevito. Dije con algo de orgullo en mi voz.

—Pero por ahora eres el nuevito, hasta por hay uno o dos años—Dijo con una amplia sonrisa burlona.

No dije nada, solo seguí comiendo, seguir hablando de ese tema nos resultaría una infinidad.

Minutos después no pude evitar hacer un comentario sobre el lindo lugar.

—Este lugar es muy lindo, grande y parece de un cuento de hadas.. —Dije sonriendo y apreciando el lugar.

—No creas que todo es felicidad, a veces las peores cosas están en lo que a simple vista parece "bonito". —Respondió Elías con desigualdad pero con un tono de voz misterioso mientras comía.

No supe que decir, me quedé callado intentando entender lo que dijo, y cuando iba a hablar sonó una campana.

—Es hora de ir a clases, vamos— Dijo Kenneth levantándose de la mesa con la bandeja.

Me levanté también y lo seguí, salimos del comedor y caminamos por los pasillos, bajamos las escaleras y seguimos caminando, hasta llegar a los salones principales y entrar al salón.

Clase de Historia – 8:00 AM

El salón de historia era impresionante, paredes cubiertas de retratos antiguos, vitrinas con objetos que parecían reliquias, y en el centro, un mapa enorme de la academia a través de los años.

Nos sentamos cada uno en una silla, me senté junto a ellos porque no quería sentirme solo..

El profesor, un hombre alto y delgado con bigote, entró golpeando el bastón contra el suelo.

—Buenos días, alumnos —dijo con voz profunda—. Hoy conocerán el origen de nuestra academia Eleonor. Y créanme... nada de lo que saben del mundo es tan simple como creen.




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