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Después de algunos días, ya me estaba acostumbrando a los horarios de la academia.
Desperté antes de que la campana sonara. Eran apenas las 6:20, pero sentía los nervios profundamente en el pecho.
Por alguna razón, sabía que ese día no sería normal... algo en el ambiente del dormitorio se sentía distinto, más pesado, no sabia con exactitud que era, pero normal no parecía.
Me senté en la cama despacio, y puse mis pies sobre el piso, me levante y me acerque al buzón.
Mi horario del miércoles.
Idiomas... Ética... Descanso... Filosofía... Botánica... Equitación.. y más equitación.
Respiré hondo.
—Ok, Noah, puedes con esto —murmuré para mí mismo, aunque la voz me salió medio ronca.
Fui al baño, me duché con agua tibia, me arreglé el cabello como pude. -Siempre que despertaba tenia vida propia.- me puse el uniforme impecable que me habían dejado el día anterior. Me miré al espejo y... bueno, parecía más confiado de lo que realmente estaba.
Cuando bajé, encontré a Kenneth esperándome apoyado contra la pared del pasillo, brazos cruzados, postura tranquila... esa tranquilidad que solo él tenía en toda la academia. Asustaba en cierta forma.
—Buenos días, Noah —dijo sin levantar la voz.
—Buenos días —contesté intentando sonar despierto.
Kenneth alzó una ceja.
—Estás temblando.
—Es frío..
—No lo es —Dijo casi divertido.
—A que sí..
Caminamos juntos al comedor. El olor a pan recién hecho y café llenó el aire, y eso me calmó un poco, me acordé de los tiempos que pasaba con mi mamá en la cafetería horneando pan, galletas o pasteles y preparando café en las mañanas para tener energía.
Kenneth se sentó frente a mí, como el día anterior, vigilaba que comiera algo más que una fruta.
Y a mitad del desayuno, apareció Elías.
Entró como si fuera dueño del lugar... lo cual, prácticamente sí lo era, por apellido y reputación. Su presencia era silenciosa pero intensa. Tenía el uniforme perfecto, el cabello azul cayéndole un poco sobre la frente. Se movía con esa elegancia que daba admiración al mismo tiempo. Pero a diferencia de los días anteriores esta ves el estaba... Diferente.
Se acercó a nosotros y se sentó a nuestro lado.
—Buenos días— Saludó el con un tono serio y tomo de su jugo.
—Mmh... Estas bien? Te noto diferente.. —Le pregunté con preocupación entrante.
—Sabes montar a caballo? —Dijo el evitando mi pregunta. Enseguida confirme que algo sucedía, Elías no era así usualmente....
—Eh... no.. —conseguí decir algo en voz baja...
—Bueno, aprenderás.
Me quedé tieso. Kenneth tomó un sorbo de té.
—No te asustes.
—Mmmm si lo dices ya me asusto...
—Jajaj lograrás sobrevivir.
—A menos de que el caballo te dé una patada.. —Agrego Elías en voz baja, como si estuviera reteniendo algo... Muy raro..
Nos reímos un poco y continuamos en silencio el resto del desayuno.
Cuando terminamos fuimos a clases de idiomas.
8:00 – 9:00 Idiomas
Entré al salón y recordé mi clase en mi primer día con la profesora. Kenneth se sentó a mi lado, como siempre.
Cuando la profesora pidió que leyéramos un pequeño texto en voz alta, me tocó uno sobre tradiciones antiguas en Europa. Leí lo mejor que pude, aunque mi acento aún traicionaba algunas palabras.
La profesora corrigió con paciencia. Kenneth anotó algo en su cuaderno.
—Lo haces bien —me dijo en un susurro tranquilo.
—A veces siento que me trabo demasiado...
—Te trabas porque quieres hacerlo perfecto. Tranquilo, no te presiones
Y aunque era un comentario simple, me relajó mucho más de lo que esperaba.
Cuando Kenneth pasó al frente, leyó de una forma tan fluida que parecía que sabia hablar perfectamente italiano.
Pasaron más estudiantes, no eran tan buenos como lo era Kenneth. Cuando fue el turno de Elías noté que su voz estaba más apagada..
Quería encontrar un momento para preguntarle que sucedía..
Cuando la clase terminó todos salieron rápida y organizadamente, parecía que tenían miedo de seguir sentados en sus sillas, pobresitos.
Cuando me volteé a ver a Elías el ya no estaba por hay, solo Kenneth, tomando notas sin parar en su libreta.
<No entiendo que sucede con Elías...> Pensé para mi mismo mientras salia del salón esperando a Kenneth.
Caminamos juntos hacia el salón de Ética.
9:00 – 10:00 Ética
Entré al salón con esa sensación de... no sé, expectativa mezclada con un poco de ansiedad. La clase de Ética siempre me había dado curiosidad, pero ese día todo se sentía más serio, como si fuera otro lugar y no la academia a la que entré hace dos días..
El salón era amplio, con muros llenos de retratos antiguos de exdirectores de la academia. Y en el centro, un enorme reloj marcaba cada minuto con un -tic- que sonaba demasiado fuerte. Kenneth se sentó a mi lado. A su derecha estaba una silla vacía...observé a mi alrededor... Elías no estaba... Me sentí algo incomodo pero me senté.
El profesor entró sin hacer ruido. Era un hombre alto, con barba gris recortada y ojos de esos que parecen ver más allá de lo que dices.
—Buenos días —dijo, dejando sus libros sobre la mesa—. Hoy hablaremos de algo simple, pero importante, las decisiones.
Escribió en la pizarra dos palabras enormes:
Acción = Consecuencia
Miré por la ventana un momento, noté a Elías, el estaba sentado bajo un árbol, parecía pensativo.. Realmente quisiera preguntarle que sucedía o porque no asistía a clase...
Quise no ponerle más atención así que miré al profesor.
—Quiero que piensen en la última decisión que tomaron hoy en la mañana —Dijo el profesor—. Y qué consecuencia tuvo.
Un chico que estaba en el fondo habló primero:
—Dormí diez minutos más.
—¿Consecuencia? —preguntó el profesor.
—Casi llego tarde.
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Editado: 15.02.2026