El Peso del Silencio

Capítulo I

Observo desde el ventanal. A está altura se puede notar que las pequeñas luces de la ciudad no son suficientes para ahuyentar la oscuridad de la noche. Exhaló y el humo del cigarrillo contra el vidrio nubla la vista que tenía de la ciudad. Doy otra calada. Observo el cigarrillo en mi mano. No importa cuántos haya fumado no son suficientes para ahuyentar los pensamientos.
Escucho sus pasos acercándose. Mi corazón se acelera. Nuevamente el humo golpea contra el vidrio. Intento calmarme y espero su contacto; sus manos delgadas se pozan en mi pecho desnudo, sus brazos me rodean desde atrás y su cabeza reposa en mi hombro.
— ¿Todo bien?... ¿Cansado por lo de esta noche?
Hace referencia a la cena en casa de sus padres. Solo entonces soy conciente de que mis dientes están destrozando la parte interna de mi labio inferior. Relajo mi cuerpo, tomo sus manos frías y me giro hacia ella, la oscuridad me impide ver el color azul brillante de sus ojos pero aún así busco su mirada que a su vez busca la mía. La atraigo en un abrazo, su cuerpo recibe el mío con calidez y sin poder evitarlo suspiro. El contacto de sus frías manos en mi espalda y la calidez de su cuerpo delgado en mis brazos aumenta la tortura en mi mente.
Dejo el cigarro sobre el cenicero. Observo el número de colillas allí, 5...
—Ven, vayamos a la cama es tarde.

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El ascensor se abrió en el piso 42 y Jane ya estaba allí, con una tableta en la mano izquierda y un café humeante en la derecha. No necesitó mirar el reloj para saber que eran las 8:00 en punto.
—Buenos días, Senor Cooper —dijo Jane, entregándome el café mientras caminamos a paso veloz hacia el despacho principal.
tomó el vaso sin detenerme. El café esta exactamente a la temperatura que me gusta; lo suficientemente caliente para despertar, pero no tanto como para quemarse la lengua antes de la primera junta.
—El tráfico en la avenida era un caos. ¿Qué tenemos?
—La firma de los contratos de logística está en su escritorio. Los revisé anoche; la cláusula de exclusividad que pidio ya está incluida —respondió Jane, deslizando la pantalla de su tableta con profesionalismo—. Tiene a los inversionistas coreanos en el Zoom de las 9:00. Les dije que solo tenía quince minutos, así que irán directo al grano.
Entro a la oficina y me dejo caer en la silla de cuero. Jane se queda en el marco de la puerta, anotando algo más.
—¿Y las flores para mi madre? —pregunte, abriendo la primera carpeta.
—Enviadas a las 7:30. Orquídeas blancas, como siempre. También cancelé la cena con los de Marketing; sé que prefiere terminar el informe de presupuesto hoy.
— Bien, tráeme el archivo de la auditoría y cierra la puerta al salir.




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