El trayecto hacia la clínica fue un desierto de palabras. El único sonido era el rítmico golpeteo de la lluvia temprana contra el cristal y la respiración contenida de Jane. Ella mantenía la frente apoyada en la ventanilla, como si intentara enfriar sus pensamientos contra el vidrio.
Al llegar, el edificio de ladrillo blanco se sentía aséptico y hostil. Entramos y el olor a desinfectante me golpeó como una bofetada de realidad. En la recepción, Jane apenas podía articular palabra; sus manos temblaban tanto que tuvo dificultades para entregar su identificación. Por un instinto que no supe controlar, puse mi mano sobre la suya en el mostrador. Ella no la apartó, pero tampoco me apretó.
—¿Viene acompañada? —preguntó la enfermera sin levantar la vista del monitor.
—Es mi pareja —respondí yo, antes de que Jane pudiera dudar.
Tras unos minutos que parecieron siglos, una doctora de mediana edad nos llamó.
—Jane, pase por aquí. Thomas, puede acompañarla si ella está de acuerdo.
Jane asintió con un movimiento mecánico y entramos en un pequeño consultorio iluminado por una luz azulada y tenue. En el centro, la máquina de ultrasonido aguardaba como un juez silencioso.—Antes de hablar de cualquier procedimiento, necesitamos confirmar la edad gestacional y la posición —explicó la doctora mientras preparaba el gel—. Es protocolo estándar.
Jane se recostó en la camilla, subiéndose la blusa con movimientos torpes. Yo me quedé de pie a su lado, sintiendo que el aire de la habitación se volvía denso, casi sólido. Cuando el gel frío tocó su piel, Jane soltó un pequeño jadeo y cerró los ojos con fuerza, como si no quisiera estar allí.
—Muy bien, vamos a ver qué tenemos aquí —dijo la doctora, apoyando el transductor sobre el vientre de Jane.
La pantalla, que hasta entonces estaba en negro, se llenó de estática gris y blanca. La doctora movió el aparato con lentitud, buscando. Yo no sabía qué esperar; en mi mente solo había una mancha abstracta, una idea teórica. Pero de repente, la imagen se enfocó.
—Oh —murmuró la doctora, deteniendo el movimiento—. Esto explica por qué los síntomas eran tan fuertes.
Mi corazón se detuvo. Miré la pantalla y sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Jane abrió los ojos al notar el silencio y giró la cabeza hacia el monitor.
En el espacio oscuro del útero, no había una sola figura pequeña y curva. Había dos.
Dos sacos gestacionales perfectamente definidos, dos formas diminutas que flotaban en su propio universo. La doctora pulsó un botón y, de repente, la habitación se llenó de un sonido rápido, rítmico y potente: tuc-tuc-tuc-tuc. El sonido de un corazón. Y luego, tras un leve ajuste, otro latido idéntico se solapó al primero,creando una sinfonía frenética que martilleaba contra mis oídos.
—Son gemelos —anunció la doctora con voz suave—. Ambos tienen un desarrollo perfecto para ocho semanas.
El mundo se detuvo. El "problema" que Jane quería resolver y que yo había ignorado durante una semana se había duplicado frente a nuestros ojos. La habitación parecía haberse quedado sin oxígeno.
Jane dejó escapar un sollozo ahogado, un sonido que era mitad terror y mitad asombro. Su mano buscó la mía desesperadamente y esta vez la apretó con una fuerza que me dolió, pero no me solté. Yo no podía apartar la vista de la pantalla; aquellas dos vidas, palpitando con una fuerza increíble, hacían que mi cobardía de la semana anterior se sintiera como un pecado imperdonable.
—Son dos, Jane —susurré, y mi propia voz me resultó extraña, cargada de una reverencia que no sabía que poseía—. Son dos.
Ella se cubrió la boca con la mano libre, mientras las lágrimas finalmente desbordaban y empapaban sus mejillas. El silencio que siguió no era el de ayer, cargado de veneno, sino uno nuevo, pesado y eléctrico, donde la realidad de lo que veíamos acababa de demoler todos nuestros planes, todos nuestros miedos y, sobre todo, nuestra capacidad de elegir la salida más fácil. Aquellas dos luces blancas en la pantalla nos miraban desde el abismo, exigiendo una respuesta que ninguno de los dos estaba preparado para dar.
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silencios que hieren, decisiones dificiles, conflictos internos
Editado: 23.01.2026