El Pintor De Bruselas

NO LO HAGAS MÁS

La casa había quedado silenciosa. Luego de la última bomba no había nada más que decir, y pensar solo desgarraba el alma aún mucho más.  
Ingresé a la cocina porque en verdad sentí mucha hambre y entonces mi suegra, experta en consentirme con todas las delicias que preparaba, me sirvió pasta con Salsa Arrabbiata. 
Ismael: ¿Mi Brüssel y ahora que tienes? ¿Por qué estás llorando? 
Sra. D’Angelo: Cos’è mia figlia? 
Lyra: ¿Por qué lloras mamita? Yo ya no estoy molesta contigo —Dijo mi pequeña quien se levantó de la silla para abrazarme— 
Muchas cosas me sucedían por dentro. Situaciones que para ese momento ya no pude sostener. ¿Qué clase de hombre era mi padre? ¿En algún momento pensó en mí antes de hacer tantas cosas malas? ¿Pensó en la memoria de mi madre y en todo el daño que podría ocasionarme al poner sus intereses personales por encima de mi bienestar y el de su nieta? ¿Acaso mi padre no sentía por mí ni una gota de amor? 
Todo aquello me tenía realmente devastada y a la vez desgastada por lo que ni bien acabamos la cena, mi esposo mi hija me acompañaron hasta la habitación. 
Sra. D’Angelo: Ti preparerò un tè rilassante e lo porterò in camera tua. 
Brüssel: Grazie suocera! —Le dije aún entre sollozos— 
Permanecí recostada sobre la cama junto a mi hermosa bebé a quién una vez más había fallado, pero quién en maravillosa dulzura me había dicho que ya no estaba molesta conmigo. Al poco tiempo vino Clementina para llevársela pues debía alistarla para dormir. Le di las buenas noches y se marchó. Entré a darme un baño luego me dispuse a tomar el té que mi suegra había preparado para mí mientras aguardaba a mi esposo quién también había ingresado a darse un baño. 
Habré estado en verdad muy exhausta pues no recuerdo nada más sino hasta la mañana siguiente cuando los besos y las caricias de mi esposo me dieron los buenos días. 
El mundo podía estar cayéndose a pedazos a nuestro alrededor, sin embargo él no perdería ni las ganas ni la ocasión de hacerme el amor. Yo siempre sabía donde comenzarían y culminarían esos intensos besos, pero el trayecto me arrastraría por largos caminos de ingobernables deseos.  
Quizás en esos momentos no era para él la mujer que correspondiera a todos sus actos. ¡Es más! no me sentía siquiera capaz de inspirarle deseos a mi esposo. Me sentía horrible y poco atractiva sin embargo Ismael continuaba consumiéndome en su fuego y sin la más vaga intención de detenerse. 
— Debería pintarte así como estás ahora, mi hermosa mujer —Dijo recostado sobre mi pecho desnudo mientras rozaba con uno de sus dedos mi pezón derecho— 
— ¿Quieres pintar a una vaca? 
— Brüssel, deja de decir que te ves como una vaca. Estás embarazada y te ves hermosa —Reiteró retomando sus besos bajo mi cuello para luego colocarse sobre mí— ¡Te amo mucho así como estás mi preciosa mujer! 
— ¿En verdad me amas así cielo? 
— ¿Por qué lo dudas? ¿Quieres que te lo siga demostrando? 
— Mmm… quisiera sí amor, pero mira que hora es. 
— ¿Qué importa la hora? Tú no te levantarás hoy de la cama Brüssel? 
— ¿Ah si? ¿Vas a prohibírmelo? 
— Lo haré. 
Entre besos y más besos, de pronto llamaron a la puerta y era Marina para anunciarle a Ismael que llegó alguien a la casa preguntando por él. 
— ¿Amor quien viene a la casa preguntando por ti? Solo que fuera tu padrino, pero no lo creo —Dije observándolo— 
El Sr. Giacomo Lunedino, luego de todo lo que había escuchado y de todo lo que se había enterado, por precaución decidió hospedarse en una de las suites de su propio hotel hasta que un equipo de seguridad requisara toda su resistencia y por sobre todo aquellos lugares en los que fuese más posible que lo estuvieran espiando. Nos había dicho que en lo posible intentaría no salir demasiado, únicamente para asuntos realmente importantes y acompañado de todos sus guardias. 
— ¿Marina, quien busca a mi esposo? —Le pregunté ni bien abrí la puerta de la habitación— 
— Dice ser la Señorita Orleana Greco. 
— ¿Qué? ¿Qué quiere esa mujer aquí? ¿Ismael, porque te busca ella? 
— Yo que sé mi Brüssel. Cálmate. 
— No me calmo nada… no me calmo —Dije abandonando de inmediato la habitación— 
— ¡Brüssel! 
Me dirigí como para ser yo misma quién la recibiera, pero un pensamiento me asaltó repentinamente antes de bajar las escaleras y entonces me detuve. 
Brüssel: ¿Ya la dejaste entrar Marina? 
Marina: Se encuentra en la sala de espera, señora. 
Brüssel: Ismael, amor estuve pensando en algo durante varios días. 
Ismael: Mmm… de nuevo. ¿Dime cuando no piensas, Brüssel? Te advierto que hoy tú no sales en la casa. 
Brüssel: Escúchame… ¿Qué tal si esa mujer es la espía y la traidora dentro de la Asociación? 
Ismael: ¿Y qué tal si son inventos tuyos únicamente porque odias a esa mujer? 
Brüssel: Bajaremos a ver lo que quiere, pero seremos muy cautelosos en todo lo que digamos por si tenga algún micrófono o grabador escondido en ella. Marina, baja tu primero y dile que mi esposo la recibirá en breve. 
Debo decir que desde mi reencuentro con mi esposo y de todo lo que me había enterado a lo largo de ese tiempo, mi paranoia se había vuelto incontrolable y me resultaba muy fácil sospechar de las personas a mi alrededor. Desconocíamos en realidad quién pudiera ser el cómplice de Bentley Thompson dentro de la Asociación, todos eran simples sospechosos aunque el peso se inclinaba más en contra del Presidente y del Vicepresidente. 
Brüssel: ¡Amor! Vas a bar tu primero y yo bajaré luego pero me quedaré escondida en un lugar. Tú hablarás con ella y vas a seguirle la corriente a Orleana en todo lo que te diga, sin embargo si te hace preguntas, esquívalas lo más que puedas. Aaahhh… y ten mucho cuidado dónde pones los ojos. ¿Me oíste? 
Ismael: ¿Dónde no debo poner mis ojos? 
Brüssel: No te hagas el tonto amor. Ahora ve —Dije empujándolo para que marchara— 
Ismael finalmente bajó y recibió a Orleana en la sala, luego yo bajé sigilosamente y me acerqué hasta el sitio para oír lo que tenía que decirle ella a mi esposo. 
Orleana: ¡Ismael! Por fin puedo volver a verte. Desde el día de tu boda no he vuelto a saber de ti a excepción de las incontables noticias que han salido sobre ti posterior a tu aparición —Dijo saludándolo descaradamente con besos en las mejillas— ¿Cómo estás? 
— Mmm… estoy bien. 
— Perdón por haber venido de este modo, pero no tenía como comunicarme contigo. 
— ¿Me necesita para alguna cosa? —Preguntó él frotándose las rodillas con las manos luego de que ambos se hayan sentado sobre el sofá— 
— Así es… lo primero que necesito es que no me trates de usted porque en verdad se me hace muy raro. 
— ¡De acuerdo! 
— He venido porque tendré una exposición muy importante próximamente y quiero mostrarte mis pinturas para saber tu opinión sobre ellas. 
— ¿Mi opinión? 
— Nadie mejor que tú para que me digas que te parecen y quiero que seas completamente sincero conmigo. 
— ¿Y dónde están tus pinturas? 
— En mi casa. 
¡Maldita descarada! ¿Acaso quiere que mi esposo vaya a su casa? —Me dije mientras continuaba oyendo la conversación— Sobre mi cadáver irá mi esposo a tu casa. 
— ¿Y quieres que vaya a tu casa? 
— Si es que no tendrás inconveniente con eso. 
— Pues… creo que sí tendré inconvenientes. Más bien uno y muy grande. 
— ¿Por Brüssel? Si te refieres a ella, imagino que sabrá sabrá entender la razón. 
— Ella no lo entenderá. 
— Ismael, solo iremos para que mires mis cuadros. Puedo hablar con ella y decírselo. Cuando acabes de darme tu punto de vista, vuelves. 
— No es buena idea. Mi Brüssel anda muy sensible últimamente y no quiero perturbarla con nada. 
— ¿Entonces debo tomar eso como un tu no? 
— ¿Por qué mejor no me invitas a tu exposición? Yo te prometo que iré y ahí te diré que me parecen tus obras. 
— Quería que las vieras antes de modo a escoger cuál irá a dicha exposición, Ismael, pero si no será posible entonces te haré llegar la invitación. ¡Eso sí! No puedes faltar ¿De acuerdo? ¿Me lo prometes? 
— Te prometo que iré. 
— ¡Bien! En ese caso, me voy —Dijo tomando su mano— Espero volver a verte pronto. 
No volverás a ver a mi esposo sin mi presencia, resbalosa —Me dije aún escondida en un rincón— 
Se despidió nuevamente de él con besos y abrazos y juro que estuve a punto de salir únicamente con la intención de ponerla en su sitio antes de marcharse, pero decidí contenerme por el bien de mi bebé. 
— ¿Brüssel por qué me tiras almohadas? ¿Qué hice? 
— ¿Qué hiciste descarado? ¿Qué hiciste? 
— ¿Por qué me llamas descarado? —Preguntó mientras yo continuaba lanzándole las almohadas del sofá— 
— ¿Porqué le prometiste que irías a su exposición. ¿Te gustó lo que viste? ¿Te gustó que te abrazara y que te diera besos en las mejillas? 
— Deja de actuar como desquiciada. 
— No me llames desquiciada. 
— Y tú no me llames descarado. 
— Che discussione è questa? —Irrumpió mi suegra al oír la discusión— 
— Pregúntele a su descarado hijo— 
— Yo no hice nada malo. Mi esposa se volvió loca, señora madre. ¡Loca! 
— ¡Basta! La niña oír a suscritos. Madonna mia! Madonna mia! Dio santo! —Exclamó mi suegra saliendo de la sala donde Ismael y yo discutíamos— 
Aquel mismo día, en horas de la mañana llamó el detective Jeffrey Seeley para comunicarme que se había fijado una segunda audiencia indagatoria para Jansen y Morris Höfner dentro de una semana pues en la primera, se habian negado a declarar por petición de sus abogados. La situación nuevamente se había tornado turbulenta pues luego de que la Corporación Future Nøw Innovation, con sede central en Estocolmo fue intervenida y clausurada, el nombre de Bentley Thompson comenzó a estar en la mira. 
Él como principal benefactor para fines investigativos y tecnológicos y teniendo en cuenta las graves acusaciones presentadas contra la Corporación, no solo las autoridades, sino también los medios de prensa comenzaron a especular sobre su posible vinculación. 
Mi esposo había desaparecido, lo habían convertido en objeto de experimentos bajo oscuros y perversos actos. Años más tarde el principal benefactor de la Corporación Future Nøw Innovation y yo nos habíamos comprometido y estuvimos al borde de una boda finalmente fallida. Todo parecía tener relación una cosa con la otra y si bien en un principio se manejó la posibilidad de que Bentley Thompson saliera limpio de aquellas investigaciones pues era solo benefactor y nada tenía que ver con los experimentos que allí se realizaban, la aparición de Ismae D’Angelol hizo que el caso diera un giro de 180° en contra de Bentley Thompson. 
Todos los medios de comunicación, especulabn y daban a entender que Bentley invertía su dinero para solventar dentro de la Corporación ese tipo de experimentos horribles a los cuales había sido utilizado Ismael y que le habían ocasionado tanto daño únicamente con la intención de hacerlo desaparecer. 
Especulaciones realmente novelísticas, pero que no escapaban de la realidad pese a que en las confesiones de Magda ella aclaraba que en esa parte de la historia, Bentley Thompson no tenía nada que ver pues fue ella quien en su intento por salvar la vida de mi esposo, lo dejó a cargo de un amigo suyo con vínculos dentro de la Corporación. 
Sin embargo aún quedaban muchas piezas del rompecabezas por armar pues para ello necesariamente debía reabrirse el caso de la desaparición de Ismael y trazar una nueva línea investigativa que avalaran los diagnósticos médicos traídos de Bruselas donde no solo constataban sobre los microchips de la CFNI implantados en varias partes de su cuerpo, sino también la de una bala alojada en su cabeza. 
Al tratarse de un caso extremadamente delicado, aquello último (lo de la bala alojada en la cabeza de Ismael, constatada en diagnósticos médicos oficiales) no había sido develada pero prontamente y junto con las declaraciones de Magda Giyser, aquello se convertiría en lava pura y espesa que arrasaría no solamente sobre toda Venecia sino en el mundo entero. 
— ¡Amor, ya todo está listo! 
— Mmm… ¿Todo que? 
— Tu presentación en el cierre de las exposiciones de verano. La “Réplica Exacta” reaparecerá en L’arte di Amare y El Pintor De Bruselas será el encargado de presentarla personalmente.  
— Nada está anunciado porque será una sorpresa. 
— ¿Tú no descansas, cierto mi Brüssel? Tu mente nunca descansa. ¿Qué debo hacer contigo? ¿Qué?... ¡Ya sé lo que haré! Si continúas de esta manera, juntaremos nuestras pertenencias y volveremos a Bruselas. Allá yo era libre y podía hacer lo que quisiera. Mi hija, tú y yo éramos muy felices en mi pequeño apartamento y en el tuyo. Yo podía llevar a Lyra al parque o a tomar helado sin temor a que nos siguieran periodistas y fotógrafos y por las noches tú y yo podíamos dormir tranquilos. En cambio aquí nada de eso podemos. No quiero que nuestra hija siga viviendo de este modo y mucho menos ahora que ya irá a la escuela y no quiero que nuestro bebé nazca en un ambiente como este. No lo quiero. 
¿Mi esposo era más feliz viviendo una vida mentirosa en Bruselas? ¿Una vida que no le correspondía? Quizás en verdad lo era pese a todo lo malo que había vivido desde su desaparición. Al volver a Venecia, mi intención por nada del mundo era hacerlo sentir prisionero e infeliz. Deseaba que recuperara su verdadera vida y su lugar no solamente en nuestro hogar sino en lo profesional. 
Haber visto a Ismael trabajar por las noches como lavaplatos en un restaurante y como simple ayudante de un camionero carguero, en verdad me había partido el alma por lo que me propuse devolverle como sea la vida que le correspondía realmente y que le habían arrebatado. 
No obstante, nada resultó como yo esperaba. El caso de Ismael se tornó aún mucho más oscuro, se tornó peligroso y nos tocó vivir encerrados y limitados en una Venecia que alguna vez él amó y en la cual fuimos muy felices. 
— Amor, no quiero que estés molesta conmigo. 
— Entonces no lo hagas más. No sobrepases tus límites Brüssel. Estás embarazada, estresada, cansada y aun así insistes en estar al pendiente de todo. 
— No lo haré más cielo, te lo prometo. 
— Me lo prometes sin embargo tu cabeza está partiéndose en mil pensamientos y ya planeas el cierre de las exposiciones de tu galería. 
— Lo planeé porque lo creí conveniente para que al menos nos saquemos un pequeño peso de encima, pero si no te parece, no sucederá. 
— ¿Piensas que si aparezco en público, nos sacaremos un pequeño peso de encima? ¡No será así! ¿Pero sabes qué? Lo haré, si eso luego va a tranquilizarte a ti Brüssel y si me prometes que te mantendrás al margen de todo esto, lo haré. Voy a presentarme en la exposición final de verano.  
 




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