El Pintor De Bruselas

MIEDO Y PESADILLA

— Esta vez no huirás de mí. Acabaré contigo, Brüssel y nadie podrá salvarte. Pagarás con tu vida y con la vida de esos engendros que llevas en tu vientre, todas y cada una de las humillaciones que me has causado. 
Allí se encontraba él, Bentley Thompson, parado junto a la cama del hospital como la peor de todas mis pesadillas, cubierto de sangre y de odio, estrujándome el cuello hasta robarme el último aliento y la vida misma. 
— ¿Brüssel? ¿Mi amor, qué tienes? ¡Brüssel! ¡Brüssel! 
Mis gritos de desesperación y ahogo, alertaron en la habitación, y repentinamente me vi rodeada de enfermeras y un médico. 
— ¿Señora D’Angelo, puede oírme?  
— Quiere matarme… él está aquí y quiere matarme —Dije intentando despojarme de la máscara de oxígeno— Quiere matar a mis bebés. 
— Mi amor aquí no hay nadie que quiera hacerte daño, y sabes que yo jamás lo permitiría. Cálmate por favor mi Brüssel. 
— Él estaba aquí… él estaba aquí —Reiteré una y otra vez sintiendo que el corazón se me salía del pecho— 
— Nadie más que su esposo, las enfermeras y yo estamos aquí. Intenté calmarse por favor. 
— Tuviste una pesadilla. Fue solo una pesadilla, mi hermosa. Todo está bien. 
Cuando logré hallar nuevamente la tranquilidad entre los brazos y la protección de mi esposo, no tardé en quedarme dormida nuevamente. Todo oscureció a mi alrededor y no recuerdo más que haber despertado en el absoluto silencio de una típica habitación de hospital. 
— ¿Brüssel, mi amor cómo te sientes? 
— Mis bebés están bien? ¿Lo están, Ismael? 
— Los bebés están bien. El doctor dijo que debes reposar lo suficiente y no hacer esfuerzos. Yo te cuidaré mucho mi Brüssel para que tú y nuestros bebés no se molesten con nada —Dijo dándome suaves besos en la mejilla— 
— Quiero irme de este hospital, Ismael. No quiero estar en el mismo lugar que ese hombre. 
— Ese hombre no puede hacerle daño a nadie ahora. Tiene las piernas rotas y se encuentra en cuidados intensivos, y si sobrevive irá directo a prisión. O al menos eso es lo que dicen. 
— Como sea, amor. Quiero irme de aquí. No quiero pasar otra noche en este lugar. ¡Por favor! 
— ¡Está bien! Hablaré con el doctor al respecto. 
Cuando Ismael abandonó por unos momentos la sala del hospital, ingresó Giacomo quién había vuelto luego de haber ido a la galería por asuntos pendientes de trabajo, y me dio mucho gusto verlo pues solo a él podía encargarle que estuviera al pendiente de los movimientos y las actitudes de mi esposo para que me mantuviera al tanto posteriormente. 
— Honey, apenas estás saliendo de un colapso emocional que apeligró a tus bebés y tú ya estás preocupándote de nuevo. 
— Tengo mucho miedo, Giaco. Fue Ismael… él le hizo todo eso a Bentley Thompson. Casi lo mata y aún no sé por qué razón no lo hizo habiendo tenido oportunidad. 
— ¿Oyes lo que dices, Brüssel? Estás acusando tu esposo de algo muy serio. Si tu intención es proteger a Ismael no deberías volver a repetir una cosa como esa. 
— ¡Por supuesto que quiero proteger a Ismael! Y no lo estoy acusando, estoy contándote lo que sucedió.  Temo mucho a Bentley Thompson porque mientras ese hombre esté vivo es capaz de lo que sea así se encuentre postrado sobre una cama de hospital en cuidados intensivos. Quiero irme de este hospital y quiero llevarme a mi esposo a casa. También quiero que Ismael se mantenga alejado de mi padre. 
— ¡Está bien! ¡Está bien! Intenta mantener la calma. ¿De acuerdo? Brüssel… ¿De verdad crees que Ismael le hizo todo eso a Bentley Thompson? Le mutiló tres dedos y le disparó en ambas piernas. 
— Ismael ha estado siguiendo los pasos de Bentley Thompson desde hace un tiempo y mi padre tiene mucho que ver en toda esa historia porque estuvo ayudándolo. Con qué fines… lo desconozco. 
— Aún me cuesta mucho digerir toda aquella historia de tu padre, pero tú no deberías pensar en eso ahora, Brüssel, por favor. Te prometo que estaré al pendiente de Ismael para mantenerte al tanto. ¡Claro! solo si tú me prometes que mantendrás la calma y respetarás todas las indicaciones del doctor. 
— Te lo prometo, Giaco. 
PASILLOS DE CUIDADOS INTENSIVOS 
— ¿Qué haces aquí? ¿Acaso estás buscando algún pequeño hueco para entrar y terminar lo que empezaste? 
— No sé a qué se refiere. Mi obra la terminé. 
— Sabes muy bien a que me refiero. Tú ibas a matarlo. Tenías todas las intenciones de hacerlo. 
— Pero no lo hice y debería agradecérmelo. Ahora todo lo que espero es que usted cumpla con su parte y envíe directo al calabozo a ese hombre porque si no lo hace, yo no solo acabaré con aquel miserable sino también con usted. 
— Mmm… jamás hubiese imaginado que un día aquel pintor de porte tan mediocre tendría tantas agallas. ¿Sabes? Tienes mucha suerte de ser inmune a la justicia Ismael D’Angelo, de lo contrario muy probablemente también estarías preso en estos momentos. 
— Igual que usted… Tiene mucha suerte de escudarse tras el CNI para no asimilar todo lo malo que ha hecho. Sabe que no irá a prisión por eso, pero yo ya no le tengo miedo a usted ni a nadie, y sepa que haré lo que sea para proteger a mi familia. 
— ¡Por supuesto! Harás exactamente lo mismo que yo hice para proteger a la mía. Lo que sea… Mi hija Brüssel no me entenderá jamás y probablemente moriré sin hallar las palabras para explicarle todo lo que deseo explicarle, como por ejemplo que todo lo hice por mi familia, por ella y por mi nieta aunque crea absolutamente lo contrario. Nunca me creerá y nunca me perdonará por el hecho de haber permitido que Bentley Thompson te metiera una bala en la cabeza al igual que el resto de la historia, pero me iré de este mundo con la paz absoluta al saber que está viva y feliz con mi nieta, con mis nietos que nacerán y con el desquiciado pintor qué tanto ama. Ahora te pido que te alejes de este lugar. Saca a mi hija de este hospital y manténganse al margen todo lo posible. 
Para aquel día, según la perspectiva del doctor que había atendido mi caso, no consideró prudente aun que fuera a casa sin embargo yo me rehusaba a permanecer otra noche en aquel hospital, y por esa razón decidió otorgarme el alta en condiciones de estrictas restricciones que correrían bajo mi responsabilidad y la de mi esposo. 
— Es de suma importancia señora D’Angelo que respete su condición de embarazo de riesgo y adopte los cuidados necesarios. Mucho reposo, ningún tipo de esfuerzo y, evite por sobre todo, disgustos innecesarios. 
— No se preocupe doctor que yo me encargaré de que mi esposa respete todo eso —Dijo Ismael— 
— ¡Me parece muy bien! Si todo marcha de manera tranquila, en el lapso de tres días debe acudir a su control rutinario con su médico de cabecera. Yo emitiré un informe médico al mismo para que se mantenga al tanto de lo acontecido. 
— Está bien, doctor —Le dije— 
Cuando finalmente fuimos a casa, mi hija Lyra fue la primera en recibirnos y detrás, muy preocupadas y pendientes, mi suegra, Clementina y Marina quienes se habían encargado de tener todo listo para los cuidados que yo requeriría durante mis días de reposo. 
Lyra: ¿Mamita, ya estás mejor? 
Brüssel: Estoy mejor mi bebé y estaré aún mucho mejor aquí contigo —Le dije llenándola de besos— 
Sra. D’Angelo: Sono morta di paura, figlia mia. Perché ci fai questo? (Yo he muerto del susto hija mía. ¿Por qué nos haces esto?) 
Brüssel: No fue mi intención, suegrita. No quise alterar a mis bebés y causarles susto a ustedes. 
Sra. D’Angelo: Non lo so, ma ti preoccupi troppo di tutto e dimentichi di essere incinta. (yo lo sé, pero te preocupas demasiado por todo y olvidas que estás embarazada) 
Ismael: Yo me encargaré ahora de mi esposa, señora madre. Tiene prohibido hacer lo que a ella se le antoja. 
¿Ah si? ¿Y él sí puede hacer todo lo que se le antoja? —Pensé observándolo— 
Sra. D’Angelo: Per me va bene. Adesso andrò con Marina a programmare una deliziosa cena. (Me parece muy bien. Yo iré ahora para planear con Marina, una deliciosa cena) 
Clementina: Y yo me llevaré a la niña para que usted pueda descansar un poco. 
Lyra: Quiero quedarme con mi mamita y mi papito. 
Brüssel: Mi amor, voy a darme un baño ahora y luego podrás volver con nosotros. ¿De acuerdo? 
Lyra: Bueno… pero no te tardes mucho. Te enseñaré los dibujos que hice en la escuela. 
Brüssel: No me tardaré, corazón. 
Luego de que finalmente Clementina se llevara a mi hija, Ismael se puso a preparar la tina para mi baño. Realmente sentía que lo necesitaba luego de haber permanecido 2 días en el hospital, y cuando finalmente estaba lista el agua tibia y bien espumada, mi encantador y en esos momentos, sumamente sobreprotector esposo, se encargó de ayudarme a despojarme de mi ropa (cosa que no le resultaba para nada difícil). 
Me tomó entre sus brazos y con mucho cuidado me sumergió en la tina donde por fin sentí una de las más placenteras sensaciones en todo mi cuerpo. 
— ¿Qué haces, amor? 
— Me daré un baño contigo —Contestó despojándose de su ropa— 
— Eeehhh… ¿Qué clase de enfermero entra a la tina con la paciente que debe cuidar? 
— También necesito un baño igual que tú mi Brüssel —Dijo besando mis labios— 
Luego de despojarse de toda su ropa delante de mí, ingresó y se colocó detrás para ayudarme a lavar mi cabello. Al culminar, me rodeó entre sus brazos de un modo hasta casi inofensivo por momentos, como una simple muestra de su protección. 
— Agarra la esponja y friega mi espalda, y ten mucho cuidado con tus manos —Le advertí, pero poco o nada sirvieron pues esas mismas manos no tardaron en aferrarse a mis senos entre suaves besos en mi cuello— 
El más bajo de sus deseos se centraba en ellos. Cada estrujada me empujaba a un mismo precipicio una y otra vez hasta morir mil veces en el placer de siempre. La presión y los roces a mis pezones detonaban el estallido de todas sus perversiones, y mi ardor irreversible lo invitaba a más y más actos. 
Mis labios se aferraron a los suyos y me perdí en sus besos. Me perdí en sus caricias y en las espumas de jabón que me ocultaban junto a su cuerpo. 
— Mi Brüssel, déjame pintarte de nuevo. Desnuda… 
— ¿Qué dices? 
— Quiero pintarte otra vez… 
— ¿Por qué eres así Ismael? ¿No te bastó acaso con haberme pintado gorda, y quieres más? — Le reproché apartando mi cuerpo del suyo— 
— Estabas dormida Brüssel… Esta vez necesito que estés despierta. Quiero que poses desnuda para mí. 
— Eres un descarado Ismael. 
— Prométeme que lo pensarás. 
— No lo pensaré. 
— ¡Brüssel! 
— Que no, y ya no me toques. 
Con mucho cuidado me levanté de la tina y fui a quitarme todo el jabón bajo la ducha, pero él me siguió, ingresó nuevamente conmigo y volvió a rodearme con sus brazos. 
— Brüssel… 
— No insistas amor. 
— Dime que lo pensarás… dime que sí —Insistió nuevamente esparciendo sus besos en mí— 
— Mmm… ya basta y pásame la toalla. 
— ¿Eso significa sí? 
— ¿Qué cosa? 
Al cubrirme con la toalla, y cubrirse él con otra, me sostuvo de un brazo y salimos del baño con lentitud. En todo momento se encargó de mí tal y como se lo había dicho al doctor qué lo haría. Algo exagerado debo decir pues a final de cuentas no me encontraba inutilizada. 
— Puedo vestirme sola, Ismael… ¿Amor, que haces? 
— ¡Te amo Brüssel! Te amo mucho. 
— Mmm… ¿Intentas convencerme esas palabras? 
— No necesito decirte que te amo para convencerte. 
— ¡Ay mi cielo! ¡Yo también te amo mucho! ¡Mucho en verdad! 
En aquella ocasión fui yo quien lo llenó de besos mientras deseaba que aquel momento durara más tiempo, pero debía descansar un poco y entonces luego de secarme el cabello me recosté sobre mi confortable cama pensando únicamente en que aquella noche sí dormiría tranquila, lejos de aquel hospital, en compañía de mi princesa Lyra quién no tardó en llamar a la puerta para acostarse junto a mí. 
Según mi perspectiva, dos días atrás se llevó a cabo la segunda audiencia indagatoria sobre el caso de mi esposo Ismael, pero con todo lo que había sucedido conmigo no pude mantenerme al tanto con el abogado Henckels referente a la misma. Suzette Magyar ya se encontraba en Venecia y bajo custodia, pero desconocía yo si el juez ya había tomado su declaración o sí aguardaría hasta la siguiente audiencia programada. 
Probablemente aún no declaró y solo pasó a declarar mi hermanastra Magda —Pensé en vista de que únicamente podía deducirlo pues tenía prohibido por esos días inmiscuirse en asuntos que me preocuparan— 
AL DÍA SIGUIENTE (HORAS DE LA MAÑANA) 
Abogado Henckels: Buongiorno a tutti! 
Jeffrey Seeley: ¡Buenos días! (Saludaron ambos al llegar) 
Abogado Henckels: ¿La señora Brüssel como se encuentra? 
Ismael: Bien y seguirá de ese modo si ustedes no se presentan delante de ella. 
Brüssel: ¿Ismael, que grosería la tuya? 
Ismael: Ninguna grosería… tú no vas a hablar ni con el abogado ni con el detective. 
Brüssel: Yo ya me siento mejor y hago todo lo que el médico me indica por lo tanto no me hará mal hablar con el detective y el abogado… Siéntense por favor —Les pedí— 
Abogado Henckels: Nuestra intención no es incomodar. Solo deseamos ponerlos al tanto de lo acontecido. 
Ismael: Mmm… pues entonces intenten ser breves y diríjanse solo a mí —Dijo sentándose junto a mi lado en el sofá— 
Brüssel: ¡Ismael, ya! ¿Nos traen noticias sobre lo acontecido en la segunda audiencia? 
Jeffrey Seeley: Efectivamente, señora Holbein, pero no hubo segunda audiencia. 
Brüssel: ¿No? ¿Eso por qué? 
Abogado Henckels: Porque la audiencia fue suspendida. Les explico… Para la segunda audiencia yo tenía previsto presentar los argumentos formulados y escritos para llamar al estrado a Magda Gypser, junto con la grabación de su confesión como prueba fundamental, sin embargo ella declinó. 
Brüssel: Há… Yo sabía que ella haría tal cosa y se lo advertí a usted abogado. Le dije que algo así podría suceder. 
Abogado Henckels: Sé que lo dijo, pero existe un motivo por el cual declinó. Uno realmente inesperado que alteró todos mis argumentos preparados para llamarla a declarar en la segunda audiencia. 
Brüssel: ¿Y qué motivo fue ese según Magda? 
Abogado Henckels: Lo de las confesiones dentro de la grabación no son del todo ciertas. 
Brüssel: ¡Por favor, abogado! ¿Es en serio? 
Ismael: ¿Cómo de que no son ciertas? —Vociferó levantándose del sofá— ¿Significa que esa maldita se atrevió a engañarme? 
Abogado Henckels: Permítame explicar por favor. La razón por la cual no podré presentar la prueba de la grabación con mis argumentos preparados es porque la señora Magda Gypser resultó también ser un agente infiltrado del CNI. 

EL PINTOR DE BRUSELAS ©®  
REGİSTRO: 2104027401678
@BRITZBERG BY GISSELLE MARTÍNEZ 




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