El Poder De Tu Aura

CAPÍTULO 28 VOLVER A CONFIAR EN LA VIDA

Hay momentos en los que la vida nos enseña a desconfiar.

Una decepción.

Una traición.

Una pérdida.

Una promesa que no se cumplió.

Una oportunidad que desapareció.

Una persona que se fue.

Un proyecto que fracasó.

Una enfermedad inesperada.

Una noticia que cambió nuestros planes.

Y después de algo así, una parte de nosotros comienza a decir:

“No vuelvas a confiar.”

Parece una buena estrategia.

Si no esperas demasiado, no te decepcionas.

Si no amas demasiado, no sufres tanto.

Si no sueñas demasiado, no duele tanto cuando no ocurre.

Si no confías, nadie puede sorprenderte.

Pero existe un problema:

cuando cerramos completamente la puerta al dolor, también cerramos la puerta a muchas de las cosas que hacen que la vida tenga sentido.

El amor necesita confianza.

La amistad necesita confianza.

Los proyectos necesitan confianza.

Los sueños necesitan confianza.

Incluso levantarte cada mañana implica una pequeña forma de confianza:

“Voy a comenzar este día aunque no sé exactamente qué traerá.”

Por eso, después de una decepción, el verdadero desafío no consiste en volver a confiar ciegamente.

Consiste en aprender a confiar con sabiduría.

LA HISTORIA DE ADRIANA: “NO QUIERO VOLVER A EQUIVOCARME”

Adriana tenía 56 años.

Después de treinta años de matrimonio, se había separado.

No solamente había terminado una relación.

También había terminado una versión de la vida que imaginaba para siempre.

Durante los primeros años posteriores a la separación, Adriana evitó cualquier relación cercana.

Cuando alguien intentaba acercarse, ella levantaba una barrera.

—No quiero volver a equivocarme.

Una amiga le preguntó:

—¿Y cómo sabrás si esta vez es diferente?

Adriana respondió:

—No lo sé.

—Entonces quizá no necesites confiar ciegamente.

—¿Qué quieres decir?

—Puedes confiar poco a poco.

Aquella frase se quedó con ella.

Porque Adriana había pensado que solamente existían dos opciones:

Confiar completamente.

O no confiar en absoluto.

Pero descubrió una tercera:

confiar gradualmente.

Observar.

Conocer.

Escuchar.

Ver cómo una persona trata a otros.

Ver si cumple lo que dice.

Observar cómo reacciona cuando algo sale mal.

Reconocer los límites.

Y, sobre todo, aprender a confiar primero en sí misma.

Con el tiempo comenzó una nueva relación.

No sabía cuánto duraría.

No tenía garantías.

Pero tampoco las necesitaba.

Había aprendido algo:

confiar no significa tener la certeza de que nunca sufrirás.

Significa saber que, si alguna vez vuelves a sufrir, no volverás a abandonarte.

LA PRIMERA PERSONA EN LA QUE NECESITAS CONFIAR ERES TÚ

Quizás esta sea una de las ideas más importantes de este capítulo.

Después de una decepción, solemos preguntarnos:

“¿Cómo puedo volver a confiar en los demás?”

Pero quizás la pregunta anterior sea:

“¿Cómo puedo volver a confiar en mí?”

Confiar en ti significa saber que puedes observar.

Que puedes decir que no.

Que puedes poner límites.

Que puedes pedir ayuda.

Que puedes retirarte.

Que puedes reconocer una señal de alarma.

Que puedes corregir una decisión.

Que puedes sobrevivir a una decepción.

Que puedes comenzar nuevamente.

Cuando recuperas esa confianza, ya no necesitas exigirle a nadie garantías absolutas.

Porque sabes que tú también estás presente.

LA HISTORIA DE HÉCTOR: EL NEGOCIO QUE FRACASÓ

Héctor tenía 49 años.

Había invertido sus ahorros en un pequeño negocio.

Durante dos años trabajó muchísimo.

Pero el proyecto fracasó.

Perdió dinero.

También perdió confianza.

Durante meses pensó:

“Soy un fracaso.”

Hasta que una noche su hija le dijo:

—Papá, una cosa es que el negocio haya fracasado. Otra cosa es que tú seas un fracaso.

La frase lo hizo pensar.

Había convertido un acontecimiento en una identidad.

Un proyecto había salido mal.

Pero él seguía siendo la misma persona que había trabajado, aprendido, intentado y cuidado de su familia.

Entonces comenzó a revisar qué había ocurrido.

No para castigarse.

Para aprender.

Descubrió errores.

Reconoció decisiones apresuradas.

Aprendió sobre administración.

Y meses después comenzó un proyecto mucho más pequeño.

Esta vez no buscó demostrar nada.

Quería hacerlo de manera diferente.

No sabía si funcionaría.

Pero había recuperado algo más importante que el dinero:

la confianza en su capacidad de volver a intentarlo.

LA VIDA NO FIRMA CONTRATOS

Una de las razones por las que nos cuesta confiar es que queremos garantías.

Queremos saber:

“¿Esto funcionará?”

“¿Esta persona se quedará?”

“¿Este proyecto tendrá éxito?”

“¿Este camino será el correcto?”

“¿No volveré a sufrir?”

Pero la vida no suele entregar garantías.

Podemos planificar.

Podemos ser prudentes.

Podemos informarnos.

Podemos prepararnos.

Podemos tomar buenas decisiones.

Y aun así, pueden ocurrir cosas inesperadas.

Eso no significa que debamos vivir con miedo.

Significa que necesitamos aceptar una verdad:

vivir siempre implica cierta incertidumbre.

La confianza madura no elimina esa incertidumbre.

Aprende a caminar con ella.

VOLVER A CONFIAR NO SIGNIFICA OLVIDAR

Hay personas que creen que para confiar nuevamente necesitan borrar lo que ocurrió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.