Su mayor su preocupación era la noche. O donde pasarla, mejor dicho. Tenía claro que lo primero que tendría que hacer era deshacerse de sus acompañantes, su compañía había sido medianamente grata durante el día, pero no tenía en mente poner a prueba su control durante la noche.
De hecho, había recibido miradas demasiado demostrativas de parte del señor Bread que la estaban inquietando desde hacía unas horas. Sí, no quería pasar la noche con ellos.
Así que, cuando el señor Loughty guio su atención hasta ella, se enderezo y mantuvo la cabeza en alto dispuesta a demostrar que ya no necesitaba su ayuda. Estaba más intimidada que nunca.
-¿Tiene usted un lugar donde pasar la noche, señorita Turner?-la pregunta sonó con la mayor de las curiosidades e irrumpió el silencio que se había instalado entre el pequeño grupo.
-Por supuesto que sí, en este preciso instante estaba pensando que ya era el momento de despedirme de ustedes y de agradecer su compañía-contesto tras unos segundos. Se oyó un carraspeo.
-Discúlpeme por la intromisión señorita, pero en sus conversaciones durante el trayecto que lleva usted formando parte de nuestro grupo de viaje, me pareció escuchar que usted no conocía Canterbury y, por lo tanto, no tenía conocidos aquí-Acacia sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Clavo su mirada en el señor Bread antes de contestar.
-Esas no fueron mis palabras exactas, señor Bread…
-Pero si fue lo que usted quiso expresar, ¿No es cierto?- no era una pregunta. Era una orden. Una orden que Acacia no estaba dispuesta a respetar, pero antes de que fuera capaz de dar una respuesta, el señor Loughty tomo la palabra.
-Bueno, no creo que sea momento de una discusión, ¿No?. De seguro que la señorita Turner está diciendo la verdad, estoy seguro que alguien con tan buen carácter no sería capaz de engañarnos, señor Bread-quizás fue el titulo próximo a tener o la manera tan firme en que hablo o tal vez la expresión de su rostro, pero a partir de ese momento, el señor Bread no emitió palabra alguna. Sin embargo, el señor Loughty continuo- De hecho, para tranquilidad mía y de mis amigos, estoy decidido a acompañar a la señorita Turner.
Acacia contuvo la respiración unos segundos, afianzo su agarre en las riendas de Rubí y con la mayor calma posible respondió:
-Le agradezco mucho, señor Loughty, pero me temo que es un gesto innecesario; yo soy capaz de continuar por mi cuenta.
-Disculpe si la incomodo, señorita, pero realmente me gustaría acompañarla pasa asegurarme que llegue a su destino sin pasar ningún mal rato- estaba más allá de lo intimidada y el señor Loughty no estaba dispuesto a ceder, se hacía evidente en su expresión.
Acacia hizo una leve inclinación con la cabeza en gesto afirmativo y se mantuvo callada mientras los caballeros le decían alguna frase de despedida llena de condescendencia para luego saludar a su acompañante con efusividad.
Su mente se aceleraba tratando de idear un plan lo suficientemente bueno para deshacerse del señor Loughty, pero nada de lo que se le ocurría resultaría bien. Estaba en desventaja de condiciones. Ella no tenía a quien recurrir, su fuerza era notoriamente menor, sus técnicas de defensa eran penosas, sabía que nadie la socorrería y exponer su magia solo empeoraría las cosas, sobre todo luego de haber cometido aquel error la noche anterior.
El aumento del frio comenzaba a hacerse evidente a través de sus extremidades frías, circulaba menos gente que a su llegada, pero se podía ver a varios hombres entrar y salir de las tabernas cuando creían que nadie los veía y sentía los pasos de Rubí con mayor pesadez.
Sus opciones eran casi inexistentes.
El silencio de la noche la estaba poniendo cada vez más nerviosa y la tensión se había hecho palpable, pero el caballero a su lado mostraba una calma envidiable e irritante a la misma vez.
-Estoy consciente, señorita Turner, de la incomodidad que tuvo que atravesar por las pequeñas insinuaciones, miradas y comentarios de mi querido amigo, el señor Bread-Acacia guardo silencio, así que el caballero volvió a hablar- Como también estoy consciente de que no fue usted sincera cuando dijo que tiene donde pasar la noche, simplemente quería evitar seguir en nuestra compañía- Loughty la miro de soslayo, sin embargo, seguía sin recibir respuesta alguna, por lo que prosiguió- Bien, pues, es cierto que mi amigo no suele ser muy decente en su trato hacia las damas…Y mucho menos con las que no son de su clase social-por tercera vez realizo una pausa esperando una respuesta que jamás llego; y continuo hablando-Supongo que, luego de darle un muy breve resumen sobre el trato de mi amigo hacia las mujeres, usted comprenderá mi deber moral de acompañarla el tiempo que falte para reencontrarse con su hermana-había perdido la cuenta de las veces que había pasado en el transcurso del día, pero Acacia comprendió otra vez que aquello no era una pregunta ni una sugerencia, era una orden.
Le estaba informando que la iba a acompañar. Y estaba dándole sus razones personales para hacerlo. Pero ella no confiaba en él. Y su repentino interés la estaba asustando hasta puntos inimaginables, que quizás fueran refutables.
La incertidumbre, el miedo y la cobardía eran tres cosas que Acacia no toleraba. Así que en el instante en el que reunió coraje, se enderezo y asintió con la cabeza. Quería demostrar que estaba segura, que no permitiría que le hicieran daño y que era más capaz de lo que mostraba.
Sujeto las riendas con fuerza a la vez que le daba una ligera mirada y un gesto de fingido agradecimiento a su acompañante. No sabía si le había creído…Ni siquiera estaba segura de que le creyera desde un principio, desde el bosque. Quizás todo eso era una trampa, no tenía fe en la bondad de los ricos; siempre querían algo a cambio.
Así que, o todo el buen trato hasta el momento fue un engaño o bien ya podía comenzar a entrar en pánico por los beneficios que quisiera tener el señor Loughty. Tal vez ambas teorías eran ciertas.