Jamás se le había pasado por la cabeza lo estimulante que sería estar a tan solo unos pasos y detrás de una puerta de quienes no debían descubrirla. Las voces se hacían cada vez más claras a medida que pasaban los segundos.
La conversación vacía y superficial sobre la gran mansión y todos sus lujos, el mismo tema de conversación que ya se había abordado más veces de la que podía contar en cuestión de dos días.
Era aburrido, insípido y sin carácter. Tanta formalidad la ponía odiosa.
La puerta de la biblioteca se abrió dejando paso a los dos hombres. Las frases eran casi completamente entendibles a través de la última puerta que se interponía entre ella y ellos.
EL armario reducido donde estaba escondida estaba lleno de tinteros, papel, juguetes viejos y libros infantiles. El tipo de libros que ningún adulto respetable querría ver en su gran biblioteca privada.
Había apagado la vela instintivamente desde que oyó el primer paso en la escalera, así que estaba en completa oscuridad; exceptuando el pequeño hilo de luz que se filtraba bajo la puerta.
El señor Sherman le dio al señor Loughty lo que pareció ser una eternidad de presentación de la habitación; dándole detalles de cualquier mueble que le pareciera interesante.
Presumía materiales, fabricantes y lugares a diestra y siniestra. Las respuestas del señor Loughty siempre se mantenían con un tono de cortes condescendencia.
Al cabo de un rato, las botellas de whisky hicieron eco al otro lado de la pared, la voz del señor Sherman resonaba a la misma distancia. Pero no fue eso lo que la impresiono, fue su pregunta lo que la dejo congelada en su lugar:
-Y dime, Kilian, ¿Qué es lo que te traes entre medio con esa jovencita Turner?-el silencio siguiendo sus palabras.
-No sé a lo que te refieres, James.
Kilian Loughty, al otro lado de la habitación y sin estar consciente de la presencia de Acacia, prestaba atención y miraba de manera cautelosa a su acompañante. Sabía que debía tener cuidado con respecto a lo que dijera frente a él.
Eran buenos amigos, pero eso no dejaba de lado a la personalidad de vieja sirvienta chismosa que tenía cuando de noticias escandalosas se trataba.
-Vamos, nos conocemos desde que éramos apenas unos niños, Kilian, no me hablaras en serio sobre un repentino interés por una evidente pobretona-murmuro el señor Sherman tomando asiento en el sofá individual frente a su amigo. Pudo vislumbrar una chispa en su mirada.
-La señorita Turner no es ninguna pobretona. Posee entereza, sinceridad y una gran modestia que le seria de ayuda a mucha de las jóvenes de nuestro entorno si tan solo poseyeran una parte de ella- su tono fue calmo, disimulando un hilo de molestia que se hizo evidente cuando apretó la mandíbula con evidente fuerza. Ese gesto no le pasó desapercibido al señor Sherman, así que planeo su siguiente frase con cautela.
-Lo lamento. Es solo que por años has evitado la…compañía femenina, y cuando menos me lo espero apareces de visita de paso en mi hogar con una hermosa joven de la que no nos has podido decir ni a Lauren ni a mí su procedencia o siquiera su nombre entero.
-Tienes razón, se merecen una explicación que no les puedo dar. Comprendo si quieras que nos marchemos, incluso esta misma noche- la expresión de sorpresa que puso el señor Sherman tomo desprevenido al señor Loughty, quien se irguió más en su sitio.
-Solo quiero comprender la situación por completo.
-No hay nada que entender. La encontré en el bosque. Dormida y temblando, creo que ella no era consciente de ello; me ofrecí a ayudarla por pura cortesía y educación, pero algo en ella me ha cautivado. Quizás sean sus formas reservadas y respetuosas, o las razones que motivan su viaje. Pero tengo un impulso, una corazonada; y quiero hacerle caso, James. Quiero saber porque tengo la necesidad de acompañarla. ¿Acaso eso está mal?-levanto la vista hacia su amigo, por primera vez desde que había confesado todo lo que rondo en su cabeza hasta el momento. El señor Sherman lo observo con suspicacia antes de levantarse y caminar hacia él; con la mano apoyada en el hombro del señor Loughty dijo:
-No creo que haya nada de malo en eso. Es impropio de ti, por supuesto, y no es una forma de actuar que tus padres aprobarían, pero sé que estas consciente de ello; no pretendo interrumpir tu viaje, Kilian- el mencionado sonrió con confianza y se levantó para quedar a la altura de su amigo. Ambos se estrecharon en un fuerte y fraternal abrazo.
Al otro lado de la habitación Acacia escuchaba con estupefacción y nerviosismo, un deje de ansiedad revoloteando alrededor. Sus puños estaban cerrados, sus ojos también. La inquietud subía por su garganta como acero derretido. Respiraba con dificultad y se paralizo de tal manera que el solo hecho de estar allí la desesperaba.
Las paredes la consumían. Las palabras “cautivado”, “corazonada” y “necesidad” hacían eco en su cabeza junto con su propia incomodes al pensar en compañía.
El señor Loughty quería acompañarla. El señor Kilian Loughty quería acompañarla. Estaba decidido a hacerlo. Había estado confiando en poder deshacerse de el en apenas unos días, su viaje estaba proyectado en solitario, quería seguridad. La seguridad de estar ella sola enfrentando sus problemas, la mínima seguridad de que, si viajaba tan lejos, lo haría sola. Pues esa seguridad ya no estaba, se había esfumado cuando entro en el armario y escucho una conversación que no debería haber escuchado.
La experiencia-propia y ajena- le habían anticipado el saber que no podía confiar en los muchachos. Era un pensamiento recurrente y detestado por otros, pero no por ella.
Se obligó a poner a un lado sus sentimientos e inseguridades y estiro su audición todo lo que pudo. Del otro lado solo había silencio, relajante silencio. Ya no sentía la presencia de nadie, era como si toda la angustia hubiera desaparecido ahora que estaba concentrada en alguien que había abandonado la habitación.