El poder en la oscuridad

Seis

-¿Señorita Acacia?.

Su propio nombre se repitió internamente como una maldición por primera vez.

Parada de espaldas a la intriga y la curiosidad, se olvidó como respirar y movió los ojos por las únicas partes de la habitación que podía vislumbrar sin moverse del sitio. En su mente buscaba una excusa, justificación o una razón perfecta como motivo para desacreditar la más probable acusación.

Antes de girarse puso aprueba el mismo conjuro que había pensado utilizar ese mismo día. La táctica y el procedimiento siendo el mismo, la voluntad siendo más fuerte.

En una milésima de segundo, los objetos en sus manos parecían no haber estado nunca, solo cuando estuvo segura de ello, se giró.

La imagen de la regordeta y amable sirvienta parada en la puerta de la habitación no la sorprendió ni un poco, tampoco le pasó desapercibido el camisón y el tapado que llevaba puesto, ni que le hubiera hablado por su nombre de pila.

Ocultando cualquier tipo de aflicción en su rostro, le sonrió con la boca cerrada y dijo:

-Buenas noches, señora, espero no haberla despertado. Me he despertado en el medio de la noche con un hambre atroz y me tome el atrevimiento de venir a buscar comida yo misma-pura inocencia brillaba en su voz, como la una niña que rompió un jarrón.

-No…No es una molestia, señorita, de echo recuerdo haber dejado una canasta con pan fresco para el desayuno-su vista se posó en la mesa ahora completamente vacía salvo por dos papas-Pero debo admitir que estoy envejeciendo, mi memoria no es la mejor. Ahora mismo le preparare algo, dígame que se le antoja comer, lo que sea-dijo comenzando a caminar hacia una mesa más pequeña.

Por primera vez distinguió lo que pensaba era mantequilla. Removida por la culpa y extasiada por la energía que se agitaba en su pecho, se decantó por hacer lo correcto y con un abrir y cerrar de ojos, la canasta de pan apareció justo a un lado de la caldera.

-Quizás solo una rodaja de pan con mantequilla, me gustaría comer eso si es posible-contesto.

-Me temo que no es posible, señorita, le he dicho recién que…-las palabras de la sirvienta quedaron suspendidas en el aire. Su mirada enfocada justo en la canasta de pan, con una recompostura rápida, le contesto a Acacia con una sonrisa- Enseguida se lo hago, señorita-Acacia asintió y movida por la curiosidad pregunto:

-¿Es molesto y entrometido de mi parte si pregunto que hace despierta a estas horas, señora?-la mujer no levanto la vista mientras buscaba un cuchillo para ponerse a trabajar, pero si respondió.

-El bebe de la casa se ha despertado-sonrió- Tiene un mal genio increíble y la señora Sherman no lo soporta, mucho menos por las noches, me ha enviado a calentar leche para calmarlo y lograr que se duerma.

Acacia decidió no responder y con el paso de los minutos se dedicó a mirar con detalle su entorno, incluso cuando la sirvienta le dejo un plato con tres rebanadas de pan con mantequilla a rebosar.

La calidez de la señora le hacía recordar a Inés. Tan maternal, llena de paciencia y con una expresión de amor natural; como si no le molestara encargarse de todo, como si cuidar de cada uno de los niños que encontrase fuera su sueño.

Además, eran tan perfeccionistas y dedicadas en su tarea sin emitir queja absoluta que daba miedo. Y tenían un corazón tan bondadoso que enternecía a cualquiera.

La familia Sherman tenía suerte de tener un servicio como el de aquella señora. Y Acacia tenia suerte de haber tenido una infancia rodeada del amor de Inés. El recuerdo de ella misma alimentando y cuidando a Cecily cuando era una beba la invadió y la lleno de ternura a la vez.

En el tiempo que llevaba en la mansión no había podido comprender porque la señora Sherman era tan fría y distante con sus hijos. Ella misma sin tener hijos tenia tal instinto protector y maternal como para cuidar de todos sus hermanos menores sin rencor.

Ayudar a Inés nunca había sido un problema para ella.

-¿Le molestaría si me quedara con usted mientras calma al bebe de la señora Sherman?-pregunto incluso sin darse cuenta, la comodidad fue tal que la sintió como una vieja rutina. La señora la miro apacible y escéptica a la vez, pero en lugar de negarle la petición, acepto con deliberación.

-Claro, solo déjeme poner la leche en el biberón-en un instante la acción estaba hecha y la señora estaba preparada para encaminarse hacia la habitación del bebe con Acacia siguiéndole los pasos.

El falso ambiente familiar era tan reconfortante que la asustaba.

A medida que la distancia se había impuesto con su grandeza entre ella y el hogar donde se crio, le había hecho notar cada vez más los defectos de aquel lugar, siendo cada vez más objetiva, le daba miedo sentir tanto apego hacia un ambiente tan inhóspito.

El pequeño rencor que se hacía un hueco en su corazón no opacaba al amor y agradecimiento que abundaban en este, y los defectos no hacían sino aumentar el aprecio por el amor verdadero y cálido que sentían por ella al menos tres personas de esa casa.

Y sin importar las contradicciones que tuviera en sus sentimientos, sabría que nunca dejaría de amar a su gente, su pueblo.

Se sentía afortunada. Había sido testigo de la crueldad de las personas ante un niño huérfano, en su pueblo originario y en el actual. La misma señora que le había preparado unas rebanadas de pan con mantequilla también le había cerrado la puerta en la cara a un niño conocido entre las casas más cercanas por sus padres haber sido víctimas de una terrible muerte por agua contaminada.

Ese mismo trato había recibido Ismelda Shepard tras la muerte de sus padres a los once años y con su hermanito, Reginald, en brazos fue testigo de la crueldad en persona. Eso fue solo dos años antes de morir por la brutal golpiza de un borracho del pueblo. Por suerte, su hermanito no tuvo la misma fortuna, ya que dos viajeros se compadecieron de el tras conocer la historia y se lo llevaron con ellos, nadie supo más sobre él.



#2073 en Fantasía
#417 en Magia

En el texto hay: romance, brujas, gemelasmagia

Editado: 22.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.