El poder en la oscuridad

Siete

Las primeras horas de viaje no fueron malas, hasta podría decirse que Acacia disfruto los momentos de compañía en silencio.

Se había cuestionado, preguntado, reprochado y considerado todas y cada una de las opciones que tenía con respecto al destino del señor Loughty, pero ninguna le había gustado.

Lo cierto es que no se le olvidaba con quien estaba; no olvidaba quien era el señor Loughty ni su importancia.

Y tampoco entendía. No entendía porque una persona tan notable y sofisticada tendría interés de estar con alguien como ella alrededor, mucho menos entendía porque se empeñaba en acompañarla durante ese viaje.

En su cabeza rondaba la conversación que había escuchado sin permiso, pero eso no explicaba nada. Todavía no olvidaba sus palabras; se habían quedado grabadas en su cabeza.

La señorita Turner no es ninguna pobretona”, ¿Qué no era una pobretona? ¡Claro que lo era!¡Por eso mismo la encontró temblando en un bosque!.

Algo en ella me ha cautivado”, ¡La lastima lo había cautivado!; quizás era eso, quizás su condición era todavía más penosa de lo que creía y por eso le había generado suficiente lastima como para acompañarla y darle un lugar donde dormir. O quizás intentaba redimirse por alguna mala acción que había hecho antes de conocerla y su forma de sentirse bien consigo mismo era ayudándola.

Tengo la necesidad de acompañarla”, ¿Necesidad de acompañarla?¿Es que acaso sufriría alguna consecuencia por no acompañarla?¿Por no compadecerse?

No entendía, no lo comprendía y eso le ponía los nervios de punta. Y eso estaba teniendo repercusiones. Era consciente que por momentos se levantaba una ventisca demasiado repentina para que fuera obra del clima y que durante a ratos podía notar como se derretía nieve bajo los pies de Rubí, se derretía.

Intentaba controlarse cuando eso pasaba y se reprendía mentalmente por perder el control y pensar demasiado.

Atravesaron cuatro pueblos, uno más pequeño que el otro y todos con una monotonía que hacia parecerlos sin vida. El señor Loughty aprovecho durante las cuatro ocasiones para conseguir un poco de vino y algo que comer, para ambos. Porque, aunque Acacia se negó a permitir que el la abasteciera, Kilian guardo sobras para ella de igual manera.

Para el atardecer el sol había alcanzado su punto máximo de calor, y no les había servido de nada. El frio era insoportable, las extremidades de ambos estaban dormidas, pero Kilian castañeaba. Acacia podía escuchar el chocar de sus dientes por el silencio que los envolvía y no podía dejar de pensar que era porque el nunca habría tenido que pasar tanto frio en su vida, no como ella, pero no dijo nada, le parecía que al señor Loughty le gustaba tener una apariencia fuerte; reconocer que no soportaba el frio tan bien como ella lo hacía no sería un signo de fortaleza para un hombre tan joven.

-¿Sabe, señorita? Creo que es el omento de detenernos y preparar el campamento para pasar la noche-hablo tras varias horas, su mirada estaba clavada en el ocaso.

-Estamos en un descampado, señor Loughty- Acacia contesto como si no pudiera creer lo que estaba escuchando-Nada amortiguara el viento helado si acampamos aquí- Kilian pareció considerarlo por un momento con la cabeza gacha.

-No creo poder seguir exigiendo tanto a Galán-la mirada que Acacia le dirigió le dejo en claro que no comprendió de lo que hablaba, así que aclaro- Galán es mi caballo, ha estado casi sin descansar en todo el día y, francamente, su yegua parece no estar en buenas condiciones.

No. No estaba en buenas condiciones, no había conseguido comer ni beber casi nada.

-Pues tiene razón, señor, pero personalmente creo que acampar en un lugar descampado será contraproducente incluso para ellos, ya que nosotros estaremos cubiertos de la ventisca, pero ellos no-una vez más, Kilian tardo en contestar.

-Supongo que podríamos continuar hasta llegar a la pequeña arboleda de allí-dijo apuntando a su izquierda, donde se veía un montón pequeño de árboles a la distancia.

Acacia asintió en modo afirmativo y tiro de las riendas de Rubí para dirigirse hasta allí. El viento comenzaba a levantarse y la temperatura a descender, tan rápido que se hacía imperceptible de alguna forma.

Todo indicaba que aquella iba a ser una noche complicada. En el transcurso hasta la arboleda el viento se hizo más frio, la nieve caía con intensidad, Rubí daba pequeños rezonguidos, sus extremidades estaban entumecidas y ahora en vez de calentarse por los nervios, parecía que la nieve caía más densa sobre ella.

El señor Loughty por su parte parecía estar absorto en sus pensamientos, no emitía palabra alguna, y si lo hubiera hecho, no se lo habría escuchado porque el sonido de ambiente era cada vez más fuerte entre las pisadas, las quejas de ambos caballos y la nieve intensa.

Y entre todo ese barbullo y el correr de las malas yerbas tan altas, llegaron a una espesa y húmeda arboleda, donde se sentía el aire denso, el correr del viento se apagaba con los árboles, pero se sentía todo tan asfixiante que no se resistía, como si hubiera algo negativo allí, ahí si se podía escuchar hasta el más minino ruido con el silencia que había y parecía que no se pudiera prender ni una pequeña llama para calentarse…E iluminar, porque llegaron cuando había anochecido.

-¿Sabe señorita? Este sitio no me gusta en lo absoluto-murmuro Kilian luego de lo que parecía una eternidad.

-Sí, no me gustaría adentrarme mucho por aquí, por lo menos no cuando el cielo este así de oscuro.

-¿Qué le parece si regresamos al principio de la arboleda y acampamos alli?-Acacia lo considero y Kilian prosiguió- De esa forma no dormiríamos completamente expuestos al frio y tampoco estaríamos rodeados de un aire tan denso.

-Me parece la mejor opción, señor.

No hizo falta más que una mirada rápida por parte del señor Loughty para saber que la había escuchado.



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En el texto hay: romance, brujas, gemelasmagia

Editado: 22.04.2026

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