El poder en la oscuridad

Ocho

El despertar fue suave esta vez. La luz no impactaba directo a sus ojos, el frio estaba apaciguado por las mantas que ocupaban el rol de carpa, no se escuchaban los ruidos de las aves –salvo una o dos de diferente especie- pues con aquellos climas no era habitual que hicieran acto de presencia.

Kilian no estaba en el refugio. Había tardado varios segundos en percatarse de ello.

La alarma en ella estaba apaciguada, por alguna razón desconocida; no confiaba en él, pero tampoco desconfiaba de él, que no estuviese apenas se despertase no significaba nada. Después de todo, ya había demostrado varias veces que su día comenzaba antes que el de ella.

Podria haber salido a dar un paseo; quizás a conseguir comida. Alguna ardilla podía rondar cerca de ellos.

Sin embargo, decidió que era momento de levantarse y comprobar sus pensamientos, pero se llevó un susto de muerte al encontrarse de frente con la imagen de Kilian sentado a un lado de Rubí y su caballo, ambos caballos acostados y relajados en el suelo con una fogata a su lado. Ya no nevaba. Kilian levanto la mirada hacia ella.

-Buen día, Acacia-saludo con voz ronca, parecía recian haberse levantado.

-Buen dia. ¿Hace mucho tiempo se ha despertado?.

-De hecho, no, estaba esperando a que usted se despertara para seguir el viaje, pero he creído que Rubí y Galán precisaban un poco de calor, comida y tranquilidad. Los viajes largos y el barullo también son estresante para ellos- Acacia no cabía en sí.

Jamás había pensado que cabía la posibilidad de que el primer hijo de un Duque, sin carencia alguna, sin necesidad de preocuparse por nadie más que por él, se preocupara tanto por un animal; incluso más que ella.

Pero ahí estaba el. Kilian con una expresión de absoluta paz acariciando a los dos caballos sobre exigidos sin ninguna intención de levantarse. Su expresión libre de cualquier indicio de engaño ni falsedad.

Aquel hombre, importante como varios, considerado como muy pocos, no dejaba de sorprenderla.

-Eso es muy considerado de su parte, Kilian. Jamás había escuchado ni pensado sobre el estrés de animales- Acacia pudo ver como una sonrisa bailaba en sus labios.

-Porque nadie lo dice, yo creo que es así, veo a Galán más que como un simple caballo, lo cuido como una persona más…Mi padre dice que es una ridícula pérdida de tiempo-murmura.

-¿De verdad?-pregunto Acacia. Se arrepintió casi al instante; ¿Por qué habría de cuestionar al señor Loughty?.

Esta vez, vio el asomo de una sonrisa irónica.

-Por supuesto. Es un hombre cariñoso pero distante, cree en las responsabilidades, pero no en los pasatiempos; su preocupación no se extiende a cosas vanales, solo es válida para la familia y los negocios. Así que, para él, mi interés en Galán es una completa y absoluta pérdida de tiempo valioso-la miro a los ojos con tal intensidad que Acacia movió su peso a su otra pierna como una forma de aminorar la tensión en ella.

Por centésima se debatió entre varias respuestas; la respuesta amable, la comprensiva, la humilde, la exasperada…Miles de respuestas paseando por su mente, y al final lo único que dijo fue:

-¿Galán?-una sonrisa escondiéndose dentro de ella. Eso pareció renovar un poco de energía en Kilian, pues enseguida dibujo una sonrisa en su rostro.

-¿Acaso no lo ha visto? Es todo un Galán, se merece el nombre.

Acacia no pudo evitar reír.

-¿Le parece entonces, Kilian, que emprendamos el viaje? Por supuesto, si cree que Rubí y Galán han descansado lo suficiente.

El último tramo hasta Londres fue el más complicado, todavía faltaba para llegar a la capital, pero primero debían atravesar una pequeña aldea. Una persona con lógica creería que, incluso siendo pequeña, sería una aldea linda por estar al borde de la capital de Inglaterra.

Pues no, no lo era.

Era una aldea descuidada, con solo seis chozas y varias personas que parecían vivir en las barrosas calles. No había un atisbo de felicidad en aquel lugar, se notaba a leguas el cansancio de la gente, la carencia era aún más evidente. Acacia no daba crédito a lo que sus ojos veían.

El terreno era irregular y poco seguro, por primera vez sintió un resbalón por parte de Rubí que la dejo casi temblando. Los cambios en la energía se sentían sin mucho esfuerzo. Incluso la persona más escéptica a ellas podía notarlo.

Y, por mucho que le gustara negarlo, los sentimientos y las situaciones tan aberrantes de aquel lugar la estaban ayudando a revitalizarse mucho más que el desayuno que le había regalado Kilian tan solo unos días atrás.

La sensación de plenitud no cabía en ella.

Y eso le parecía nefasto.

Le parecía nefasto sentirse bien con el sufrimiento de las personas, con el dolor, con la carencia, con la envidia que destilaba la mirada de las personas al pasar por delante de ellos.

Se sentía observada e insegura, mil miedos atravesaban su mente solo por el hecho de que no conocía aquel lugar, pero la familiaridad con la que reconocía escenarios así era impresionante.

Claro que en su hogar nunca se había…Sufrido tanto.

Kilian por su parte parecía incómodo, tenía una expresión imparcial y glacial que hacia parecer que ya había hecho ese recorrido antes, como si ya conociera el lugar, pero no se sintiera en su ambiente.

Por supuesto que estaba fuera de su ambiente. Es probable que, si su padre estuviese al cargo de Kent, no fuera el quien visitara los aposentos, ni las chozas, ni los mercados, ni nada de aquel lugar.

Probablemente no tenía ni idea de cómo eran los mercados.

Sin embargo, el paso por ahí fue de apenas unos minutos, y habría sido más corto de no ser por la inestabilidad del terreno. En tan solo unos instantes ambos estaban fuera de la aldea e intercambiando miradas significativas, y, aunque a Acacia le hubiera gustado negarlo, pudo ver la pena en los ojos de Kilian.

Después de todo, en ningún momento le había mostrado ser un hombre frio, sus expresiones allí habían sido una máscara.



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En el texto hay: romance, brujas, gemelasmagia

Editado: 28.04.2026

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