El chillido de la que Acacia reconoció como la señorita Dashwood rompió el hechizo casi al instante…Casi al instante porque Acacia se apartó, pero Kilian se quedó en el mismo lugar y giro la cabeza lentamente hacia la chica que interrumpió el momento.
La miro como si quisiera aniquilarla por un momento.
-¿Si, Rosalie?-pregunto con falsa tranquilidad; ya había usado ese tono antes, cuando se molestaba.
-La tía Ruth pregunta porque tardan tanto, aunque ya veo…¿Podríamos hablar un momento? A solas-aunque la rabia en la voz de la señorita DAshwood era más que evidente incluso para Acacia, que apenas la conocía, Kilian la paso por alto.
-Por el momento no, primero quiero asegurarme que la señorita Turner y la tia Ruth se conozcan y asegurarme de que la señorita Turner tenga un asilo tranquilo y cómodo para ella.
-Pero…
-Además, hemos tenido un viaje demasiado largo y estamos hambrientos-la respuesta de Kilian fue determinante y la señorita Dashwood ya no intento hablar otra vez.
La señorita Dashwood giro sobre sus talones sin un ápice de propiedad-tal cual cuando abrazo a Kilian- y se fue con rapidez por donde vino, toda su postura, palabras y actitudes gritaban enojo.
Aunque Kilian no parecía darle ni siquiera un poco de importancia a la rabieta de la señorita Dashwood; Acacia se sintió más que incomoda. No la intimidaba, ciertamente, no sabía la edad de la muchacha, pero aquella no aparentaba más de unos quince años, con suerte.
Sin embargo, tampoco podía dejar de notar las reacciones…Efusivas, que revelaba en base a Kilian, ni el disgusto que la mera presencia de Acacia provocaba en la señorita, pues era más que evidente para ella.
Bueno, quizás también lo era para Kilian. Pero si ese era el caso, no lo hacía notar.
Bueno, sopesándolo mejor, si parecía mostrar indicios de que lo notaba. Tal vez, la breve explicación de sus rasgos personales destacados significaba que lo notaba, o tal vez, simplemente quería defenderla porque era su prima.
¿Era su prima? Él le había dicho que buscara a su tía Ruth. ¡Santo cielo! Quizas hasta podría ser una de sus hermanas y ser la favorita de su tia. Toda la situación era un desastre.
Todo era un desastre.
Toda ella, incluidas emociones, pensamientos y apariencia era un desastre. Por todos los cielos, hacía días estaba viajando, seguro que las cosas que había dicho la señorita Dashwood sobre su apariencia eran verdad.
-Sera mejor que sigamos a Rosalie…Si no queremos que mi tía ponga vigilantes en nuestras puertas-Acacia se abstuvo de cualquier comentario porque sabía perfectamente lo que Kilian había querido decir.
No sabía si él era consciente de que ella no era una joven inocente como las que el de seguro conocía; pero si así lo pensaba, Acacia no iba a decir nada para evitarlo. No quería que la considerara aún más indigna por saber tales cosas antes del matrimonio.
El silencio de la noche era sepulcral, al igual que el frio, la nieve se extendía por todas partes y se acumulaba en los techos, se podía ver desde lejos la cantidad de nieve acumulada en el techo de la mansión Loughty, parecía a punto de caer.
Sabía que ella no tenía muchas virtudes, pero tenía una cualidad de la que podía presumir si quería…Y era aquella, la facilidad de perderse en sus pensamientos, en lo que observaba, en lo que sentía.
Sentía con pasión, con fuerza y pureza. Y eran las pequeñas cosas que despertaban eso en ella, el observar los pájaros en la primavera, las hojas en otoño y la nieve en invierno. Toda naturaleza era capaz de despistarla siempre. Creaba su mundo, su ideal, eso era. Esa era su cualidad.
Eran esos instantes los que consideraba puros. Esos instantes en los que después de una situación incómoda, íntima y arrasadora para cada nervio dentro de ella; era capaz de encontrar paz en su mundo.
En su conexión.
Quizás no era lo que debería pasar, ni cómo debería reaccionar, pero le gustaba. Jamás escapaba de ningún deber, ni enfrentamientos, pero ese era su escape.
Y le gustaba.
Pero no estaba bien, no en ese momento. Y, si bien no era ella quien pretendía empezar la conversación, estaba esperando que Kilian lo hiciese. Pero no fue así.
Tanto tiempo pasando en sus cavilaciones no la habían dejado percatarse de cuan cerca estaban de la mansión; si Kilian hubiese querido hablar, ya lo habría hecho, pues sino, estando tan cerca, corrían el riesgo de que los escuchasen. Bueno, quizás, con lo que la señorita Dashwood había presenciado, ya no era importante que los oyeran.
Apenas eran unos minutos, pero el silencio era tan abrasador que podía llegar a sentirse asfixiante…Y reconfortante. Unos segundos reconfortantes antes de entrar a una mansión que no lo era…
Era frio. Era un lugar frio. Y no porque estaban en el medio de una helada, sino porque lo era; las emociones allí se sentían frías. Se sentía un lugar tan poco personal, tan poco acogedor que parecía una ilusión.
De hecho, parecía una ilusión para ella que Kilian no lo hubiese notado.
O Rosalie, que parecía tan…Emocional.
Pues, no era así. Todo era frio y parecía decorado con excelente y determinada exactitud, todo como si estuviera calculado.
Exactamente como lo era la tía Ruth, la señora Ruth Loughty. La dueña viuda de la casa. Tenía un aspecto imperturbable, postura frívola y un semblante desesperantemente inexpresivo y analítico, sin contar la mirada despectiva que parecía llevar en todo momento.
Estaba claro quién era el ejemplo de personalidad para Rosalie.
La hospitalidad allí tampoco fue un rayo de sol. Kilian durmió en una habitación de lujo, por supuesto, era de suponer. Pero Acacia no; y aunque Kilian peleo con uñas y dientes, el cuarto Acacia fue un pequeño dormitorio en el ala de los sirvientes, tan pequeño como para apenas darse la vuelta.
Si aquello no era una declaración de evidente disgusto y desprecio contra ella, no sabía que lo era.