El poder en la oscuridad

Once

No había logrado descansar nada. Los acontecimientos de la noche anterior durante la cena y el sueño que la había desconcertado durante la madrugada la dejaron dormir apenas unos minutos. Se quedó durante horas esperando para poder levantarse de la cama y tener el buen desayuno que esperaba.

Con parsimonia se vistió y estiro la cama. Había acomodado con tranquilidad todas sus pertenencias sobre el baúl al final de la cama con una bolsa a su lado, lista para llevar si es que algo sucedía.

Casi choco con la sirvienta al salir de su habitación; los pasillos en esa parte del pasillo no eran amplios ni lujosos, solo sencillos.

-Señorita Turner, el desayuno está servido- le dijo la mujer con una inclinación de cabeza. Acacia le respondió de la misma manera.

Camino por los metros de pasillo con tranquilidad y atravesó dos salas antes de llegar al comedor, descubrió que era la primera en presentarse. Tomo su lugar habitual y espero a que los otros tres residentes llegasen.

Nadie probaba bocado sin que la señora Loughty lo hiciese primero.

Hacía años que sabía de la existencia de los relojes porque había escuchado hablar de ellos a los sirvientes de las casas más importantes de su pueblo. Pero jamás los había comprendido, no había tenido la oportunidad; así que no sabía la hora específica, ni cuanto habían tardado la señora Loughty, la señorita Dashwood y Kilian.

La habitación estaba sumida en un silencio sepulcral.

-Señor Loughty, Señorita Turner…La señorita Dashwood y yo creemos que ya han tomado el descanso que necesitaban-dijo la señora Loughty mientras se limpiaba la boca con un pañuelo verde.

Kilian tardo unos segundos demás en contestar.

-La sutileza ha sido tu fuerte desde que tengo memoria, tía- murmuró en respuesta-La señorita Turner y yo nos habremos ido para el mediodía.

Acacia no estaba enojada, después de todo, se esperaba que la echasen, lo que no esperaba era que Kilian se fuera con ella. Le molestaba que la señora Loughty tratase a su sobrino de esa manera y más aún porque era un hombre maravilloso y más amable de lo que le gustaría admitir, por lo menos con ella lo era.

Se merecía mucho más que una tía imponente que le refregara a su protegida caprichosa y egoísta por las narices. Mucho menos se merecía que ese par lo echase de aquella forma.

Pero el parecía aliviado en lugar de molesto.

Y es que lo estaba. Había estado preocupado por las actitudes que tenían su tía y Rosalie con Acacia; sabía que Acacia se mantendría callada, lo primero que había notado de ella era su carácter dócil y respetuoso, sabía qué lugar ocupaba en el mundo; pero hasta la persona más tranquila e inocente podía cansarse ante tantos comentarios maliciosos. Ya lo había presenciado.

Kilian no había mentido al decir que para el mediodía ya no estarían en la mansión, pues cuando apenas habían terminado de desayunar, se retiró para empacar sus pertenencias y unos minutos después ingreso la sirvienta al salón para informarle a Acacia que el señor Loughty estaba preparado y que solo la esperaba a ella para partir.

Acacia temía haber demostrado demasiado entusiasmo porque era de mala educación, pero quería salir de allí cuanto antes; las satisfacciones que generaban sus comodidades no valían la incomodidad que sufrían ella y Kilian.

La señora Loughty y la señorita Dashwood no se molestaron en despedirse de ellos; Rosalie alego que tenía cita con la modista y la señora Loughty ni siquiera intento disfrazar su desinterés.

Acacia no sabía cómo eran los modales en la alta sociedad, pero sabía que aquellos no eran buenos modales incluso para un campesino. Incluso sus anteriores anfitriones habían sido mejores.

El frio era devastador ese día. Nevaba más que cualquiera de los días previos dejándoles la ropa húmeda y había ráfagas de viento helado que hacían que se les congelasen las manos, la cara y los pies. Era la primera vez que Kilian veía a Londres tan vacío, las calles de Londres siempre solían estar llenas de personas en el mercado, pero ese día ni siquiera había puestos. Era la exacta definición de una helada.

El cielo estaba completamente gris.

-Señorita…Acacia, no creo que seamos capaces de resistir el ritmo del tiempo, a este paso nos congelaremos antes de abandonar Londres-murmuro Kilian, el ambiente estaba tan silencioso que Acacia lo escucho sin problema alguno.

-Ciertamente, coincido con usted; me duelen las extremidades y me duele pensar lo mucho que debe estar sufriendo Rubí-fue una respuesta sincera y real, no sabía si Rubí estaba preparada para caminar en esas condiciones.

-Si me permite, hay una posada a tan solo unos negocios de aquí; es confiable, he dormido allí, no es la primera vez que mi tía me hecha, señorita-la confesión de Kilian permitió que Acacia comprendiera porque él no estaba molesto, estaba acostumbrado a ese tipo de tratos.

-Confió en usted, Kilian, pero no puedo pagar una habitación en una posada.

-Ya lo sé, señorita, no estaba insinuando que pagase nada, conozco su situación financiera-la ligereza en la voz de él la hizo girar la cabeza bruscamente- Yo lo pagare. Quiero acompañarla en su viaje, ya se lo he dicho antes.

-No es necesario que lo haga, señor, usted no es responsable mí-fue una respuesta más formal que le había dado en días porque ya no sentía la necesidad de serlo; pero en ese momento necesitaba las formalidades, necesitaba una distancia entre ellos.

-Acacia, con todo respeto, no creo que el tema principal sea su situación económica, sino el hecho de que estamos en medio del invierno viviendo probablemente una de las peores heladas que ha azotado Londres; le confieso que he estado temiendo que se creen ráfagas aún más grandes y, si me lo permite, hemos llegado.

Se quedó con las palabras en la boca. En primer lugar, porque no podía contradecir que estaban en una terrible helada y que no creía poder soportar el frio; en segundo lugar, porque no se atrevía a enfrentarlo aun; en tercer lugar, porque, aunque no le gustase admitirlo, era verdad que Kilian había logrado hacer el viaje más ameno y llevadero y la había salvado de quien sabe que barbaridades podían ocurrir en las ciudades cuando estaba sola y era de noche; en cuarto lugar, porque no quería contradecirlo.



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En el texto hay: romance, brujas, gemelasmagia

Editado: 09.08.2026

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